martes, 12 de abril de 2016

Algo más acerca de Zavaleta

Hugo Rodas: Hay un uso instrumental de Zavaleta

Rodas lleva trabajando décadas para reconstruir  la figura de René Zavaleta Mercado, el autor presentó en México una tesis que la convirtió en libro.  Habló con Animal Político y dio algunas pinceladas sobre un político y ensayista que no pierde actualidad.
Hugo Rodas. Foto: Fernando Cartagena.
La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega / La Paz
00:03 / 28 de marzo de 2016
Tiene la certeza de que no ha escrito la última palabra de su libro pues le cuesta dar por finalizada una obra y estar conforme con el texto acabado. Hugo Rodas Morales es un detallista al que le gusta la perfección.  El autor trabaja y vive en México; llegó a Bolivia para presentar su último libro René Zavaleta Mercado: El nacional-populismo barroco. Se trata de una aproximación minuciosa a uno de los intelectuales más importantes de Bolivia del siglo pasado y un ícono del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).
— Tengo entendido que el libro que presentará es producto de su tesis en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). ¿Cuánto tiempo le ha llevado investigar a René Zavaleta Mercado?
— Diría que se trata de un retorno a Zavaleta que cuenta tres décadas y no concluye debido a la actualidad renovada, en el ámbito latinoamericano, de dicho intelectual boliviano. Plural Editores publica un texto corregido y aumentado del aprobado por el Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos (Ppela) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 2014 y que es una investigación eminentemente académica. Si bien la tesis estuvo concluida en 2013, proviene de lecturas mías desde un año antes del lamentable y prematuro fallecimiento de Zavaleta, esto es, desde que la editorial Juventud publicara en La Paz Las masas en noviembre (1983). En 1991 publiqué un primer artículo de prensa en el desaparecido diario Última Hora de esa ciudad, reaccionando a mi lectura de Lo nacional-popular en Bolivia (México, 1986) y luego participé y colaboré en distintas intervenciones públicas sobre la obra de Zavaleta, tanto en La Paz como en Ciudad de México, a partir de tareas de investigación en la Facultad Latinoamericana en Ciencias Sociales (Flacso, 1996). Una década después formé parte del texto colectivo: René Zavaleta Mercado: Ensayos, testimonios y revisiones (México-Buenos Aires, 2006).
— ¿Comparte la opinión de que a Zavaleta se lo tiene muy “olvidado”, especialmente en Bolivia?
— En absoluto. Esa opinión, de quien fuera amigo e investigador junto a Zavaleta en la UNAM, el notable marxista ecuatoriano Bolívar Echeverría, pretendía estimular a quien escribe, desconociendo las tesis académicas bolivianas existentes para entonces, hace algo más de una década.
— Pero en el último tiempo Zavaleta ha cobrado notoriedad. Por ejemplo, el vicepresidente Álvaro García Linera ha explicado que Bolivia era, hasta 2005, un “Estado aparente” pues no logró “condensar la totalidad de la sociedad”. Ésta sería una explicación “zavaletiana”. ¿Usted, comparte este punto de vista?
— Como es evidente para la comunidad académica, que ha estudiado a René Zavaleta Mercado con un rigor ajeno a derivaciones de su obra con fines instrumentales (paraestatales), lo que se tiene del “más importante ensayista del siglo XX” —a decir del doctor Mauricio Souza, que ha establecido las Obras completas de Zavaleta, publicadas en cuatro volúmenes por Plural Editores recién el año pasado— es un corpus teórico no menos desafiante que la dinámica sociedad boliviana, frente a la pobre institucionalidad estatal, por mucho que se llame plurinacional. Pretender que un Estado “condense la totalidad de la sociedad”, es debatir definiciones en un lenguaje aparentemente teórico; la mera existencia de un Estado implica algún grado de unificación de lo social y en ningún caso, realmente existente, de la “totalidad de la sociedad”.
La interpretación de Álvaro García sobre la noción de “Estado aparente”, si exceptuamos la función que eventualmente ocupa como vicepresidente, tiene por “aparente” una condición que habría sido superada por la “realidad” del actual Estado Plurinacional, ocultando el que la mediación para dicha forma estatal anterior y la actual es la misma: el carácter prebendal de la lealtad al Estado por una sociedad a la que el partido de gobierno expropia la política, monopolizándola (ayer el MNR y su derivada barrientista y banzerista, hoy el Movimiento Al Socialismo, MAS), mientras declara discursivamente unificarla.
— ¿Cree que Zavaleta acertó o se equivocó al hablar de “neopopulismo”, en Bolivia? ¿él empleó ese término?
— Zavaleta no se refirió al neologismo mencionado (neopopulismo), sino al populismo como corriente conciliadora de posturas encontradas. Me parece que la valoración que se haga al respecto debe considerar las distintas valencias que históricamente asumen las posturas en tensión, las que el actual neopopulismo inspirado en autores afines a Ernesto Laclau interpretara como una racionalidad de distintos significados articulados como hegemonía posible. Quizá sea un error pretender “ver” en la realidad la teoría, no solo sino especialmente de Zavaleta, por los matices que “Bolivia” como unidad poco homogénea exige trazar, si se quiere algo mejor que la ficción de una “teoría aplicada”.
— El autor del libro Lo nacional-popular en Bolivia ha sido un personaje clave del MNR ¿fue uno de los más críticos del partido rosado o fue lo contrario?
— Fue siempre un “intelectual del orden”, como decía por su parte con toda razón de Hegel respecto al Estado prusiano. ¿Cómo podría ser autocrítico quien promoviera, más que cualquiera en su partido, al general René Barrientos para la vicepresidencia del MNR en 1964; o que silenciara el papel protagónico de su oscuro conmilitante y amigo Guillermo Bedregal en la masacre de Todos Santos de 1979, mediante el coronel Alberto Natusch y otros altos oficiales como Luis García Meza? La teoría no emana autocrítica, así como existen filósofos marxistas que no debaten, es decir que no luchan por la realidad en curso.
La noción de la “unidad de los opuestos” en Hegel puede servir como alegoría para entender el que una obra altamente productiva en lo teórico sea esencialmente conservadora, es decir que su ambigüedad estructural podría disuadir la revolución antes que alentarla. Algo semejante se puede desprender del bonapartismo de Zavaleta, que aparece acentuado en los momentos de la historia boliviana en la que el proletariado acosaba al MNR, al MNRI (Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda) de Hernán Siles Zuazo por ejemplo, a comienzos de los 80 del siglo XX. Esto se debe, según entiendo, a que Zavaleta mitificaba el hecho revolucionario de abril de 1952 como un origen de nuestra sociedad y ampliaba esto al lenguaje (que tampoco tiene origen) de la revolución.
— Cree que habría “sobrevivido” el MNR siguiendo el camino que Zavaleta proponía?
— Esta pregunta quizá podría replantearse colocando el lugar de la determinación en el colectivo y no en el individuo que es parte de la misma. El MNR tuvo “segundas vidas” antirrevolucionarias, mientras que la obra de Zavaleta deja mucho para aprender en un sentido renovador.
— Zavaleta era un personaje con marcados afectos y desafectos. Durante su investigación, usted explica que él fue muy crítico de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Además, menciona una escena curiosa cuando ambos fueron confinados a Madidi. ¿Cómo era la relación entre ambos?
— Fue una relación de mutuo distanciamiento, cuyos aspectos anecdóticos importan menos que sus implicaciones histórico-políticas. El confinamiento de Zavaleta en Madidi (1968) se debió a su participación crítica en foros universitarios, sobre el destino del gas que imponía el régimen de Barrientos, muy poco después de haber sido un candidato del MNR al que Zavaleta promoviera en la universidad pública y mediante un libro de su autoría. El confinamiento de Quiroga Santa Cruz era resultado del enjuiciamiento previo en el Congreso al Presidente en ejercicio y su Ministro de Gobierno, Barrientos y Arguedas, además del tema del gas. Lo que esta anécdota oculta es una cuestión central inscrita en el lenguaje y que mi estudio intenta explicar: que el lenguaje sea ejercitado como anterior al sí-mismo (esto es, reconozca al otro como fundante de nuestra individualidad; el caso de Quiroga) o como un origen definido (en Zavaleta).
— Pero, ¿cómo era su relación? Quizás había algo de celos intelectuales entre ambos...
— Fue una relación de mutuo distanciamiento y por celos que eran comprensibles: Quiroga destacó fuera de Bolivia como escritor, era un miembro de la prensa reconocido y apreciado, un parlamentario descollante y que encabezó dos juicios de responsabilidades, fundador del Partido Socialista con arrastre en el proletariado minero, polemista imbatible de prosa cristalina... Zavaleta tuvo una presencia menor en estos ámbitos, en los que buscara especialmente ser reconocido, su influencia académica era el aspecto más notable. La clave de todo ello corresponde, me parece, a lo que podríamos llamar la dialéctica del lenguaje.
— Quisiera que me explique cuál es la influencia que tuvo Zavaleta en las siguientes generaciones de políticos, en Bolivia.
— La recepción dispersa de su obra ha favorecido quizá usos y abusos poco rigurosos, en especial en el ámbito político, en el que, como Zavaleta dijera, la llamada izquierda demostró un talante antiintelectual; lo intelectual supone, por supuesto, autonomía respecto al discurso hegemónico e importancia de la teoría. Zavaleta señaló (en Lo nacional-popular en Bolivia), como tendencia conservadora en Bolivia y en América Latina, que se apelara al excedente antes que a las ideas; esto es lo que la mejora económica boliviana, sin reforma intelectual y moral, expresa como rasgo conservador nuestro.
— ¿Qué opina cuando el Vicepresidente usa como referencia constante a Zavaleta?
— Siendo esa práctica discursiva un lugar común de la ciencia social boliviana, convendría problematizarla. En el caso del Vicepresidente, existe un antecedente público: al salir de la cárcel, después del fracaso del EGTK (Ejército Guerrillero Túpac Katari), declaró que “desde sus 18 años despreciaba” (el término es suyo) a toda la izquierda partidaria boliviana, incluido el PS-1 (Partido Socialista 1) dirigido por Marcelo Quiroga Santa Cruz. Solo exceptuaba a Zavaleta por su teoría marxista. Esta reducción de la política y la historia boliviana a una teoría, además vinculada a un solo autor nacional, es expresiva del sentido autorreferencial que para Álvaro García tiene la mención de Zavaleta.
Me parece que al igual que con otros autores a los que el Vicepresidente alude reiteradamente, como una “marca” de pensamiento en el mercado de las ideas autodenominadas progresistas, como (Antonio) Gramsci, (Pierre) Bourdieu, el resultado del debilitamiento de la teoría en favor de su instrumentación burocrático-estatal es incontestable.
Datos
Nombre: Hugo Rodas Morales
Nacimiento: 3 de agosto de 1965, Cochabamba.
Profesión: Politólogo, diplomado en Estudios Andinos, posgrado en Estudios Latinoamericanos.
Perfil
El politólogo e historiador cochabambino vive dos décadas en México. Sin embargo, la mayor parte de sus investigaciones son pensadas en Bolivia. Entre sus obras más conocidas están: Marcelo Quiroga Santa Cruz: El socialismo vivido y Huanchaca: Modelo político empresarial de la cocaína en Bolivia.




Sobre las lecturas de Zavaleta

Prólogo del libro René Zavaleta Mercado: El nacional-populismo barroco ( Plural, 2016) de Hugo Rodas, que se presentará la siguiente semana en La Paz.

sábado, 26 de marzo de 2016
Sobre las lecturas de Zavaleta
Mauricio Souza Crespo
Escritor
La diosa Fortuna
Sobre René Zavaleta Mercado -que acaso sea el más importante ensayista boliviano del siglo XX, como Gabriel René-Moreno, su ídolo, lo fue del XIX- tal vez ya se pueda hablar de fortuna crítica (para, claro, celebrarla).
Porque son pocos, muy pocos, los autores que en la historia de nuestra cultura han merecido -como él- tal sostenida atención y perseverancia exegética (devota u hostil, poco importa). 
Este interés por Zavaleta Mercado se distingue además porque ha provocado, con una frecuencia inusual para Bolivia, la real lectura de su obra -algo que difícilmente sucede con una parte considerable de lo que sobre René-Moreno o Villamil de Rada o Tamayo o Arguedas se ha escrito: a menudo expresiones de la encomiástica o la diatriba poco o nada preocupadas con la especificidad de un pensamiento-. 
En suma: sobre Zavaleta no solo hay una bibliografía, sino que los textos que la conforman son por lo general legibles, interesantes, no pocas veces lúcidos. 

Las lecturas de Zavaleta
Las interpretaciones de la obra zavaletiana pueden ser organizadas en dos grandes destinos: por un lado, es cierto que muchos de sus textos han sido leídos bien; por el otro, también abundan los abusos e instrumentalizaciones. Del abuso de su obra, además de señalar que existe y que últimamente amenaza con convertirse en una pequeña industria, difícilmente es posible intentar generalizaciones que no sean sociológicas.
Son abusos que corresponden a los riesgos de toda lectura y que van, en este caso:

a) Desde las instrumentalizaciones para-estatales de conceptos (como la banalización de abigarramiento, que deviene una categoría celebratoria, del tipo: "¡Ay qué lindo, qué abigarrados que somos!”; o como la del concepto de Estado aparente, que nombra ahora, en las fantasías del populismo corporativo, aquel Estado no entregado a una insaciable centralización autoritaria). 
b) Hasta las críticas liberales de Zavaleta Mercado, un tanto innecesarias pues comprueban simplemente -aunque monten un espectáculo histérico con su "descubrimiento”- que Zavaleta era marxista (y, por lo tanto, poco inclinado a compartir los dogmas liberales de estos alarmados intérpretes).

Felizmente, la mayor parte de las lecturas de Zavaleta no son abusos y, de hecho, son útiles. Y puesto que ha corrido el rumor de que su obra no es fácil -i.e. que requiere de explicaciones-, esas lecturas son incluso imprescindibles. Algunas son exégesis puntales (como las de Luis H. Antezana), otras son totalizadoras (como la de Luis Tapia), pero comparten, a pesar de sus estilos y ambiciones diversos, una misma pulsión descriptiva, casi pedagógica: quieren explicar a Zavaleta. 

La diferencia de Rodas
En este libro, Hugo Rodas también quiere explicar a Zavaleta Mercado. La suya es una explicación que busca su diferenciación en por lo menos tres gestos: 

a) Es sostenida e inmisericordemente crítica con la obra de Zavaleta, obra en la que identifica límites, renuncias, parálisis y retornos vinculados a lo que llama "el nacional-populismo”.
b) Presta atención a la construcción escritural, a la cuestión del estilo (barroco) de Zavaleta, que no es, en su lectura, mero obstáculo (o defecto) que habría que despejar del camino sino principio constitutivo de la manera en que los conceptos (o metáforas) son creados. Esta atención, habría que añadir, es el resultado de una lectura minuciosa, de esas que resultan de un regreso (de una vida entera) a los textos.
c) Aborda, por vías más bien múltiples, la relación entre vida y obra. Este libro es, por eso, no solo una explicación de los textos de Zavaleta sino su biografía político-intelectual.

De su fervor crítico (a) y de su atención a la escritura de Zavaleta (b) -diferencias de la lectura de Rodas que el lector puede explorar a su antojo y en detalle leyendo este libro- no diremos mucho en estas líneas prologales.
Bástenos señalar que ese su impulso crítico no pocas veces es alimentado por los vientos de la polémica y que se sabe algo especulativo (aunque, casi siempre, plausiblemente especulativo). Y que su atención al "barroquismo” discursivo de Zavaleta va mucho más allá de señalar que "escribía en difícil” para rastrear aquello que ya Zavaleta había notado en Marx, es decir, que "la expresión tiene su propia misión hacia la ciencia, pero también una misión política”. (Y difícil no pensar aquí, respecto al "problema de la expresión”, que Rodas, en su escritura, se inclina mucho más -por sus preferencias agónicas y digresivas, no lineales- al estilo de Zavaleta que al de Marcelo Quiroga Santa Cruz, escritor y político al que admira casi sin reparos). 

Obra y vida de Zavaleta
Si algo diferencia la lectura de Rodas es el principio mismo que la organiza y hace posible: la articulación explicativa de vida y obra. O, si usamos los términos de Rodas, más precisos, la idea que preside su explicación de la producción teórica de Zavaleta es que es una productividad que corre el riesgo de no ser entendida si la separamos "de elecciones personales alrededor de una práctica política militante”. 
En ello, Rodas no se aparta de Zavaleta, para el que siempre fueron significativas las elecciones no solo de la clase sino del individuo. No habría en esto tan solo el reconocimiento de las maneras en que la praxis califica una teoría, sino además el hecho clásicamente moderno de que "ser es elegirse” (frase de André Gide que Zavaleta citó más de una vez y que Rodas destaca).
La respuesta a la gran pregunta de Rodas –"¿cómo deberíamos entender las relaciones entre vida y obra en Zavaleta?”- es, con innumerables matices, bastante clara: la de Zavaleta es la historia, dice, de "un hiato insalvable entre el discurso y la práctica política, es decir, entre el nacionalismo revolucionario y aun la teoría marxista y su involución política conservadora hacia la ideología del nacional-populismo”. 
Esta, la del hiato insalvable, vendría a ser así como la figura emblemática de su interpretación, que no por nada acumula sinónimos para nombrarla: es el impasse, el punto ciego, el sentido esquizoide, el divorcio, en Zavaleta, de teoría y práctica.
La hipótesis explicativa de Rodas sería una simple postulación biográfica, una mera relativización (del tipo: "de la teoría al hecho hay mucho trecho”) si no fuera porque conduce hacia efectos teóricos e historiográficos interesantes. 
Por ejemplo, nos obliga a pensar los momentos de la producción conceptual de Zavaleta no como organizados en una progresión evolutiva (hacia el "marxismo crítico” del final de su vida) sino en una circular y continua relación de tensión, de constante retorno contradictorio a los mismos traumas (i.e.: a su culturalismo y nacionalismo juveniles). Y nos exige imaginar que ciertas especificidades políticas quizás relativicen los alcances de lo teórico (¿por qué Zavaleta no discute, en su texto más famoso sobre el fin del Estado del 52, el papel de sus excamaradas Bedregal y Fellman Velarde en la Matanza de Todos Santos de noviembre de 1979?). O hace posible que entendamos algunas categorías como una sublimación de su aceptación de límites conservadores: la discusión obsesiva del bonapartismo, por ejemplo, sería un intento de conciliar o velar su nacional-populismo, sería una resignación al pacto y a la conciliación, sería una renuncia.
En todo esto, lo que regresa (¿como la obra misma de Zavaleta y su buena fortuna durante el "proceso de cambio”?) es aquel muerto viviente que, pese a los anuncios necrológicos, parece no querer resignarse a su entierro: el nacionalismo revolucionario. Un horizonte que -más allá de aquello que Zavaleta, casi disculpándose, llamó "los padecimientos de la militancia”- lastra como los muertos, cree Rodas, el marxismo del mayor ensayista boliviano del siglo XX.

http://www.paginasiete.bo/letrasiete/2016/3/26/sobre-lecturas-zavaleta-90698.html


René Zavaleta Mercado, ensayos, testimonios

 y re-visiones

Autor: Maya Aguiluz Ibargúen / Norma de los Ríos (coordinadoras)


Género: 


Editorial: Miño y Davial editores, Buenos Aires



Considerada como una obra imprescindible en la interpretación de la realidad boliviana del siglo XX, la de René Zabaleta Mercado (1939 – 1984) forma parte del núcleo clásico de los Estudios Latinoamericanos como lo demuestran El poder dual en América Latina, Las masas en noviembre LO nacional-popular en Bolivia,obras escritas en 1970 y 1980 en las conmocionales décadas de las historia política y social de las geografías regionales y locales de este lado del mundo.
18 colaboradores para esta obra:
En la primera sección René Zabaleta Mercado -RZM- empieza con un par de rastros, dejados con su propia pluma: “Formas de operar el Estado en América Latina (bonapartismo, populismo, autoritarismo” “Nacionalismo”.
Segunda sección “Lo testimonial y lo biográfico”: el poeta e intelectual boliviano “Coco Manto”, Jorge Mansilla nos muestra las maneras de ser, los gestos y posturas de RZM. Con el texto “Memoria en los caminos a Bayamo” de Mario Miranda nos presenta como RZM a partir de la experiencia del trabajo de los mineros comprende uno de los modos locales de producir teoría social. Jorge Cadena Roa revive algunos escenarios de sus sesiones de clase considerada una de las contribuciones teóricas y conceptuales con “RZM, el maestro”. Martín Puchet recupera las concepciones de RZM respecto a la construcción de las  identidades colectiva en su texto: Formas de pensar y hacer de RZM”. Mauricio Gil nos presenta un estudio sobre la obra del autor, con su “Ensayo de biografía intelectual”. Finalmente Hugo Rodas con un trabajo minucioso de historia intelectual con el texto: “Zavaleta: narratividad autobiográfica y socialismo local” cierra esta  sección sobre el proceso revolucionario de 1952.
La tercera sección. Legados y resonancias comienza con “El placer de la política”  ensayo de Roger Bartra, luego Lucía Sala destaca al hombre la la “cultura del boliche” tal como sucedió en la etapa de RZM en México, cuando aparece su obra fundamental. Luego está el análisis de Eduardo Ruiz Condardo que analiza la validez y actualidad del punto de vista en “El poder dual de RZM” y para terminar esta sección “Cachin” (Luis H.) Antezana nos lleva a imaginar las lecturas que hacía RZM con su texto “Zavaleta leyendo Felipe Delgado” preguntándose qué le abría sugerido el contacto de esta novela de Jaime Saenz a RZM.
La cuarta sección. Revisiones desde alguna parte. Mediante la perspectiva de la historiadora Norma de los Ríos empieza esta sección con una reflexión sobre la aportación crítica de RZM. ligando al estudio actual de Luis Tapia y la relevancia para una historia intelectual latinoamericana. Luego “Una mirada comprometida” de Elvira Concheiro identifica al hombre de la acción política, encarando compromisos  fundamentales en la historia boliviana. Maya Aguiluz Ibargüen con su escrito “Zavaleta revisitado “que veinte años no son nada” como en el tango volviendo a una lectura básica sobre la idea de nación. Luis Tapia aporta con “La producción teórica para pensar América Latina” retomando el desafio de pensar la diversidad de América Latina, no solo de la región sino  desde el interior de cada uno de los Estados, nación e historias. El ensayo de Lucio Oliver cierra la sección con: “Lo específico en el debate sobre el Estado y la política” cerrando las revisiones actuales.
El libro cierra con un apartado denominado “In Memoriam” con un extenso ensayo “Recuperar a Hegel” escrito por José Valenzuela Feijóo, donde se ofrece una crítica sistemática a la atmósfera cultural presente, por veinte años asimilada a la ideología neoliberal.
Veamos este párrafo extraído de la presentación de Giovana Valentini Negrini desde FLACSO México:
“Su contribución teórica (de RZM) que gira en torno a la noción de “forma primordial” sirve como idea para pensar la articulación de Estado y sociedadcivil, y sus mediaciones, aunque en países donde hay diversidad cultural no todo puede entrar en alguno de los dos espacios. La distinción Estado-sociedad civil es propia de las constituciones modernas, allá donde se ha separado la vida económica de la vida política y se ha constituido ésta como Estado. Pero en América Latina no hay tal distinción ya que persisten modos de vida comunitaria y las formas de interacción en condiciones de mayor heterogeneidad, o como le denomina Zavaleta, bajo condiciones de “abigarramiento” de la articulación de la vida social. La idea de forma social abigarrada permite pensar la coexistencia de varios tiempos históricos, varios modos de producción, cosmovisiones, lenguas, procesos de reproducción y, sobre todo, estructuras de autoridad y formas de autogobierno. Esta noción refleja la idea de sociedad sobrepuestas, como colores que coexisten sin mezclarse y que solo se enlazan en varios puntos y de mala manera.
“Uno de los rasgos centrales de la vida pública en muchos paises latinoamericanos durante las últimas décadas, ha sido el hecho de que las sociedades parecen menos articuladas dentro de sectores o corporaciones y cada vez más empiezan a emerger sujetos sociales enla esfera de las discusiones sobre proyectos nacionales. Cada vez es más común observar cómo los pueblos indígenas o actores comunitarios se constituyen en asambleas que duplican de manera paralela la autoridad que rige la reproducción de su vida social de manera cotidiana, disputándose  el poder y la distribución de los recursos. De acuerdo con Zavaleta, estos sujetos tienen una matriz cultural distinta y al pretender organizarse de manera paralela modifican las relaciones entre el Estado y sociedad civil preexistentes”
http://encuentrosudamerica.com/item/rene-zavaleta-mercado-ensayos-testimonios-y-re-visiones/

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