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martes, 26 de noviembre de 2013

La pregunta de Charles Darwin

Atacama: Charles Darwin exploró el desierto de Atacama. Aquí, las notas de su diario de viaje precedido por un par de documentos coloniales potosinos que arrojan luces sobre la teoría de un cambio climático que explicaría la desaparición de la civilización inca en el área. 


1.- DIEGO HUALPA (1572)

"Y procediendo este yanacona Gualpa en su confisión de lo que era y vido en aquel tiempo en el cerro de Potosí, dijo que junto a la corona del cerro estaban en aquel tiempo como diez o doce árboles de quínua grandes, entre los cuales estaban camas de leones desta tierra, y en todo el cerro por ninguna parte dél había más montaña hasta bajar a lo que hoy es ranchería de indios y pueblo despañoles, que en estos lugares había mucha cantidad de arboleda que se dice quínua, de la cual me mostró este dicho indio Gualpa un palo grueso que tenía en su casa, que era de los de aquel tiempo. He querido decir esta particularidad, porque hoy no se hallará en toda la redondez del cerro ni en todo lo poblado de Potosí un árbol ni apenas otra cosa que le parezca, por estar ya muy trillado ansí de indios como de españoles." (Relación del Cerro de Potosí y su descubrimiento, firmado en Potosí el 31de diciembre, 1572, por )


2.- JUAN LOZANO MACHUCA (1582)

"Habrá diez años, poco más o menos, que en el repartimiento de los Lipes, questá en la Corona real, como cincuenta leguas desta villa, se descubrieron muchas minas de plata y se comenzaron a registrar con mucha furia, y de la misma manera se dejaron de proseguir y labrar; y así se quedaron por entonces, diciendo ser la tierra mala y despoblada;"

[...]
"Demás de los cuatro mill indios referidos, había en este repartimiento otros mill indios uros, gente pobre que no siembran no cogen y se sustentan de caza de guanacos y vicuñas, y de pescado y de raíces que hay en ciénagas, que llaman coroma; y con éstos se hacen pobres los cuatro mill aymaraes, porque siendo gente rica de ganados de la tierra y que cojen y siembran, y tienen contrataciones y rescates en esta villa de Potosí, Tarapacá y Atacama, y que funden muchos metales que sacan de las minas, se excusan de pagar tributo a S.M. a título de pobres, como los mill indios uros, que lo son verdaderamente, y podrían pagar muy descansadamente a S.M. cada un año doce mill pesos ensayados de tasa; y esto claramente se ha visto y entendido y se ve cada día; y lo principal a que fue Pedro Sande, por orden mía,fue a hacer esta averiguación, verificación y pesquisa de raíz, como lo ha hecho, con los mimso indios y por vista de ojos. Y asimismo me significa lo mucho que conviene al servicio de dios Nuestro Señor y al de S.M., el reducir todos estos indios en dos o tres pueblos, donde tengan comodidad de tierras y sementeras, y dotrina bastante.

"Demás desto me ha advertido que los caciques lipes, como gente de más razón [61] y entendimiento que los demás indios, se sirven y aprovechan de los indios y los ocultan y aun venden unos a otros y cobran dellos la tasa, y se aprovechan della, y no la meten en la Caja real, y los propios indios se quejan desto.

"Y ansimismo dice hay otros indios confinan con lo indios de guerra de Omaguacas y Casavindo, y tienen trato y comercio con estos lipes, los cuales están neutrales, que no son de paz ni de guerra, y entran en Potosí con nombre de indios lipes y atacamas con ganados y otras cosas de venta y rescate, y se podrían con facilidad allanar y reducir a nuestra Santa F Católica, y serían de mucho provecho, por estar cerca del cerro de Escala, y pagarían tasa a S.M., que será de mucho interés.
"En el distrito de los Lipes hay otras muchas vetas de plata, cobre y plomo para artillería y munición, y salitre en cantidad para pólvora, de lo cual todo se puede sacar y hacer mucha suma para el servicio de S.M. y provisión deste reyno, por estar en parte y tierra tan cómoda para ello de leña, carbón y otros materiales, y aparejo para llevarlo a los puertos donde V.E. viere que conviene más al real servicio.
"Asimismo, en todo el distrito de los Lipes, en las casa y rancherías de los indios hay hornillas de fundir y afinar plata y muchas guairas en los cerros, y todos en general se ocupan en beneficiar y sacar plata, y no se sabe de las vetas de donde se saca, lo cual se sabría con facilidad si la dicha tierra se poblase y hollase de españoles.

"Estos indios son extremadamente viciosos en comer coca y tienen de gasto ordinario della cada año más de diez mill pesos ensayados; porque todo el rescate que tienen en esta villa de Potosí es llevar coca solamente a su tierra, aunque es gente que no se emborracha ni acostumbran a beber chicha, por no ser la tierra dispuesta ni aparejada para dar maíz.

[...]
"El valle de Atacama está de los Lipes 40 leguas; son indios encomendados a Juan Velázquez Altamirano, vecino de La Plata, y si V.E. acomodase en otra cosa al Juan Velázquez, de lo cual él holgaría de buena gana, porque no le dan de provecho más que mill pesos mal pagados cada año, se podrían poner estos indios atacamas en la Corona real y reducirse en uno o dos pueblos, que serán hasta dos mill indios; demás del tributo que darían a S.M., se podrían labrar muchas minas de cobre que hay en aquella comarca, en especial en el mismo puerto de Atacama, a la lengua del agua y partes donde con sinceles se podrá cortar el cobre fino, como V.E. o verá por la muestra que lleva Diego Enrique
"En la ensenada de Atacama, ques donde está el puerto, hay cuatrocientos indios pescadores uros, que no son bautizados ni reducidos ni sirven a nadie, aunque a los caciques de Atacama dan pescado en señal de reconocimiento. Es gente muy bruta, no siembran ni cojen y susténtanse de sólo pescado, y están juntos a esta veta del cobre, y así con estos indios y con los atacamas se podría labrar esta veta y sería de gran provecho a S.M. por estar junto al puerto y poderse llevar cobre por todo el reino y a España por el Estrecho (1). En este puerto es donde dió
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(1) Procedente de estas minas existe en el gabinete de Historia Natural de Madrid un enorme grano de cobre nativo y en parte cristalizado. Pesa algunos quintales y fue obsequio del cónsul de España en Cobija, señor Insausti, a la comisión de naturalistas españoles que viajó por América durante los años de 1862 a 1865. [Nota de Marcos Jiménez de la Espada, editor de la carta de Lozano en Relaciones geográdica de Indias, Madrid 1967.]
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carena a su navío e hizo su lancha el inglés Francisco [Drake], por ser de los mejores puertos que esta mar tiene. Será esta ensenada de veinte leguas, y en ella se ofrece Pedro Sande a que se cojerá mucho ámbar, que ahora se la comen los pajaros, y dará para ello industria.
"Podríase compeler a los indios de Atacama que diesen mantenimientos a estos indios que allí trabajasen, tasándolos a moderados precios, conforme a la dispusición de la tierra, atento que no tienen saca dellos a ninguna parte, y tasando los jornales de los indios conforme a esto, porque de otra manera no se podrá conseguir este buen efeto.
"Y desta manera se podrá dar en muchas minas de oro y plata y otros metales, porque los hay en la tierra; y es fama común que los caciques principales las tienen oculto (así), a fin de que los españoles no les entren en sus tierras y porque el Diablo se lo aconseja; y para esto sería necesario tener siempre en Potosí o en la ciudad de La Plata dos o tres caciques de los principales en depósito y reenes, hasta que esté bien entablado, por ser indios belicosos y mal impuestos.
[...]
"Podríase abrir camino desde el asiento de Escala a Copiapó de Chille por la cordillera, y hay agua y pasto y mucho ganado vacuno, que vale a peso cada novillo y vaca en Chille. Demás del provecho que seguiría en traer y sacar el dicho ganado, sería en traer y sacar el dicho ganado, sería de grandísimo provecho descubrir este camino por la cordillera a Chille, porque se excusaría el despoblado que hay a Chille deste Atacama a Copiapó, porque en él no hay el recaudo que habría por las vertientes de la cordillera, donde Pedro Sande dice se abrirá camino y se ofrece a lo abrir.

"Asimismo en el término y contorno de Tarapacá, ques desde el puerto de Pisagua e Hiquehique, donde hay indios uros pescadores, hasta el puerto de Loa, hay muchas minas de plata y oro, cobre y plomo, alumbre, acije [aceche, caparrosa] y otros metales. Y el inga pretendió echar el río de Mauri, que es en la cordillera, al valle del Algarrobal, ques junto a Tarapacá, y cinco leguas del cerro que llaman Asino, donde labró el inga y Lucas Martín Begaso, y Pedro Sande ha labrado y vístolo por vista de ojos; y este río intentó el inga echallo al Algarrobal dicho, y para ello rompió siete leguas de tierra y lo dejó como entraron los españoles en la tierra, y faltará por romper un cuarto de legua de la cordillera, que se podrá romper y abrir con costa de seis mill pesos ensayados; y sería de muy gran efeto echar este río para cultivar las minas, porque son muy ricas y es tierra fértil y abundante de comida; y si se echase este río, se podrían poblar dos o tres pueblos despañoles y reducir los indios de aquel disrtito; porque aunque se mandaron reducir en la visita general, no están todos reducidos y se podrían sacar más de mill indios más de los reducidos que están ocultos, y por ser tierra tan poco hollada despañoles no se han descubierto grandes riquezas que el inga labraba en ella. Y el repartimiento de los herederos de Lucas Martín Begaso es jurisdicción e la ciudad de Arequipa, y tendrá como dos mill indios aymares (así) y más de mill indios uros pescadores en el dicho distrito.

"Hay de los Lipes a Tarapacá 30 leguas. Hay de los Lipes a Atacama 40 leguas.-- Hay de los Lipes a los Carangas 40 leguas.-- Hay a Potosí desde los Lipes 50 leguas.-- Hay desde los Lipes a Talina 35 leguas.-- Hay desde los Lipes a Tarija 40 leguas.-- Hay desde los Lipes a la tierra de guerra de los omaguacas 40 leguas.-- Hay de los Lipes a los indios cimarrones, que están hacia Omaguaca, 25 leguas.

"Puédense proveer los Lipes de comida [63] de Tarapacá y de Atacama y de Talima y Tarija, y al presente se ha llevado de
[...]
"De la parte donde se han de quedar estos indios S.M. no tiene ningún provecho de tasa ni de servicio de indios, ni aún de los españoles ni criollos; es gente muy buena para la guerra y buenos arcabuceros y hombres de a caballo y holgaran servir e esta jornada; y de Tucumán, como está dicho, se podrían proveer depósitos de comidas, pues las tienen de cosecha y valen tan poco y aquella tierra no da ningún provecho
"Siendo V.E. servido, yo me ofrezco entablar lo de los Lipes e ir a reducir todos aquellos indios conforme a lo que está dicho en esta relación y llevar la gente necesaria para ello, todo a mi costa y sin queme dé socorro alguno; y entiendo, mediante Dios, hacer en ello un señalado servicio a S.M. y a V.E., porque creo ha de ser tanta grosedad como este cerro, y holgaré en cosa semejante emplear mi vida y hacienda. Y asimismo, siendo V.E. servido y paresciendo que es cosa conveniente, me ofrezco a entrar a socorrer a Chille con los indios arriba referidos, o sin ellos, como mejor paresciere convenir; porque como hombre que trajo el socorro pasado para aquel reino, deseo llevar este otro para lo allanar, porque como es cosa nueva acometerles por la parte del Pirú, hanlo de extrañar, y aunque les pese se han de allanar.
"Con el talento que Dios me dió y con mi persona y hacienda, y con mis amigso y deudos, me ofrezco a servir en estas cosas; V.E., como quien tan bien entiende, será servido de mandar ver si conviene aceptar mi servicio y ofrecimiento, y remitiéndome a Diego Enrique en las demás particularidades que V.E. fuere servido saber, Nuestro Señor la Excma. persona de V.E. guarde por muchos años y en mayor estado acresciente. En Potosí, 8 de noviembre de 1581.

"Pedro Sande es la persona que dió orden en hacer las lagunas desta villa conque muelen los ingenios de la ribera della muchos meses más de los que molieran., de que se sigue grandísima riqueza. --Excelentísimo señor. --De V.E. criado que sus excelentísimas manos besa, JOAN LOZANO MACHUCA. (Carta del factor de Potosí Juan Lozano Machuca al virrey del Perú, en donde se describe la provincia de los Lipes, 1582)
Tomado de Relaciones Geográficas de Indias vol. II. Marcos Jiménez de la Espada. Madrid, 1967. [pp. 59-63,]
  


3.- CHARLES DARWIN EN EL OCÉANO PACÍFICO (1835)

"El presente volumen contiene, en forma de Diario, la historia de nuestro viaje y un resumen de las observaciones acerca de la Historia Natural y Geología que a mi juicio ofrecen algún interés para la generalidad de los lectores. En esta edición he condensado mucho y corregido algunas partes, ampliando un poco otras, en orden a acomodar mejor el volumen para lectura popular; pero confío en que los naturalistas no dejarán de tener presente que en lo relativo a pormenores deben consultar las publicaciones más extensas en las que se contienen los resultados científicos de la expedición. La Zoology of the Voyage of the "Beagle" contiene una magnífica descripción de los mamíferos vivientes, por Mr. Waterhouse; de las aves, por Mr. Gould; de los peces, por el Rev. L. Jenyns, y de los reptiles, por Mr. Bell. Como apéndice a las descripciones de cada especie, he añadido una breve noticia de sus costumbres y área geográfica. [...] He publicado también, en volúmenes independientes, la Estructura y distribución de los arrecifes de coral; las Islas volcánicas visitadas durante el viaje del "Beagle", y la Geological Transactions contiene dos notas acerca de los cantos erráticos y fenómenos volcánicos de América del Sur. Los señores Waterhouse, Wlaker, Newman y White han publicado sendas notas sobre los insectos capturados. Las plantas de la parte meridional de América han sido incluidas por el Dr. J. Hooker en su gran obra acerca de la Botánica del hemisferio meridional. [...] Donw, Bramley, Kent, junio 1845." (Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Charles Darwin, "Prefacio del autor", vol. I p.2)
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CAPÍTULO XVI
CHILE SEPTENTRIONAL Y PERÚ
[1835]

Camino de la costa a Coquimbo.- Cargas excesivas transportadas por los mineros.- Coquimbo.- Terremoto.- Terrazas escalonadas.- Ausencia de depósitos recientes.- Contemporaneidad de las formaciones terciarias.- Excursión valle arriba.-Camino a Huasco.- Desiertos.- Valle de Copiapó.- Lluvia y terremotos.- Hidrofobia.- El Despoblado.- Ruinas indias.- Cambio probable de Clima.- Lecho de río arqueado por un teremoto.- Temporales de viento frío.- Ruidos que salen de una montaña.- Iquique.- Aluvión salado.- Nitrato de sodio.- Lima
[...]



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8 de junio
[...] Cabalgamos todo el día por un terreno desprovisto de interés. Estoy cansado de repetir los epítetos yermo y estéril. Sin embargo, estas palabras, en el uso común, sólo tienen un valor relativo; las he aplicado siempre a las llanuras de Patagonia, que producen únicamente arbustos espinosos y algunos matojos de hierba, lo cual es una verdadera fertilidad, comparada con la desnudez del norte de Chile. Pero también aquí hay pocas extensiones de 200 metros cuadrados donde no se halle algún pequeño arbusto, cactus o liquen, si se mira con cuidado, y en el primer invierno lluvioso. En el Perú hay verdaderos desiertos en grandes porciones del país. Por la tarde llegamos a un valle en el que se veía alguna humedad en el cauce de un arroyuelo; le seguimos, y llegamos a un sitio donde había agua aceptable. Durante la noche, como la corriente no se evapora ni absorbe con [130] tanta rapidez, recorre un trayecto mucho mayor que por el día. Abundan los palos secos para hacer fuego, de modo que era un excelente sitio para vivaquear; pero para los pobres animales no hubo un solo bocado que comer.

11 de junio
Cabalgamos sin detenernos por espacio de doce horas, hasta que llegamos a un antiguo horno de fundición, donde había agua y leña; pero nuestros caballos tampoco tuvieron nada que comer, permaneciendo encerrados en un viejo corral. El camino era montuoso, y el paisaje que desde él se descubría era interesante por los variados colores de las montañas desnudas. Casi daba lástima ver brillar contantemente el sol sobre una comarca tan inútil: un cielo tan puro y brillante debería cobijar campos de cultivo y hermosos jardines. Al siguiente día llegamos al valle de Copiapó. Muy de veras me alegré de ello, porque durante el día entero no había dejado de sentir viva inquietud, siendo insoportable el oír a nuestros caballos roer los postes a que estaban atados, mientras tomábamos la cena, y no tener medios de calmarles el hambre. Sin embargo, según todas las apariencias, los animales conservaban su vigor, y nadie hubiera dicho que llevaban cuarenta y ocho horas y pico sin probar bocado.

Tenía una carta de recomendación para Mr. Bingley, quien me recibió con todo género de atenciones en la hacienda de Potrero Seco. Esta posesión tiene de 20 a 30 millas de largo, pero es muy estrecha pues generalmente sólo alcanza dos zonas cultivables, una a cada lado del río. En ciertas partes la finca carece de anchura, es decir, no hay terreno dde regadío, y, por tanto, no vale nada, como sucede con el pétreo desierto de los alrededores. La escasez de tierra cultivada en toda la línea del valle no depende tanto de las desigualdades de nivel y consiguiente inadaptación al riego, cuanto del menguado surtido de agua. El río [131] iba este año notablemente crecido; desde este sitio, subiendo valle arriba, el agua les llega a los caballos al vientre, con una anchura aproximada de 15 metros y una corriente rápida; más abajo disminuye gradualmente, y de ordinario llega a secarse, como ocurrió durante un período de treinta años, en que no llevó al mar ni siquiera una gota. Los habitantes observan con gran interés las tempestades de la Cordillera, por lo mismo que una buena nevada los provee de agua para el año siguiente. Esto es de importancia inmensamente mayor que la lluvia en las regiones más bajas. La última, siempre viene (que suele ser una vez o dos cada dos o tres años) produce grandes beneficios, porque merced a ella el ganado vacuno y mular puede, por algún tiempo después, hallar algún pasto en las montañas. Pero si falta la nieve en los andes, la desolación se extiende por todo el valle. Hay en la localidad memoria de que en tres diversas ocasiones casi todos los habitantes se vieron obligados a emigrar al Sur. Este año ha habido agua en abundancia, y todo el mundo regó sus campos cuanto quiso; pero a menudo ha sido necesario apostar soldados en las esclusas, para que cada finca o posesión tomara sólo la cantidad de agua que le estaba asignada durante determinadas horas de la semana. Se dice que el valle contiene una población de 12.000 almas; pero la producción no es suficiente más que para tres meses del año, necesitándose completar el surtido con los víveres de Valparaíso y del Sur. Antes de descubrirse las famosas minas de plata de Chanuncillo, Copiapó se hallaba en rápida decadencia; pero al presente goza de prosperidad, y la ciudad, que fué derruída por un terremoto, ha sido reedificada.

El valle de Copiapó, que forma una mera cinta de verdor en un desierto, corre en dirección muy orientada al Sur; de modo que alcanza una gran longitud hasta su nacimiento en la Cordillera. Los valles de Huasco y Copiapó pueden considerarse ambos como [132] largas islas estrechas separadas del resto de Chile por desierto de roca, en vez de estarlo por extensiones de agua salada. Al norte de éstos hay otro valle muy miserable, llamado Paposo, que contiene unas 200 almas, y luego se extiende el verdadero desierto de Atacama, barrera mucho peor que el más turbulento océano. Después de permanecer unos días en Potrero Seco proseguí mi viaje valle arriba hasta la casa de don Benito Cruz, para quien tenía una carta de recomendación. Le hallé sobremanera hospitalario; realmente es imposible hallar frases bastante expresivas para agradecer las bondades que suelen dispensarse a los viajeros en todas las partes de Sudamérica. Al día siguiente alquilé algunas mulas, que me llevaron a la barranca del Jolquera, en la Cordillera central. La segunda noche el tiempo pareció anunciar una tormenta de nieve o lluvia, y mientras descansábamos en las camas preparadas en el suelo sentimos un pequeño temblor de tierra.


La conexión entre los terremotos y el estado del tiempo ha sido discutida muchas veces; paréceme un punto de gran interés, que se halla muy poco dilucidado. Humboldt ha observado, en una parte de la Narración personal (1), que sería difícil para todo el que haya residido largo tiempo en Nueva Andalucía (2) o en el bajo Perú negar que exista alguna relación entre estos fenómenos; en otros pasajes, sin embargo, parece tenerse por imaginaria dicha relación. En Guayaquil se dice que una tormenta en la estación seca va inva-
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(1) Vol. IV, pág. 11, y vol. II, pág. 217. En cuanto a las observaciones de Guayaquil, véase el Juornal de SILLIMAN, volmune XXIV, pág. 384. Por lo que se refiere a Tacna, lo dicho por Mr. HAMILTON, Transactions of British association, 1840. Respecto del Coseguina, a Mr. CALCLEUGH, en Phil. Trans., 1835. En la primera edición de esta obra recogí varias referencias acerca de las coincidencias entre los descensos bruscos del barómetro y los terremotos, y entre terremotos y meteoros.
(2) Denominación que llevaron antiguamente las provincias de Cumaná y Guayana.- N. del T.


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riablemente seguida por un terremto. En el norte de Chile, a causa de la infrecuencia extrema de las lluvias, y hasta del tiempo que las anuncie, la probabilidad de coincidencias accidentales es muy pequeña; a pesar de ello, los habitantes están firmísimamente convencidos de que existe conexión entre el estado de la atmósfera y el temblor de la tierra. Me sorprendió mucho el que, al referir algunas personas de Copiapó que había habido una brusca sacudida sísmica en Coquimbo, exclamaron inmediatamente: "¡Magnífico! Este año habrá pasto en abundancia." A juicio suyo, un terremoto anunciaba la lluvia tan seguramente como ésta predecía abundante hierba. Realmente, el chubasco que he descrito en páginas anteriores, y que hizo brotar una ligera capa de hierba menuda y fina, ocurrió en el mismo día del terremoto. En otras ocasiones la lluvia ha seguido a los terremotos en aquel período del año en que es un fenómeno más extraordinario que el terremoto mismo: tal ocurrió después del temblor de 1822, y otra vez, en 1829, en Valparaíso; tambiénm después del de septiembre de 1833 en Tacna. Es necesario estar algo habituado al clima de estos países para comprender la suma improbabilidad de que llueva en ciertas estaciones, a no ser como consecuencia de alguna ley sin la menor relación con el curso ordinario del tiempo. En los casos de las grandes erupciones volcánicas, como la del Coseguina, en que cayeron lluvias torrenciales en una época del año enteramente impropia y "sin precedentes casi en la América Central", podría explicar el fenómeno por la perturbación atmosférica que forzosamente han de causar las grandes cantidades de vapor y nubes de cenizas. Humboldt extiende este modo de ver a los terremotos no acompañados de erupciones; pero difícilmente concibo la posibilidad de que las pequeñas cantidades de flúidos aeriformes salidos de las hendeduras de la tierra originen tan notables efectos. Así, pues, parece estar bastante fundada la opi-

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nión expuesta primeramente por Mr. Scrope, según la cual cuando hay una gran baja barométrica y puede esperarse que llueva, la menor presión de la atmósfera en una amplia extensión permitiría determinar el día preciso en que la corteza terrestres, distendida ya en sumo grado por las fuerzas subterráneas, cediera, se rajara, y, en consecuencia, temblara. Sin embargo, es dudoso que esta hipótesis explique cumplidamente las lluvias torrenciales que caen en la estación seca durante varios días, después de un terremoto no acompañado de erupción; tales casos parecen indicar alguna conexión más íntima entre las regiones atmosféricas y subterráneas.

Como hallábamos escaso interés en esta parte de la barranca, regresamos a la casa de don Benito, donde estuve dos días recogiendo conchas y madera fósiles. Abundaban en número extraordinario los grandes troncos de árboles convertidos en sílice, empotrados en un conglomerado. Medí uno que tenía 15 pies de circunferencia. ¡Cuán admirable es que cada uno de los átomos de la materia leñosa de este gran cilindro hayan sido desplazados y reemplazados por sílex con perfeccción tanta, que se conservan vasos y poros! Estos árboles florecieron aproximadamente en el período cretáceo inferior de Europa, y todos ellos pertenecían a la tribu de los abetos. Era divertido oír a la gente del país discutir la naturaleza e las conchas fósiles por mí recogidas casi en los mismos términos usados hace un siglo en Auropa, esto es, "si eran o no piedras talladas así por la Naturaleza". Mi examen geológico del país extrañó bastante a los chilenos en general, que no podían convencerse de que no anduviera en busca de minas. Esto me ocasionó frecuentes molestias. Para hacerles comprender el objeto de mis exploraciones me pareció lo más fácil preguntarles cómo es que no se interesaban por estudiar los volcanes y terremotos, por qué unos manantiales eran calientes y otros fríos, por qué había tantas montañas en Chile y nin- [135] guna en La Plata [Argentina]. Estas sencillas preguntas satisficieron e impusieron silencio al mayor número; pero no faltaron algunos (como los pocos que en Inglaterra viven atrasados un siglo) que calificaron todas mis pesquisas de inútiles e impías, pues, a su juicio, bastaba saber que Dios había hecho así las montañas.

Recientemente se había publicado una orden mandando matar a todos los perros vagabundos, y vimos a muchos muertos en el camino. Habían rabiado gran número de ellos poco antes, y varios hombres habían sido mordidos y muerto en consecuencia. La hidrofobia se ha presentado en este valle en varias ocasiones. Es notable que tan extraña y terrible enfermedad aparezca de tiempo en tiempo en un mismo sitio aislado. Se ha obervado que ciertas aldeas de Inglaterra se hallan, análogamente, más sujetas que otras a esta plaga. El Dr. Unanúe afirma que la hidrofobia se conoció por vez primera en la América Central, y desde allí se propagó poco a poco hacia el Sur. Llegó a Arequipa en 1807, y, según se dice, la enfermedad atacó a algunas personas que no habían sido mordidas, como les ocurrió a unos negros por haber comido carne de un toro muerto de hidrofobia. En Ica el número de víctimas se elevó a 42. La anfermedad se presentó entre los doce y noventa días después de la mordedura, y en todos los casos se siguió invariablemente la muerte a los cinco días. Después de 1808 siguió un largo período en que no se tuvo noticia de ningún atacado. Habiendo hecho indagaciones en Tasmania y Australia, averigüé que allí no se conocía tal enfermedad; y Burchel dice que durante los cinco años que estuvo en el Cabo de Buena Esperanza nunca oyó hablar de caso alguno. Webster asegura que en las Azores no se ha presentado nunca esa infección, y lo propio se dice con respecto a las [136] islas Mauricio y santa Elena (1). En lo tocante a tan extraña enfermedad, quizá pudiera recogerse una información útil considerando las circunstancias en que se presenta en climas distantes, porque es improbable que se haya llevado a ellos un perro ya mordido y contaminado.

Por la noche llegó un desconocido a la casa de don Benito, y pidió permiso para dormir allí. Contó que llevaba diecisiete días dando vueltas por las montañas a causa de haberse extraviado. Había salido de Huasco, y estando acostumbrado a viajar por la Cordillera, creyó no encontrar dificultad en seguir la ruta de Copiapó; pero no tardó en verse envuelto en un laberinto de montañas, del que no pudo salir. Algunas de sus mulas se habían despeñado en los precipicios, y él mismo se había hallado en trances apuradísimos. Lo que más le atormentó fué no saber dónde hallar agua en las hondonadas; de modo que le fué preciso seguir bordeando las sierras centrales.

Regresamos valle abajo, y el 22 llegamos a la ciudad de Copiapó. La parte inferior del valle es ancha y forma una hermosa llanura, como la de Quillota. La ciudad ocupa un considerable espacio de terreno, pues cada casa tiene un huerto; pero es un sitio incómodo y las viviendas están mal provistas de muebles. Todo el mundo parece preocuparse únicamente de hacer dinero para emigrar después lo antes posible. Los habitantes, sin excepción, se hallan, directa o indirectamente, interesados en minas, y no se habla de otra cosa que de ellas y de minerales. Los víveres, de todas las clases, se venden carísimos, porque la ciudad dista del puerto 18 leguas y los carros del país llevan altos precios por los transportes. Un p0llo cuesta cinco o
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(1) Observaciones sobre el clima de Lima, pág. 67; Viajes de AZARA, vol. I, pág. 381; Viaje de ULLOA, vol. II, pág. 28; Viajes de BURCHELL, vol. II, pág. 524; Description of the Azores, de Webster, pág. 124; Voyage á l'Isle de france, par un Officier du Roi, tomo I, pág. 248; Description of St. Helena, pág. 123.


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seis chelines; la carne es casi tan cara como en Inglaterra; la leña, o más bien los palos, se llevan en borricos desde una distancia de dos y tres días de camino al interior de la Cordillera, y el pienso de las caballerías cuesta un chelín diario; todo esto, para Sudamérica, es prodigiosamente exorbitante.

26 de junio
Alquilé un guía y ocho mulas, que me llevarán a la Cordillera en una dirección diferente de la de mi última excursión. Como el país estaba enteramente inhabitado y el terreno era yermo, llevé carga y media de cebada mezclada con paja. A cosa de dos leguas más arriba de la ciudad, un ancho valle, llamado el "Despoblado", arranca del que nosotros habíamos seguido. Aunque es un valle de grandísimas dimensiones, que conduce a un paso de la Cordillera, está completamente seco, exceptuando tal vez unos cuantos días en los inviernos muy lluviosos. Las pendientes de las montañas apenas estaban cruzadas por barrancos, y el fondo del valle principal, lleno de cascajo, presentaba una superficie alisada y rasa, casi horizontal. Por este lecho de grava jamás debió de correr ningún torrente considerable, porque de otro modo se hubiera formado un cauce encajado, como en todos los valles meridionales. Apenas me cabe duda de que este valle, como los mencionados por los que han viajado por el Perú, fué dejado en la forma que ahora le vemos por las olas del mar, en tanto la tierra se elevaba lentamente. En un sitio donde el Despoblado se unía con una barranca (que en cualquiera otra cadena se hubiera llamado un gran valle), observé que su lecho, aunque compuesto sólo de arena y lavas, era más alto que el de su tributario. Un mero riachuelo, en el período de una hora, hubiera abierto un canal; pero saltaba a la vista que habían pasado largas edades sin que el tal riachuelo hubiera corrido por allí. Era curioso contemplar la mecánica, si cabe esta expresión, del drenaje, perfectísima en todos sus porme- [138] nores, pero sin el menor indicio de haber funcionado. Apenas habrá quien no haya observado que los bancos de cieno dejados por las mareas al retirarse imitan en miniatura un país con sus colinas y cañadas, y aquí tenemos el modelo original en rocas, formado al paso que el continente se elevaba durante la retirada seculra del océano, en lugar de verificarseentre el flujo y reflujo de las mareas. Si en los bancos de cieno, después de secos, cae un chubasco, se ahondan las líneas poco profundas de excavación anteriormente formadas, y lo mismo pasa con las lluvias caídas por espacio de siglos sobre los bancos de roca y el suelo que llamamos un continente.




Seguimos caminando hasta después de obscurecer, en que llegamos a una barranca lateral, con un pequeño pozo, llamado "Agua Amarga". Realmente, el agua merecía este nombre, porque, además de salina y pútrida, tenía un amargor repugnante; de modo que nos fué imposible beberla no siquiera en infusiones de te o mate. Calculo que la distancia desde el río de Copiapó a este sitio era al menos de 25 a 30 millas inglesas, y en todo el trayecto no había ni una sola gota de agua, mereciendo el país el nombre de desierto, en el sentido más estricto. En este desierto, casi a medio camino, pasamos por algunas antiguas ruinas indias cerca de Punta Gorda. También advertí en algunos de los valles que parten del Despoblado que había dos montones de piedras un poco apartados y dirigidos como si señalaran las bocas de estos vallecitos [apachetas]. Mis compañeros no supieron decirme nada sobre ellos, y a mis preguntas contestaron con su imperturbable "¿quién sabe?".


Observé esas ruinas indias en varias partes de la Cordillera, siendo las más perfectas de todas las de Tambillos, en el paso de Uspallata. Vense en ellas conjuntos de cuartitos cuadrados agrupados en divisiones distintas; todavía se conservaban algunas de las anetradas, cuyo dintel era una losa de piedra, atrave- [139] sada a la altura de unos tres pies. Ulloa ha hecho notar que las puertas de las antiguas viviendas peruanas eran muy bajas. Estas construcciones, cuando estaban íntegras, debieron de ser capaces de contener gran número de personas. La tradición refiere que se usaron para sitios de descanso de los Incas cuando cruzaban las montañas. Se han descubierto restos de casas indias en muchas otras partes, donde no parece probable que se usaran con el fin antes indicado, y siempre donde la tierra es manifiestamente impropia para toda clase de cultivo, como sucede cerca de Tambillos o en el Puente de los Incas o en el Paso de Portillo, en todos los cuales vi ruinas. En la barranca de Jajuel, cerca de Aconcagua, donde no hay paso, me dieron noticias de restos de casas situadas a gran altura, en una región extremadamente fría y estéril. Al principio imaginé que esos edificios habrían sido lugares de refugio, construídos por los indios al llegar por vez primera los españoles; pero posteriormente me he sentido inclinado a suponer que ha debido de sobrevivir un pequeño cambio de clima.


En esta parte septentrional de Chile, dentro de la Cordillera, se dice que las antiguas casas indias son especialmente numerosas; cavando entre las ruinas se hallan frecuentemente trozos de géneros de lana, instrumentos hechos de metales preciosos y mazorcas de maíz; un curioso regalo que me hicieron fué el de una punta de flecha, de ágata, y precisamente de la misma forma que las usadas todavía en Tierra del Fuego. Me consta que los indios peruanos suelen habitar actualmente en las partes más elevadas y estériles; pero en Copiapó me aseguraron hombres que han pasado la vida viajando al través de los Andes que había muchísimas casas a grandes alturas, cercanas a las nieves perpetuas y en lugares donde no hay pasos ni la tierra produce absolutamente nada, ni hay tampoco agua. A pesar de ello, la opinión de la gente del país --si bien no aciertan a explicarse las circunstancias apun- [140] tadas-- es que, juzgando por el aspecto de las casas, los indios deben de haberlas usado como residencias. En este valle de Punta Gorda, los restos de esas edificaciones se componen de siete u ocho cuartitos cuadrados, de forma semejante a los de Tambillos, pero construídos principalmente de un barro cuya resistencia no saben dar al de hoy ni los habitantes de aquí ni, según Ulloa, los del Perú. Estaban situados en el sitio más visible e indefenso, en el fondo plano del ancho valle. Los manantiales y las corrientes de agua más próximas distaban de tres a cuatro leguas, y, con todo eso, ni eran buenos ni abundantes. El suelo no producía absolutamente nada; de modo que en vano busqué algún liquen adherido a las rocas. Al presente, contando sólo con las bestias de carga para el transporte, no podría explotarse aquí con provecho una mina, a no ser que fuera muy rica. Y, no obstante, ¡los indios escogieron antiguamente este sitio para fijar en él su residencia! Si en el día de hoy cayeran al año dos o tres chubascos, en lugar del único que ahora cae, probablemente se formaría un arroyuelo en este gran valle, y entonces, por un sistema de riego como el que en lo antiguo supieron aplicar tan bien los indios, el suelo produciría fácilmente lo necesario para sostener unas cuantas familias.


Tengo pruebas convincentes de que esta parte del continente sudamericano se ha elevado cerca de la costa, al menos, de 400 a 500 pies, y en algunas partes, de 1.000 a 1.300, desde la épocaen que vivían las conchas existentes, y más adentro la elevación ha sido mayor probablemente. Como la peculiar aridez del clima es a todas luces consecuencia de la altura e la Cordillera, puede tenerse la seguridad casi completa de que antes de las últimas elevaciones la atmósfera no estuvo tan completamente desprovista de humedad como ahora, y, además, habiendo sido gradual la elevación, lo propio ha ocurrido con el cambio de clima. En este supuesto de un cambio de clima pos- [141] terior a la época en que dichas construcciones estuvieron habitadas, las ruinas deben de ser antiquísimas, y, por otra parte, no creo que su conservación ofrezca dificultad de ningún género en el clima chileno. También es preciso admitir en tal hipótesis (y ésta es quizá una dificultad mayor) que el hombre ha habitado en Sudamérica durante un período inmensamente largo; tanto más cuanto que todo cambio de clima causado por la elevación del país ha debido de ser extremadamente gradual. En Valparaíso, en los últimos doscientos veinte años, el terreno se ha elevado algo menos 19 pies; en Lima, una playa ha subido con seguridad de 80 a 90 pies en el período indio-humano; pero tan pequeñas elevaciones hubieran modificado en muy escasa cantidad la marcha general de las corrientes atmosféricas portadoras de humedad. El doctor Lund, sin embargo, halló esqueletos humanos en las cuevas del Brasil, cuyo aspecto le indujo a creer que la raza india ha existido en Sudamérica durante un vasto lapso de tiempo.


Estando en Lima conversé sobre estos asuntos (1) con Mr. Gill, ingeniero civil, que había visto una gran parte del interior del país. Me dijo que por su mente había pasado muchas veces la sospecha de un cambio de clima, pero que, a su juicio, la mayor parte del terreno, incapaz ahora de cultivo y cubierto de ruinas indias, había quedado reducido a tal estado por el deterioro de los canales de riego, construídos antiguamente por los indios en tan prodigiosa escala, y que al fin se inutilizaron a causa del abandono o por movimientos subterráneos. Conviene mencionar aquí que [142]
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(1) TEMPLE, en sus viajes por el Alto Perú o Bolivia, hablando del trayecto de Potosí a Oruro, dice: "Vi muchas aldeas o viviendas indias en ruinas hasta en las cumbres mismas de las montañas, signos evidentes de haber existido una antigua población en lugares donde ahora todo es desolado." Análogas observaciones hace en otro lugar; pero no puedo decir si esta desolación ha sido causa por la falta de habitantes o por las condiciones del terreno, profundamente alteradas.


los peruanos llevaron realmente sus aguas de riego por túneles abiertos al través de montañas de sólida roca. Dicho ingeniero me dijo que había prestado sus servicios profesionales en el examen de uno de ellos, y vió que el paso era bajo, estrecho, tortuoso y de anchura varia, pero de longitud muy considerable. ¿No es asombroso que hayan emprendido tales obras hombres que no conocían el uso del hierro ni el de la pólvora de cañón? Mr. Gill me citó también el caso interesantísimo, y sin semejante a lo que yo sé, de una perturbación subterránea que alteró el drenaje de una región. Viajando de Casma a Huaraz (no muy lejos de Lima), halló una llanura cubierta de ruinas y señales de antiguo cultivo, pero no del todo estéril. Cerca de ella se veía el cauce seco de un río considerable, del que antiguamente se había tomado el agua para el riego. Nada indicaba en él, al parecer, que el río no hubiera corrido por su lecho años atrás; en unos puntos había capas de arena y grava; en otros la roca sólida se había desgastado, hasta formar un espacioso canal, que en cierto sitio tenía 40 pies de ancho por ocho de profundo. Es evidente que al seguir el cauce de una corriente agua arriba habrá que ascender siempre, con una inclinación mayor o menor, y de ahí que Mr. Gill quedara asombrado cuando, al caminar, por el lecho de este antiguo río, hacia su origen, hallóse bajando de pronto por la pendiente de una cuesta con una caída perpendicular de 40 ó 50 pies. Aquí tenemos la prueba inequívoca de un desnivel formado por la elevación del suelo en dirección transversal al antiguo cauce de una corriente. Desde el momento en que se realizó tal fenómeno, el agua hubo de retroceder y dar origen a un nuevo canal. Y a partir de ese momento, la llanura inmediata, privada de la corriente que la fertilizaba, se convirtió en un desierto.

27 de junio
Partimos de madrugada, y a eso del mediodía llegamos al barranco de Paypote, donde hay [143] un arroyuelo con escasa vegetación y unos cuantos algarrobos. Por haber combustible, se construyó antiguamente aquí un horno de fundición; al cuidado de él hallamos a un hombre solo, cuya única ocupación consistía en cazar guanacos. Por la noche heló intensamente; pero como teníamos leña en abundancia para lo hoguera que hicimos, lo pasamos tan cómodamente como al amor de una buena estufa.



[Fragmentos tomados de: Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo en el navío de S.M. "Beagle". Charles Darwin, 2 vols. Espasa-Calpe, Madrid 1940. Traducción de Juan Mateos]

miércoles, 22 de mayo de 2013

Memorias del general Miller, cap. XXIX (prefecto de Potosí 1825)


William Miller (1795-1861)




























CARTA PRESENTACIÓN PARA EL GENERAL MILLER FIRMADA POR BOLÍVAR
"A los que la presente vieren, salud.
"Certifico que el general de división D. Guillermo Miller ha estado á mis órdenes en toda la campaña del año veinticuatro, en la cual ha cumplido con su deber de un modo digno de admiración. En el combate de Junín quedó mandando nuestra caballería con el valor que siempre le ha distinguido. En Ayacucho tuvo el mismo mando, y lo desempeñó con aquella intrepidez y acierto que tanto contribuyeron á la victoria.
"El general Miller fué de los primeros que emprendieron la libertad del Perú, y es de los últimos que la ha visto triunfar. Su actividad, su moderación y su conducta moral lo han hecho recomendable á los ojos de sus jefes, y los pueblos que ha mandado lo han respetado como á un buen magistrado.
"El general Miller no ha participado jamás de ninguna de las facciones que han tenido en el Perú; por el contrario, los gobiernos sucesivos y los diferentes generales que han mandado el ejército han puesto entera confianza en su fidelidad. Por consecuencia de estos servicios, el gobierno del Perú ha recompensado dignamente al general D. Guillermo Miller.
"Dado en el cuartel general de Potosí, á 29 de Octubre de 1825.
BOLÍVAR
(firmado)
Por O. de S.E.
Felipe Santiago Estenós,
Secretario general."


Tapa de la edición argentina, Emecé editores.
"Memorias del General Miller recoge las andanzas de Guillermo Miller, oficial británico que combatió en España con el duque de Wellington contra las tropas napoleónicas y que, con posterioridad, pasó a América acompañando al general San Martín en la conquista del Perú. Su hermano, John, de profesión historiador, se encargó de ordenar las vivencias, apuntes y documentos del primero y proceder a la redacción final de la obra./ Este libro tiene el valor de haber sido traducido al español por el general José María Torrijos (1791-1831) durante su exilio en Londres, y retrata el final del Imperio español y del Antiguo Régimen en los territorios americanos." 






Memorias del general Miller
al servicio de la república del Perú
escritas en inglés por Mr. John Miller
y traducidas al castellano por el general Torrijos
Tomo II y último
Editorial América
Madrid, 1910



CAPÍTULO XXIX
Potosí.- Sus minas.- Edificios públicos.- Bancos de Rescate.- Tesorería.- caxchas.- Gobierno departamental.- Policía.- Casa del Gobierno.- Sociedad de Potosí.- Agentes de las asociaciones de minas.

Terminada felizmente la guerra, fué nombrado el general Miller prefecto (1) del departamento de Potosí, compuesto de las provincias de Porco, Chayanta, Lipes, Chichas y Atacama, que contiene una población de 300.000 almas, de la cual son los dos tercios indígenas y el resto blancos y mestizos de varios colores.

La villa de Potosí, capital del departamento, está situada 15.000 pies sobre el nivel del mar, dentro de la provincia de Porco y á los 19°5'' latitud Sur, y 60°31'' longitud Oeste de Cádiz. Al descubrimiento casual, en 1545, de sus riquezas minerales, fué nombrado asiento ó establecimiento de minas; pero con el progreso del tiempo subió al rango de villa y fué elegida capital de una intendencia. Según el censo formado por orden del intendente Bejarano, contenía la ciudad, en 1611, ciento cincuenta mil habitantes; pero este número debió compo- [241]

(1) Los prefectos de los departamentos del Alto Perú tenían el título de presidentes; pero usaremos aquel título para evitar confusión.



nerse principalmente en aquel tiempo de mitayos (1) de las diferentes tribus que hay entre Potosí y Cuzco, distancia que abraza cerca de trescientas leguas. Aquellos seres desgraciados estaban generalmente acompañados en sus labores por sus mujeres y familias, que iban más bien para participar de sus penosísimos sufrimientos que para establecerse en lás áridas montañas de Potosí. No es extraño, por lo mismo, que su población se haya reducido en 1825 á sólo 8.000 almas, tanto por la abolición de la mita, como por los golpes que durante la revolución recibieron los establecimientos de esta especie.

Al aproximarse el viajero al Potosí, por cualquiera dirección que sea, sale de los profundos barrancos de las montañas y descubre la villa al pie del célebre argentado cerro, cuya forma es un cono de tres leguas de circunferencia en su base. Su cúspide está elevada más de 2.000 pies de la villa, y, por consiguiente, 17.000 (2) sobre el nivel del mar. Su apariencia es de origen volcánico, y sus laderas tienen pedazos de diversos colores, como verde obscuro, de color de naranja, gris y encarnado.

Las vetas principales del cerro son: La Ensima ó Chacapolo, Polo, Mendieta, Veta-Rica, estaño, Corpus-Christi, Sapatera y san josé. La siguiente relación contiene los nombres de las minas principales y la profundidad á que llegaban sus excavaciones en el año de 1825: [242]

(1) Indios obligados á trabajar en las minas, cuyo nombramiento se hacía por suerte.
(2) La altura de la ciudad y cerro de Potosí se da con arreglo á lo generalmente admitido y reconocido en el país.


NOMBRES                                                        Varas castellanas
Montoya................................................................     800
Arcobarreno..........................................................     700
Marverias...............................................................     700
Joaquín Prudencio..................................................     600
Rosario...................................................................     400
Chaquello................................................................     250
Sojo........................................................................     200
Sobato....................................................................     600
San José..................................................................     600
Antona....................................................................    1.000
Purísima...................................................................     700
San Miguel...............................................................     500
San Juan de Dios......................................................     450
Escarterilla................................................................     300
Carmen....................................................................      400
Pimentel....................................................................    1.000
Guadalupe.................................................................     230
Oñate........................................................................     400
Sacramento...............................................................     260
San Jerónimo.............................................................     300
Guaillaguari................................................................     900
San Rafael..................................................................    100
Boguilla......................................................................     150
San Luis.....................................................................     400
Flamencos..................................................................     300
Santa Rosa.................................................................     420
Misericordia...............................................................      420
San Bartolomé............................................................     310
Esperanza...................................................................      250
Mercedes...................................................................      300
Auxilios.......................................................................     400
San Antonio.................................................................     350

Hay abiertas en la montaña más de 5.000 boca-minas; pero sólo se trabajan actualmente de 50 á 60; las demás están paradas, se han inundado ó se han cegado.

La parte superior de la montaña está de tal manera agujereada, que puede considerársela ya como obovedada; pero en la parte inferior, y hasta un tercio de su altura, han trabajado poco, por el gran número de manantiales de agua que lo impiden.

Muchos socavones se han principiado, pero generalmente no han producido efecto ó los han abandonado, antes de concluirse, por falta de fondos. El socavón principal de San Juan Nepomuceno costó al gobierno 560.243 duros; tiene 2.200 varas de largo, seis pies de [243]


alto y sesi piesde ancho en la parte inferior; está abovedado y revestido interiormente con piedras toscas sin labrar y sin mezcla: debajo hay un contra-socavón para dar salida al agua.

Los realistas forzaban á los prisioneros de guerra á trabajar en el socavón, el cual está aún sin acabar, y por consiguiente sin prestar ninguna utilidad. Esto no sorprenderá á ninguno que sepa la manera con que las obras reales se convertían en aquel país en meros monopolios y especulaciones particulares. El hombre que tenía más influjo ó que daba peso á sus razones por ciertos argumentos bien conocidos, bajo pretexto del bien público, podía alcanzar que le abriesen un ramal de mina en el punto en que quería beneficiarla, y de este modo se sacrificaban los caudales públicos en intereses privados, y frecuentemente hasta sin la menor ventaja de parte del que intentaban favorecer.

El país inmediato abunda también en metales; en un monte inmediato al Cerro, llamado Guayna-Potosí, se halla plata purísima y engran cantidad pero no puede trabajarse en él respecto á que se encuetra agua á corta distancia de su superficie. El mineral se pulveriza en molinos molidos por el agua de arroyos que conducen de pantanos construídos en las montañas, ó lagunas naturales distantes desduna á diez millas de  la villa. Los pantanos principales los construyen con presas ó grandes paredones que cortan las quebradas ó barrancos, y detienen y acumulan las aguas,á las  cual dan salida económicamente  por una compuerta durante el día, pero jamás de noche, y algunas veces sólo dos o tres veces por semana, según la cantidad de agua que hay recogida. Algunos de los pantanos mayores reciben el gua de otros construidos detrás de ellos, en puntos más elevados de las mismas montañas. Una porción de gente está empleada constantemente en cuidar de abrir y cerrar las compuertas y en reparar las averías que courre. En tiempos muy secos ha sucedido que los moli- [244]



nos han tenido que parar por falta de agua; pero este inconveniente podría obviarse si las acequias estuviesen revestidas con pavimentos proporcionados y se limpiasen bien los pantanos.

En el año 1572 construyeron una Casa de Moneda, cuyo coste ascendió a 11.000 duros; y aunque fué en clase únicamente provisional, hasta el año 1751 no construyeron la que actualmente existe. Antes de la última fecha mencionada, las diferentes clases de monedas acuñadas en Potosí eran piezas llanas y angulares, de oro ó plata, con las armas de España y un número que denotaba su valor.

Las operaciones de extraer la plata del mineral se ejecutaron del modo más tosco y engorroso, hasta 1751, en que Velasco introdujo la amalgamación con el azogue. Antes de esta época se empleaban millares de hornillos para fundir los metales. La vista que hacían á la noche desde el Cerro, la describe Acosta y otros viajeros antiguos, como la iluminación tan preciosa y simétrica como extraordinaria.

Si se obtienen ocho marcos de plata en piña de cada cajón, que contiene 50 quintales, se considera que el propietario no pierde trabajando sus minas en el cerro del Potosí. En otros puntos se requieren 10 ó 20 marcos por cajón para cubrir los gastos, que se aumentan por hallarse situadas las minas en montañas de difícil acceso, distantes de parajes habitados, provisiones, combustibles y agua para mover los molinos. Las minas que actualmente se explotan en el cerro del Potosí no producen en general más de 10 marcos por cajón. En muchos sitios, en la ladera del Cerro, hay grandes montones, llamados rodados, formados por los desechos de las minas, cuando eran tan productivas que hacían considerarlos como indignos de ocuparse de ellos; sin embargo, los aprovechan actualmente, y han producido desde tres hasta 15 marcos por cajón. Las vetas más ricas y las minas más grandes y productivas están en el día inundadas y [245]



requerirían los conocimientos europeos y capitales para desaguarlas. Las minas de Portugalete, en la provincia de Chichas, sesenta y cinco leguas de Potosí, producen mineral que da de 60 á 80 marcos el cajón, y el que da la gallofa, en la provincia de Chayanta, deja 40 marcos por cajón.

El clima de Potosí es desagradable; los rayos del sol abrasan al mediodía, y á la sombra y á la noche el aire es penetrante y frío. El país, en tres leguas alrededor, es de tal modo estéril, que no se ve una sola muestra de vegetación, á excepción de una planta llamada quinuali, que sirve de remedio contra la puna. La villa está construída sobre un terreno desigual; tiene en el centro una plaza espaciosa, de la cual la Casa de Gobierno, la municipalidad y la cárcel, todo bajo un mismo techo, forman un frente; la tesorería y oficinas del gobierno, otro; un convento y una casa sin concluir, otro, y casas de particulares, el que resta. Antiguamente tuvo grandes arrabales, que ocupaban indios y mineros, los que en el día están sin habitar, y tan arruinados, que sólo se conservan los vestigios de las calles. Entre los edificios públicos que merecen mayor atención se cuenta la Casa de Moneda, cosntruída de piedra sillería y bajo un plan admirablemente adaptado á su objeto. Su coste ascendía á 1.148.000 duros, inclusa la maquinaria, y contiene habitaciones para el superintendente y unos cuantos de los principales empleados.

Las faenas más pesadas de la Casa de Moneda se ejecutan por el movimientos producido á la maquinaria por mulas y el resto por hombres. l acto de acuñar los duros se ejecuta por una fuerte presión producida por un volante de hierro que tiene grandes aletas ó palancas, y hace con su movimiento subir y bajar el punzón, el cual repite sus golpes tan inmediatos, que los dedos del obrero que pone y quita los duros están siempre en un continuo peligro. El cordoncillo de los duros se hace á mano, con una especie de gato cornaquí; los trabajadores [246]



ganan doce ó quince reales vellón por día; el carbón es el único combustible que se emplea.

La plata y oro se vende por los individuos al Banco de Rescate ó cambio, establecimiento del gobierno que revende los metales á la Casa de Moneda, y, por consiguiente, giran letras entre sí el Banco y la Casa de Moneda. El total acuñado en un año ascendió a 5.000.000 de duros en plata, y 4.600 marcos, ó 36.800 onzas en oro. En años tan productivos como el que se cita, la Casa de Moneda, después de pagar sus empleados y cubrir sus gastos, dejaba líquidos al gobierno 212.000 duros.

Los empleados en la Casa de Moneda son en total 38: el superintendente, que tiene 6.000 duros al año; el contralor, tesorero, dos maestros ensayadores, el inspector de pesos y el veedor de ensayo y peso, llamados todos ministros, reciben cada uno desde 3.000 hasta 4.500 duros al año. Los empleados del Banco de Rescate se componen de un administrador, un contralor y un tesorero, que todos son también ministros; á sus respectivas oficinas están destinados dos fundidores y nueve escribientes.

La tesorería del departamento tiene un tesorero y un contralor, que también son ministros, y son superiores á los de la Casa de Moneda y del Banco.

Los otros empleados son:
Teniente asesor
Promotor fiscal
Alaclde veedor de minas
Ensayador
Fundidor y balanzario
Escribano de Hacienda.
También había 14 escribientes en este establecimiento.

En 1825 se incorporó la oficina de aduana á la tesorería. El correo tiene un administrador, un interventor, tres escribientes y seis conductores. Todas las personas empleadas en las oficinas y ramos expresados anteriormente, tienen y usan uniformes civiles, que manifiestan sus empleos y rangos. [247]



El Banco de Rescate y la Casa de Moneda ocasionan gran afluencia de oro y plata en Potosí, independientemente del que sus minas produce. Además de ser el mercado general de metales en aquella parte del mundo, su posición geográfica le hace al mismo tiempo la factoría de las mercancías auropeas que van desde Buenos Aires para el consumo del Alto Perú y el Cuzco.

Las provisiones para uso de la villa las traen de puntos distantes y de las provincias vecinas, y el mercado es uno de los mejores abastecidos de la América del Sur. El vino, aguardiente y aceite lo traen desde los Puertos Intermedios; la harina, de Cochabamba, y todo lo conducen á lomo con mulas, borricos ó llamas.

Los artículos de primera necesidad, así como los de lujo, están excesivamente caros. Los dueños de las minas y los trabajadores en ellas rara vez fijan su atención en economías, y generalmente gastan su dinero tan pronto como lo reciben. Las casas de los dueños de minas contienen algunas veces muebles y adornos de casa, más costosos que los que se hallan en las casas más respetables de las grandes ciudades en el Perú.

Muchas familias indígenas se han establecido en chozas y cuevas cerca de las minas, en el cerro, y bajan á la villa únicamente el sábado á la noche, para recibir su jornal y comprar provisiones para toda la semana. Muchos permanecen frecuentemente á gastar lo que han recibido en extravagancias, borracheras ó al juego; otros pasan gran parte de la noche tocando la guitarra y cantando en las puertas de las tabernas.

Una costumbre singular, que debió tener origen en la condescendencia de los primitovos propietarios de las minas, prevalece aún en el día. En el espacio de tiempo que media desde la noche del sábado hasta la mañana del lunes, queda el cerro hecho absolutamente la propiedad de los que quieran trabajar las minas á su cuenta, y durante aquel tiempo el propietario de ellas más atrevido no osaría ir á visitar las suyas. Los trabajadores que han tomado [248]



posesión de este derecho los llaman Caxchas, y generalmente venden el producto del domingo á sus amos; pero además del mineral que extraen de esta manera, los Caxchas producen perjuicios considerables descuidando las preocupaciones debidas cuando escavan; y si encuentran en el curso de la semana con una veta más ricas de lo ordinario, pasan sin trabajar en ella y la reservan para el domingo inmediato. En su consecuencia, se adoptaron medidas fuertes para cortar este abuso; pero cuanto hicieron fué inútil, porque los Caxchas defendieron su privilegio con la fuerza de las armas y rodando grandes peñascos sobre los que iban á atacarlos. Tan celosos observadores son de lo que llaman su derecho, que una vez se apoderaron de quince ó veinte llamas ricamente cargadas de mineral de plata al tiempo que bajaban del cerro, porque habían salido de la mina después de la hora en que principia el privilegio de los Caxchas. Ni de las llamas ni de los que las conducían se ha oído hablar más.

Al general Miller le confirieron el mando militar y político del departamento, en el cual estaban acantonados tres mil quinientos hombres de tropas peruanas. También fué nombrado superintendente de la Casa de Moneda y director del Banco. El general Sucre delegó en él especialmente, en clase de jefe supremo del Alto Perú, los poderes de vicepatronato de la iglesia, en la comprensión de su departamento, y fué autorizado además para deponer de sus destinos á aquellos clérigos que juzgase necesario remover en virtud de su conducta anterior y opiniones políticas, y proponer al arzobispo de Charcas los que creyese debían sucederles y cuyos nombramientos eclesiásticos no eran válidos hasta que los ratificaba el vicepatrono.

El general Sucre, á su llegada á Potosí la primera vez, nombró una comisión de tres individuos para formar una lista de las personas más capaces y beneméritas para optar á destinos, con objeto de proveer más de cien empleos civiles, que tenían de dotación anual, y en esca- [249]



las progresivas, desde quinientos á cuatro mil duros, los cuales habían quedado vacantes por retiros, ó dimisiones pro forma, al cambio de gobierno que se siguió á la batalla de Ayacucho. La lista que dió esta comisión causó un disgusto general; el general Sucre formó en seguida una junta con el mismo objeto y los mismos poderes en Chuquisaca; pero la segunda lista resultó tan impopular como la primera. Entonces mandó el general Sucre á Miller, que en el intermedio había sido nombrado para aquella prefectura, que formase otra tercera lista, la cual le fué devuelta con las otras dos, dejando enteramente á su discreción el nombramiento para los destinos. Estas facultades extraordinarias son un testimonio honroso de la cobfianza ilimitada depositada en la integridad é imparcialidad del general Miller; y el honor que de ella le resultaba fué mucho mayor, habiendo aprobado el Libertador y el general Sucre cuantos nombramientos hizo. Muchas plazas inútiles quedaron abolidas, y muchos sueldos fueron disminuídos, entre ellos el de prefecto, que de doce mil duros al año quedó reducido á siete mil. Los virreyes españoles gozaban sesenta mil duros de sueldo, y el presidente del Perú recibía treinta y seis mil al año; un general en jefe español tenía veinte mil duros, y el general Sucre recibió únicamente diez mil.

Todos los ramos de la administración del departamento estaban en un verdadero estado de desorganización cuando entraron los patriotas en Potosí. Desde el principio de la revolución en 1810 hasta 1825, acuñó la Casa de Moneda, un año con otro, á razón de medio millón de duros; pero durante los cinco primeros meses después de libertado Potosí acuñó más de un millón, y la población de la ciudad aumento de ocho mil almas á diez mil.

Los naturales del país y los comerciantes manifestaron una entera confianza en la buena fe del nuevo gobierno; la industria, un espíritu emprendedor, y la mejor inteligencia se difundió en todas las clases. lgunas veces ocurrió que el prefecto necesitaba dinero para mantener [250]



las tropas pagadas con exactitud, y en todas le hicieron préstamos temporales los comerciantes son la mayor cordialidad, los cuales, al reintegrarles sus adelantos, se negaron á adminit ningún interés. Don Andrés Argüelles prestó al Banco veinte mil duros sin interés alguno y sin recibo: esta cantidad se le devolvió á los tres meses de los productos del establecimiento.

Hasta el carácter indiano principió inmediatamente á hacer un cambio manifiesto. Acostumbrados á ser engañados, y por consiguiente á engañar, ni podían decir la verdad ni creerla en la boca de los demás. Aunque aquellos desgraciados habían obtenido por las leyes los derechos de ciudadanos, tal era aún su desconfianza en los crueles blancos, que se consideraban la abolición del tributo y la mita como una especie de trampa para hacerlos incurrir en alguna culpa. La mayor parte del clero no procuró desengañarlos de su error ni disipar sus temores, respecto que la libertad general de todos los individuos habría acabado de un golpe con el sistema de pongos, por el cual estos pastores, así como los caciques, alcanzaban las mayores ventajas. De este modo los decretos mejor extendidos en favor de los indígenas tardarán en producir el debido efecto; pues las preocupaciones y la timidez de su parte, y el interés de aquellos que los conservan aún en el error para aprovecharse del trabajo gratuito de otros, se combinarán para oponerse á las miras más benéficas de los gobiernos patrióticos. El tiempo mismo debe ser secundado por fuertes y filantrópicos esfuerzos de parte de los prefectos de los departamentos, gobernadores de las provincias, y demás autoridades principales, y deben conferirse á los indígenas ventajas y beneficios positivos y hacérselos sentir y conocer de modo que produzcan la debida impresión.

En conformidad al nuevo orden de cosas que regía, el general Miller publicó varias proclamas para dar fuerza á los decretos del gobierno, dirigidos á mejorar la suerte y condición de los indígenas; pero con poco efecto real ó [251]


positivo. Sin embargo, el pago puntual de los víveres y forraje tomado á los indígenas, la exacta remuneración á todos los que empleaba el gobierno, y una regular recompensa de cinco ó siete reales vellón al portador de cualquiera parte oficial, estableció la confianza á pesar de la recelosa disposición de aquellos desgraciados. Acostumbrados á verse obligados á la fuerza á llevar pliegos y ejecutar todos los trabajos públicos sin paga ni recompensa alguna, un pequeño premio dado invariablemente á sus fatigas les llamó á comparar lo pasado con lo presente, y quedaron tan sorprendidos como satisfechos de lo favorable del contraste. El mayor Ballejos, uno de los prisioneros libertados de las casamatas del Callao en 1820, era en aquella época mayor de plaza; el cual entró en las ideas de conceder protección á los indios, y su celo y humanidad ayudaron eficazmente á producir los más favorables efectos. El doctor Asín, secretario del gobierno departamental, se distinguió igualmente por su filantrópico celo é integridad de conducta.

Los soldados que montaban la guardia á la puerta de la Casa de Gobierno y uno de los propios criados del prefecto, fueron castigados por emplear á los indígenas en contradicción al espíritu de los últimos decretos á presencia de la parte ofendida. Había sido costumbre en el ejército real, y lo era aún demasiado entre los soldados patriotas, detener los primeros indígenas que encontraban en la calle y obligarles á limpiar los cuarteles, traer leña y agua y ejecutar los oficios más bajos y molestos. El hábito había familiarizado á los oficiales con aquella costumbre y rara vez corregían el mal; pero lo más digno de notarse es que los soldados indúgenas eran los más tiránicos en exigir estos servicios degradantes de sus hermanos.

Otro pequeño incidente produjo un efecto poderoso sobre los pobres oprimidos indígenas. Deseosos los azogueros de manifestar su patriotismo, acordaron en una [252]



reunión de la municipalidad en ayuntamiento pleno que se deducirían dos reales y medio vellón de cada marco de plata que se vendiera en él, como una suscripción general para cubrir los gastos de la recepción y manutención del general Bolívar en Potosí. Los oficiales del Banco hicieron una deducción semejante é indebida de los puches, ó pedazos de plata y oro llevados a vender por los indígenas. Tan pronto como el prefecto tuvo conocimiento de esta medida, fué personalmente al Banco, donde estaban una porción de ellos esperando el pago del metal que habían entregado. Hecha la información debida, resultó haberse deducido indebidamente noventa y cinco duros; pero como era imposible saber el tanto que cada indio había perdido, mandó el prefecto á su íntérprete que dijera, en lengua quichua, que los empleados del Banco habían incurrido en su desagrado por la deducción que habían hecho; que los indios podían acudir á él personalmente en caso que tuviesen en lo sucesivo algún motivo de queja, y que respecto á que los individuos propietarios de los noventa y cinco duros no podían conocerse exactamente, se iba á tirar aquella cantidad y cinco duros de su bolsillo, para que los que se hallaban presentes cogieran cada uno los que pudiesen. Cien duros en monedas pequeñas se extrajeron en su consecuencia del Banco, y el prefecto los tiró entre la multitud con sus propias manos. Desde entonces, en vez de disponer de contrabando de sus puches, como frecuentemente lo hacían antes, con pérdida considerable de las rentas del gobierno, llevaban constantemente su plata al Banco, sin temor que les defraudasen lo más mínimo.

Secundado por la buena voluntad de los habitantes, pudo establecer el prefecto una policía bien ordenada. Las calles se barrían en días determinados, las casas se blanquearon y la villa adquirió un aire de limpieza y conveniencias muy diferente del que tenía cuando entraron los patriotas. La posta y comunicación por tierra con [253]



Buenos Aires se estableció dos veces al mes; el camino desde Leñas á Potosí, y el de Potosí á los confines del departamento hacia Chuquisaca, uno de los peores del Perú, hasta la distancia de treinta leguas, se recompusieron é hicieron transitables. Aunque Potosí fué la última ciudad del Perú que se hizo independiente, fué la primera que levantó un monumento á sus libertadores, pues antes que llegase el general Bolívar, había erigido en la plaza principal un obelisco de sesenta pies de alto.

Un escritor superficial de viajes en la América del Sur ha preguntado: "¿Qué han ganado los indios con la revolución?" A esta pregunta contestamos que han ganado la abolición de las horribles opresiones siguientes:
La mita
La perpetua minoridad (1)
La servidumbre doméstica en calse de pongos, y
El tributo.

Efectuadas muchas reformas provechosas, la formación de instituciones útiles fué el objeto á que se dirigió la atención del prefecto. Habiéndose decidido que se estableciera en Potosí un colegio para estudiar mineralogía, fué autorizado el prefecto para adoptar las medidas necesarias á fin de procurar profesores, libros, instrumentos, etc., etc. después determinaron que la instrucción que se daría en él sería más general, dejando siempre la mineralogía como el objeto principal. El general Miller debía ser el patrono del nuevo colegio; entre otras medidas preparatorias que adoptó, fué ir á inspeccionar varios edificios públicos y eligió el convento de San Francisco como el más á propósito para convertirlo en colegio. Sus frecuentes visitas á él excitaron el temor de los frailes, y [254]

(1) Acorde á las leyes de Indias, ningún indio podía entrar en transacciones arriba del valor de cincuenta duros sin la sanción del protector de los naturales, empleado nombrado por el rey de España. En cada provincia había uno, y como estos "protectores naturales" tenían grandes oportunidades, engañaban á los pobres indios sin misericordia.



habiéndolo notado, dijo un día al prior: "Conozco que está usted alarmado con mis visitas y quiero poner fin á sus dudas, diciéndole mis intenciones. Yo pienso proponer este convento para que se establezca en él un colegio; si usted tiene algo que oponer á ello, puede usted escribir al Libertador, al general Sucre ó á quien quiera y decírselo. Doy á usted entera libertad para que lo haga; pero si tienen ustedes al fin que salir de él, yo prometo á usted que el cambio no perjudicará á ninguno de ustedes." Los frailes, que se habían preparado para oponerse, si era posible, á cualquiera propuesta que hiciese relación á su domicilio, parecieron quedar desarmados con esta franca declaración, y no pusieron dificultad alguna; pero el general Miller salió de Potosí antes que pudiese llevar a efecto su plan proyectado. Los frailes de este convento domrían rara vez dentro de él.

Algunos años antes de esta ocurrencia, en otro monasterio, una parte del cual empleaban los realistas como almacén de pólvora, sucedió la siguiente catástrofe. Una noche, á las doce, durante una tremenda tempestad cayó desgraciadamente un rayo en el almacén, lo incendió y su explosión destruyó casi todo el edificio. A la mañana siguiente, escasamente quedaban vestigios de aquel inmenso monasterio, y todos lamentaban la pérdida de los justos y bienaventurados frailes que lo ocupaban. Se dice que hicieron el examen más prolijo y afanoso para ver si hallaban sus santos restos; pero mientras las gentes estaban ocupadas tan piadosamente fueron sorprendidas de tiempo en tiempo, primero, por uno de los monjes del convento, que se llegó á ellos, y luego otro y otro, hasta que, después de haber trabajado por cerca e dos horas, tuvieron la satisfacción de descubrir que ninguno de los santos padres había padecido por auqella terrible desgracia. Cada uno de ellos hizo relación de la causa de su ausencia, sin comprometer la santidad de su carácter, y parece que todos ellos habían estado empleados en obras de caridad cristiana y de general beneficiencia. [255]



Habiéndose anunciado oficialmente la proyectada visita del general Bolívar á Potosí, el general Miller preparó la Csa de Gobierno (1) para aoljar al Libertador, y la cual es una de las casas mejor construídas que se hallan entre Lima y Buenos Aires. Los cuartos son bien proporcionados y están bien repartidos y adornados profusamente con florones dorados, grandes espejos y elegantes arañas. Como no podían encontrarse alfombras, se cubrió el suelo con rico paño carmesí y se amuebló la casa de nuevo con toda la apariencia de decencia y comodidad. Hallándose la villa de Potosí destituída de la mayor parte de los artículos de lujo conocidos en Europa, mandaron una porción de mulas á Tacna por servicio de mesa, quincalla y cristal, y procuraron cantidad de vinos, licores, cerveza fuerte y sidra inglesa y otros varios articulos. El prefecto tenía costumbre de convidar á comer todos los domingos á los jefes de los diferentes ramos y algunos de los principales habitantes. Estas personas se reconciliaron bien pronto con el Champaña, cuyo vino hasta entonces no se había visto jamás en Potosí, y el Burdeos y el Oporto rara vez pasaban sin el saludo correspondiente; pero pocos se animaban á los licores producto de la cebada fermentada, hasta que la repugnancia fué gradualmente desapareciendo por la fuerza del ejemplo, y el pale ale, ó cerveza fuerte, llegó á hacerse la bebida favorita (2).

Las manufacturas inglesas estaban al principio sumamente caras; pero su abundancia redujo pronto los precios y se difundió rápidamente el gusto por ellas. Los soldados que recibían su prest mensualmente empleaban [256]

(1) Ninguna otra casa de Potosí tiene la comodidad de una sola chimenea, pues, según la costumbre española, usan brasero en el invierno.
(2) Después que el general Miller salió de Potosí, descubrió que sus criados tenían costumbre de vender á los indios que venían de puntos distantes del país botellas vacías de cerveza ó vino, á duro ó á duro y medio cada una.



generalmente el sobrante que les quedaba en comprar artículos de fábrica inglesa. La población indiana, cuyo traje había estado antes reducido á telas groseras de lana hiladas y tejidas en el país, principió á comprar manufacturas inglesas.

La sociedad de Potosí, en la época á que se hace relación, era más numerosa y agradable que en lo ordinario, por circunstancias extraordinarias. Muchas viudas de oficiales realistas y empleados civiles se retiraron, naturalemente, al punto que por más tiempo se conservó á favor del rey; veinte ó treinta eran naturales de salta, donde la gracia y hermosura parece haber fijado su residencia. El Ayuntamiento, los comerciantes y los oficiales de la guarnición dieron bailes magníficos y sucesivamente al nuevo prefecto, el cual pagó estos obsequios dando otro no menos espléndido. En todos estos bailes, así como en funciones particulares, se hallaba tanta belleza, elegancia, gracia para bailar y quizás más alegría y jovial franqueza que se encuentra en muchas reuniones europeas.

La sociedad ganó mucho y recibió nuevo impulso por la llegada de una porción de caballeros, que acompañados de un numeroso estado mayor civil iban á comprar minas ó tomar posesión de otras compradas en Londres, algunas de ellas á personas que tenían tanto derecho de disponer de ellas como de otras tantas leguas cuadradas del Océano. Varias de las minas vendidas en esta forma habían sido declaradas vacantes (1). En Buenos Aires, Salta, Arequipa, etc., formaron otras asociaciones para tomar posesión legas de las minas, con el solo objeto de venderlas á especuladores europeos. estas asociaciones revendedoras contribuyeron también á aumentar la población de Potosí con la llegada continua de agentes, que [257]

(1) Las minas que por espacio de un año y un día quedaban sin trabajarse eran la propiedad del que las denunciaba, y pedía su posesión con objeto de explotarlas. El reclamante no tenía más que probar el hecho y pagar una pequeña cantidad por gastos de oficina. esta traslación de posesión se llamaba provisión de las vacantes.


movidos por halagüeñas esperanzas, eran de los miembros más festivos de la sociedad.

Mientras todos estos caballeros estaban afanosamente ocupados en pujarse unos á otros, ó en llevar á efecto sus multiformes contratos, ocurrió una circunstancia que paralizó todos los negocios y probó cumplidamente que las cabezas estaban tan atolondradas en Potosí como se veía lo estaban en otras partes. Esta circunstancia fué el anuncio de la llegada á Córdoba de un inglés, á quien nunca se daba título inferior al de GRAN COMISIONADO BRITÁNICO, y le anunciaban como representante de una reunión de pares y de príncipes , y con medios superabundantes y debidos poderes para comprar todas las minas del Perú. Por espacio de un mes, cada mañana se anunciaba lo que en su viaje había adelantado el gran comisionado; la Casa de Gobierno estaba llena de personas ansiosas de adquirir noticias, y hasta el prefecto mismo no estaba menos deseoso de saber quién era el personaje que iba á honrar el departamento con su presencia. La esperada llegada de Bolívar se hizo por algún tiempo un objeto de interés secundario; la curiosidad general sufría amargamente, pero el gran comisionado no parecía. El tiempo y la ansiedad, aumentando las ilusiones, suponían ya que varios subcomisionados, secretarios, sota-secretarios, mineralogistas, fundidores, químicos, dibujantes, agrimensores, ensayadores, batidores de oro, plateros, capellanes, cirujanos y sepultureros, con sus respectivas mujeres y familias, formaban parte de su numerosa comitiva. Mientras la mente de cada individuo vagaba por los espacios imaginarios, recibió el prefecto una carta, firmada únicamente por JOSEPH ANDREWS, la cual manifestó que el Gran Comisionado Británico era su buen amigo el capitán Andrews, nombrado agente de una asociación, cuyos directores, á semejanza de otros, habían llevado sus miras al más alto grado de extravagancia. Pero al fin se vió que la consecuencia natural de cabezas vacías era vaciarse los bolsillos, y grandes pérdi- [258]



das ocurrieron en el paraje mismo donde la naturaleza había provisto de los medios de grandes ganancias á empresas racionales, si hubiesen consultado á la prudencia, tenido previsión y obrado con economía. El capitán Andrews fué uno de los que economizaron los recursos de los que le habían empleado, y al mismo tiempo adquirió la confianza de los tenedores de minas más repetables. Si hubiese sido ayudado competentemente por la compañía que representaba, habría podido hacer más, con muy pocos gastos, que la mayor parte de la hermandad de busca-minas, que hicieron gastos tan enormes, principalmente enviando máquinas de que jamás hicieron uso. Aunque no nos consideramos capaces de dar una opinión decidida y terminante sobre el negocio de minas, diremos, sin embargo, que hay muchas minas en el Perú, particularmente en Puno, Guantajaya y Pasco, que, dirigidas con prudente economía, ofrecen el prospecto más ventajoso de una ganancia considerable y positiva; pero esperanzas fallidas, ó la ruina, serán siempre el resultado inevitable de establecimientos desproporcionadamente costosos.

Fuera difícil decidir si el mal manejo de klos directores ó la concupiscencia del público inglés merece mayor censura; lo cierto es que la muchedumbre, crédula y codiciosa, suministró solícita los medios para los gastos más extravagantes. Extraviadas por las ilusiones de la avaricia gentes que se habían guardado cautelosamente de entrar en tales especulaciones mientras los precios eran bajos, creyendo arriesgado mezclarse en ellas, no pudieron ver sin envidia que sus vecinos principiasen á recibir considerables sumas por el crecido aumento del valor de las acciones de las minas, y se precipitaron al mercado y compraron cuanto se les presentó á la vista, y cuanto más subían los precios más se aumentaba su frensí y el deseo de ser poseedores de ellas, sin que en ello mirasen siquiera el reslutado final de la empresa misma, sino únicamente ganar dinero en el momento. Acciones que al [259]



principio tenían un precio de 15 ó 20 libras, subieron en el corto espacio de seis semanas al premio [sic] enorme de 1.700 libras esterlinas cada una. Un frío paroxismo se siguió á aquella tremenda calentura; el terror pánico de 1825 ocurrió, y temores tan infundados como las anteriores esperanzas aumentaron el mal y causaron la ruina de cientos de individuos. La disolución de la mayor parte de las compañías de minas se siguió, y ésta se verificó precisamente en un momento en que algunas de ellas habían alcanzado ya un prospecto ventajoso para realizar su empresa. La odisea de estas transacciones recayó principalmente sobre los directores de las compañías, pero debió, con más razón, aplicarse al público, que después de haberse manifestado tan loco afán por estas empresas y especulaciones, privó repentinamente á los directores de los medios de poderlas llevar á efecto.

Los lavaderos de oro de Tipuani, en la provincia de Larecaja, están á setenta leguas al Noroeste de la ciudad de La Paz, y se encuentran en tres arroyos que bajan de la parte de la cordillera llamada Ancona, que está siempre cubierta de nieve. Estos lavaderos han sido labrados desde el tiempo de los Incas, como lo prueban los instrumentos que suelen encontrarse embebidos entre la tierra que las avenidas han acumulado, y lo que manifiesta el tacto é inteligencia de los antiguos peruanos es que esta clase de instrumentos se hallan siempre en los terrenos más productivos. Los lavaderos acaban donde el río Tipuani toma el nombre de Beni, y donde es ya navegable para botes hasta las Amazonas. A las diez ó doce varas de la superficie se halla oro en pepitas, en capas de arcilla de una hasta dos varas de espesor: su cualidad es de veintitrés quilates y medio. Todas las faenas de los lavaderos se ejecutan á brazo. Los hoyos ó excavaciones que hacen los achican con cubos, aunque las montañas están cubiertas de hermosos árboles, con cuya madera podían construir bombas de mano con mucha facilidad. El clima es muy ardiente y las tersianas muy generales.

Los habitantes indígenas del Perú van gradualmente experimentando los beneficios que les resultan de la abolición de las antiguas leyes opresivas. En los distritos que producen oro se redoblarán sus esfuerzos, puesto que en el día trabajan para ellos mismos; pueden obtener este precioso metal con sólo escarbar la tierra, y aunque la cantidad que cada individuo recoja sea muy pequeña, las sumas de estas pequeñas cantidades formarán una muy considerable. A proporción que los indígenas adquieran mayor riqueza, contraerán el deseo y la necesidad de las pequeñas comodidades de la vida; el consumo de las manufacturas europeas aumentará á un grado incalculable, y los efectos que producirán en el comercio general del globo se conocerán palpablemente. A la primera y más activa nación manufacturera del mundo corresponde sacar la debida ventaja de circusntancias tan favorables. Ya en el día se emplean, probablemente, las manufacturas inglesas el doble de toneladas, y quizás excedan veinte veces el valor de las importaciones de todas las otras naciones extranjeras juntas. Los vinos y cositas de gusto y caprichosas de Francia y la harina y muebles de casa de los Estados Unidos no pueden entrar en parangón con los percales de Manchester, los lienzos de Glasgow, los paños finos de Leeds, ó la quincallería de Birmingham; todo lo cual está probado por la mayor proporción de metales preciosos remitidos á Inglaterra, comparados con las remesas hechas á otras naciones. El solo envío de relojes de los Sres. Roskell y Comp., de Liverpool, puede contrabalancear la exportación de algunas de las naciones que comercian con la América del Sur.

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WIKIPEDIA:
William Miller (Wingham, Inglaterra, 12 de diciembre de 1795 - † Lima, Perú, 1861, también llamado Guillermo Miller en Latinoamérica), fue un militar británico que contribuyó de manera sobresaliente en la guerra de independencia de Argentina, Bolivia, Chile y Perú.
En 1824 El Libertador Simón Bolívar lo nombra general en jefe de la caballería independentista. Así combate en la Batalla de Junín y la Batalla de Ayacucho.
Su notable desempeño durante la guerra le valió ser ascendido al grado de Mariscal del Ejército del Perú. En 1821 había participado de la creación del regimiento de caballería Húsares de la Legión Peruana, los que, a consecuencia de haber intervenido heroica y decisivamente en la Batalla de Junín, fueron renombrados como "Húsares de Junín". Ese regimiento constituye actualmente la Guardia del Palacio de Gobierno del Perú.
Tras la capitulación de Ayacucho fue nombrado gobernador de la Villa Imperial de Potosí pero en 1825 viaja de regreso a Inglaterra para reponer su maltrecha salud luego de casi 10 años de lucha continua contra el Imperio español. En 1828 por intermedio de su hermano Jhon Miller publica en Londres la obra "Memorias del General Miller, al servicio de la República del Perú", publicación que tuvo gran acogida en las principales editoriales inglesas.
Regresó al Perú en 1831 para cumplir diversas responsabilidades militares y diplomáticas. En 1835 se vio envuelto en la guerra entre Andrés de Santa Cruz y Felipe Santiago Salaverry apoyando al primero en su proyecto confederacionista pero tras la derrota y fusilamiento de Salaverry, por quien Miller había intercedido para que le fuera perdonada la vida, se exilió del escenario político y militar no tomando parte de la guerra entre la Confederación Perú-Boliviana con Chile, la Confederación Argentina y los restauradores peruanos.
Por motivo de haber apoyado a Santa Cruz fue dado de baja y borrado del escalafón militar por las nuevas autoridades peruanas cuando la Confederación fue derrotada. Paso varios años como consul británico en Hawai hasta que pasadas las pasiones de la guerra el gobierno peruano le devolvió su título de Gran Mariscal
Pasó sus últimos años en Perú hasta que sintiendo la proximidad de su muerte solicitó ser llevado a un buque británico que se encontraba frente al Callao donde falleció poco después a la edad de 66 años.[2]
Después de su muerte se descubrió que todavía tenía (en su hígado) dos balas alojadas en su cuerpo, recuerdo de las más de veinte heridas que había recibido en sus batallas. Sus restos fueron enterrados en el Cementerio británico de Bellavista y luego, en 1926, fueron transferidos al Panteón de los Próceres, en el Parque Universitario de Lima, donde todavía descansa. [Con datos parciales de Wikipedia]