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martes, 16 de diciembre de 2014

Abrahamus Ortelius (1527-1598)

Abraham Ortelius (also OrtelsOrthelliusWortels; 14 April 1527 – 28 June 1598) was a Flemish cartographer and geographer, generally recognized as the creator of the first modern atlas, the Theatrum Orbis Terrarum (Theatre of the World). He is also believed to be the first person to imagine that the continents were joined together before drifting to their present positions. (Wikipedia http://en.wikipedia.org/wiki/Abraham_Ortelius?uselang=es)

Charcas, 1589: Maris Pacifici (Abraham Ortelius)

Maris Pacifici (quod vulgo Mar del Zur) Quito, Perú, Charcas, Chili, Patagones.
"Maris Pacifici by Abraham Ortelius. This map was published in 1589 in his Theatrum Orbis Terrarum. It was not only the first printed map of the Pacific, but it also showed the Americas for the first time." http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/4e/Ortelius_-_Maris_Pacifici_1589.jpg

domingo, 1 de diciembre de 2013

Bolivia, territorio de utopías (I)

En busca del mítico ‘país de Ambaya’

Historia de la Conquista: la mirada de un historiador peruano a las ‘entradas’ de 1538 al este de los Andes
La Razón
00:00 / 24 de noviembre de 2013

Una reciente publicación de la Universidad Católica San Pablo de Arequipa —Del régimen hispánico. Estudios sobre la conquista y el orden virreinal peruano, (2013)—, que reúne varias investigaciones del historiador peruano Rafael Sánchez-Concha Barrios, incluye referencias importantes sobre las primeras entradas de conquista a los Antis, desde el Cusco hacia las espaldas de la cordillera andina.

La tercera de estas incursiones, a los Moxos,  comprendió en su desenlace, a decir de los cronistas tempranos, la eventual  “salida por Chuquiapo” (Chuquiavo, Chuquiabo, Chukiawu, en sus diferentes acepciones originales), el antiguo centro multiétnico aymara-quechua-pukina, que diez años después se convertiría en el “pueblo nuevo” de Nuestra Señora de La Paz.

Por caminos diversos pero al final convergentes, Sánchez-Concha Barrios ha coincidido con recientes estudios bolivianos sobre la cuádruple entrada a los Abiscas, Chunchos, Moxos y Chiriguanaes (La ruta de Alonso de Mendoza, UMSA, 2009, por ejemplo) que permitió “descubrir”, para la mirada europea, pues se trataba de un ya famoso centro aurífero y cruce miltiétnico andino, la ancestral marka indígena que hoy es la sede del gobierno boliviano.

En 1538, a partir de la información local sobre mayores riquezas y mano de obra, y aprovechando diversos pasos intercordilleranos, una tropa de 300 españoles y 8.000 nativos enrolados llegó a  los cocales del río Toono, en la cabecera del Madre de Dios buscando el remoto “país de Ambaya”, en el  entonces mítico este de los Andes.

Sin hallar “más que selva y lluvias”, la hueste regresó a los valles aledaños al Cusco para emprender luego, por el sur de  Calabaya la  Grande (Ayaviri) y Calabaya la Chica (Larecaja), una nueva ruta que los llevaría hacia los Chunchos de la actual Amazonía paceña y a los Moxos al este del río Diabeni. Paralelamente, el grueso de la tropa había hecho su ingreso a Cochabamba y los Chalcas, asentando dominio en las minas del tata Porco y sus alrededores, después de rendir a la confederación Qaraqara-Charka.
Diezmados y en harapos, los sobrevivientes de la entrada a los Moxos retornaron, sin embargo, emergiendo por Larecaja y probablemente por Chuquiabo antes de asentarse en Huarina para emprender la marcha hacia los Chiriguanos (más allá de Tarija), de los cuales se hablaba ya en 1534, mucho antes que de los Charcas.

La primera parte del estudio de Rafael Sánchez-Concha, La época de los conquistadores, “muestra bien cómo se constituían entonces los objetivos de esas entradas, quiénes formaban, a partir de qué situación interna dentro del grupo conquistador y de qué fracturas se decidían los soldados”, comenta Bernard Lavalle, de la Université Sorbonne Nouvelle, Paris.

“En un periodo del cual se han perdido varios documentos o se encuentran dispersos, resulta un gran mérito reconstruir los acontecimientos vinculados a la conquista, en la historiografía peruana hacía falta un desarrollo histórico más amplio de estas incursiones exploratorias”, dice Fernando Valle Rondón, director del Centro de Estudios Peruanos de la Universidad Católica San Pablo de Arequipa que con esta publicación abrió su colección Historia, Sociedad y Cultura.

martes, 26 de noviembre de 2013

La pregunta de Charles Darwin

Atacama: Charles Darwin exploró el desierto de Atacama. Aquí, las notas de su diario de viaje precedido por un par de documentos coloniales potosinos que arrojan luces sobre la teoría de un cambio climático que explicaría la desaparición de la civilización inca en el área. 


1.- DIEGO HUALPA (1572)

"Y procediendo este yanacona Gualpa en su confisión de lo que era y vido en aquel tiempo en el cerro de Potosí, dijo que junto a la corona del cerro estaban en aquel tiempo como diez o doce árboles de quínua grandes, entre los cuales estaban camas de leones desta tierra, y en todo el cerro por ninguna parte dél había más montaña hasta bajar a lo que hoy es ranchería de indios y pueblo despañoles, que en estos lugares había mucha cantidad de arboleda que se dice quínua, de la cual me mostró este dicho indio Gualpa un palo grueso que tenía en su casa, que era de los de aquel tiempo. He querido decir esta particularidad, porque hoy no se hallará en toda la redondez del cerro ni en todo lo poblado de Potosí un árbol ni apenas otra cosa que le parezca, por estar ya muy trillado ansí de indios como de españoles." (Relación del Cerro de Potosí y su descubrimiento, firmado en Potosí el 31de diciembre, 1572, por )


2.- JUAN LOZANO MACHUCA (1582)

"Habrá diez años, poco más o menos, que en el repartimiento de los Lipes, questá en la Corona real, como cincuenta leguas desta villa, se descubrieron muchas minas de plata y se comenzaron a registrar con mucha furia, y de la misma manera se dejaron de proseguir y labrar; y así se quedaron por entonces, diciendo ser la tierra mala y despoblada;"

[...]
"Demás de los cuatro mill indios referidos, había en este repartimiento otros mill indios uros, gente pobre que no siembran no cogen y se sustentan de caza de guanacos y vicuñas, y de pescado y de raíces que hay en ciénagas, que llaman coroma; y con éstos se hacen pobres los cuatro mill aymaraes, porque siendo gente rica de ganados de la tierra y que cojen y siembran, y tienen contrataciones y rescates en esta villa de Potosí, Tarapacá y Atacama, y que funden muchos metales que sacan de las minas, se excusan de pagar tributo a S.M. a título de pobres, como los mill indios uros, que lo son verdaderamente, y podrían pagar muy descansadamente a S.M. cada un año doce mill pesos ensayados de tasa; y esto claramente se ha visto y entendido y se ve cada día; y lo principal a que fue Pedro Sande, por orden mía,fue a hacer esta averiguación, verificación y pesquisa de raíz, como lo ha hecho, con los mimso indios y por vista de ojos. Y asimismo me significa lo mucho que conviene al servicio de dios Nuestro Señor y al de S.M., el reducir todos estos indios en dos o tres pueblos, donde tengan comodidad de tierras y sementeras, y dotrina bastante.

"Demás desto me ha advertido que los caciques lipes, como gente de más razón [61] y entendimiento que los demás indios, se sirven y aprovechan de los indios y los ocultan y aun venden unos a otros y cobran dellos la tasa, y se aprovechan della, y no la meten en la Caja real, y los propios indios se quejan desto.

"Y ansimismo dice hay otros indios confinan con lo indios de guerra de Omaguacas y Casavindo, y tienen trato y comercio con estos lipes, los cuales están neutrales, que no son de paz ni de guerra, y entran en Potosí con nombre de indios lipes y atacamas con ganados y otras cosas de venta y rescate, y se podrían con facilidad allanar y reducir a nuestra Santa F Católica, y serían de mucho provecho, por estar cerca del cerro de Escala, y pagarían tasa a S.M., que será de mucho interés.
"En el distrito de los Lipes hay otras muchas vetas de plata, cobre y plomo para artillería y munición, y salitre en cantidad para pólvora, de lo cual todo se puede sacar y hacer mucha suma para el servicio de S.M. y provisión deste reyno, por estar en parte y tierra tan cómoda para ello de leña, carbón y otros materiales, y aparejo para llevarlo a los puertos donde V.E. viere que conviene más al real servicio.
"Asimismo, en todo el distrito de los Lipes, en las casa y rancherías de los indios hay hornillas de fundir y afinar plata y muchas guairas en los cerros, y todos en general se ocupan en beneficiar y sacar plata, y no se sabe de las vetas de donde se saca, lo cual se sabría con facilidad si la dicha tierra se poblase y hollase de españoles.

"Estos indios son extremadamente viciosos en comer coca y tienen de gasto ordinario della cada año más de diez mill pesos ensayados; porque todo el rescate que tienen en esta villa de Potosí es llevar coca solamente a su tierra, aunque es gente que no se emborracha ni acostumbran a beber chicha, por no ser la tierra dispuesta ni aparejada para dar maíz.

[...]
"El valle de Atacama está de los Lipes 40 leguas; son indios encomendados a Juan Velázquez Altamirano, vecino de La Plata, y si V.E. acomodase en otra cosa al Juan Velázquez, de lo cual él holgaría de buena gana, porque no le dan de provecho más que mill pesos mal pagados cada año, se podrían poner estos indios atacamas en la Corona real y reducirse en uno o dos pueblos, que serán hasta dos mill indios; demás del tributo que darían a S.M., se podrían labrar muchas minas de cobre que hay en aquella comarca, en especial en el mismo puerto de Atacama, a la lengua del agua y partes donde con sinceles se podrá cortar el cobre fino, como V.E. o verá por la muestra que lleva Diego Enrique
"En la ensenada de Atacama, ques donde está el puerto, hay cuatrocientos indios pescadores uros, que no son bautizados ni reducidos ni sirven a nadie, aunque a los caciques de Atacama dan pescado en señal de reconocimiento. Es gente muy bruta, no siembran ni cojen y susténtanse de sólo pescado, y están juntos a esta veta del cobre, y así con estos indios y con los atacamas se podría labrar esta veta y sería de gran provecho a S.M. por estar junto al puerto y poderse llevar cobre por todo el reino y a España por el Estrecho (1). En este puerto es donde dió
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(1) Procedente de estas minas existe en el gabinete de Historia Natural de Madrid un enorme grano de cobre nativo y en parte cristalizado. Pesa algunos quintales y fue obsequio del cónsul de España en Cobija, señor Insausti, a la comisión de naturalistas españoles que viajó por América durante los años de 1862 a 1865. [Nota de Marcos Jiménez de la Espada, editor de la carta de Lozano en Relaciones geográdica de Indias, Madrid 1967.]
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carena a su navío e hizo su lancha el inglés Francisco [Drake], por ser de los mejores puertos que esta mar tiene. Será esta ensenada de veinte leguas, y en ella se ofrece Pedro Sande a que se cojerá mucho ámbar, que ahora se la comen los pajaros, y dará para ello industria.
"Podríase compeler a los indios de Atacama que diesen mantenimientos a estos indios que allí trabajasen, tasándolos a moderados precios, conforme a la dispusición de la tierra, atento que no tienen saca dellos a ninguna parte, y tasando los jornales de los indios conforme a esto, porque de otra manera no se podrá conseguir este buen efeto.
"Y desta manera se podrá dar en muchas minas de oro y plata y otros metales, porque los hay en la tierra; y es fama común que los caciques principales las tienen oculto (así), a fin de que los españoles no les entren en sus tierras y porque el Diablo se lo aconseja; y para esto sería necesario tener siempre en Potosí o en la ciudad de La Plata dos o tres caciques de los principales en depósito y reenes, hasta que esté bien entablado, por ser indios belicosos y mal impuestos.
[...]
"Podríase abrir camino desde el asiento de Escala a Copiapó de Chille por la cordillera, y hay agua y pasto y mucho ganado vacuno, que vale a peso cada novillo y vaca en Chille. Demás del provecho que seguiría en traer y sacar el dicho ganado, sería en traer y sacar el dicho ganado, sería de grandísimo provecho descubrir este camino por la cordillera a Chille, porque se excusaría el despoblado que hay a Chille deste Atacama a Copiapó, porque en él no hay el recaudo que habría por las vertientes de la cordillera, donde Pedro Sande dice se abrirá camino y se ofrece a lo abrir.

"Asimismo en el término y contorno de Tarapacá, ques desde el puerto de Pisagua e Hiquehique, donde hay indios uros pescadores, hasta el puerto de Loa, hay muchas minas de plata y oro, cobre y plomo, alumbre, acije [aceche, caparrosa] y otros metales. Y el inga pretendió echar el río de Mauri, que es en la cordillera, al valle del Algarrobal, ques junto a Tarapacá, y cinco leguas del cerro que llaman Asino, donde labró el inga y Lucas Martín Begaso, y Pedro Sande ha labrado y vístolo por vista de ojos; y este río intentó el inga echallo al Algarrobal dicho, y para ello rompió siete leguas de tierra y lo dejó como entraron los españoles en la tierra, y faltará por romper un cuarto de legua de la cordillera, que se podrá romper y abrir con costa de seis mill pesos ensayados; y sería de muy gran efeto echar este río para cultivar las minas, porque son muy ricas y es tierra fértil y abundante de comida; y si se echase este río, se podrían poblar dos o tres pueblos despañoles y reducir los indios de aquel disrtito; porque aunque se mandaron reducir en la visita general, no están todos reducidos y se podrían sacar más de mill indios más de los reducidos que están ocultos, y por ser tierra tan poco hollada despañoles no se han descubierto grandes riquezas que el inga labraba en ella. Y el repartimiento de los herederos de Lucas Martín Begaso es jurisdicción e la ciudad de Arequipa, y tendrá como dos mill indios aymares (así) y más de mill indios uros pescadores en el dicho distrito.

"Hay de los Lipes a Tarapacá 30 leguas. Hay de los Lipes a Atacama 40 leguas.-- Hay de los Lipes a los Carangas 40 leguas.-- Hay a Potosí desde los Lipes 50 leguas.-- Hay desde los Lipes a Talina 35 leguas.-- Hay desde los Lipes a Tarija 40 leguas.-- Hay desde los Lipes a la tierra de guerra de los omaguacas 40 leguas.-- Hay de los Lipes a los indios cimarrones, que están hacia Omaguaca, 25 leguas.

"Puédense proveer los Lipes de comida [63] de Tarapacá y de Atacama y de Talima y Tarija, y al presente se ha llevado de
[...]
"De la parte donde se han de quedar estos indios S.M. no tiene ningún provecho de tasa ni de servicio de indios, ni aún de los españoles ni criollos; es gente muy buena para la guerra y buenos arcabuceros y hombres de a caballo y holgaran servir e esta jornada; y de Tucumán, como está dicho, se podrían proveer depósitos de comidas, pues las tienen de cosecha y valen tan poco y aquella tierra no da ningún provecho
"Siendo V.E. servido, yo me ofrezco entablar lo de los Lipes e ir a reducir todos aquellos indios conforme a lo que está dicho en esta relación y llevar la gente necesaria para ello, todo a mi costa y sin queme dé socorro alguno; y entiendo, mediante Dios, hacer en ello un señalado servicio a S.M. y a V.E., porque creo ha de ser tanta grosedad como este cerro, y holgaré en cosa semejante emplear mi vida y hacienda. Y asimismo, siendo V.E. servido y paresciendo que es cosa conveniente, me ofrezco a entrar a socorrer a Chille con los indios arriba referidos, o sin ellos, como mejor paresciere convenir; porque como hombre que trajo el socorro pasado para aquel reino, deseo llevar este otro para lo allanar, porque como es cosa nueva acometerles por la parte del Pirú, hanlo de extrañar, y aunque les pese se han de allanar.
"Con el talento que Dios me dió y con mi persona y hacienda, y con mis amigso y deudos, me ofrezco a servir en estas cosas; V.E., como quien tan bien entiende, será servido de mandar ver si conviene aceptar mi servicio y ofrecimiento, y remitiéndome a Diego Enrique en las demás particularidades que V.E. fuere servido saber, Nuestro Señor la Excma. persona de V.E. guarde por muchos años y en mayor estado acresciente. En Potosí, 8 de noviembre de 1581.

"Pedro Sande es la persona que dió orden en hacer las lagunas desta villa conque muelen los ingenios de la ribera della muchos meses más de los que molieran., de que se sigue grandísima riqueza. --Excelentísimo señor. --De V.E. criado que sus excelentísimas manos besa, JOAN LOZANO MACHUCA. (Carta del factor de Potosí Juan Lozano Machuca al virrey del Perú, en donde se describe la provincia de los Lipes, 1582)
Tomado de Relaciones Geográficas de Indias vol. II. Marcos Jiménez de la Espada. Madrid, 1967. [pp. 59-63,]
  


3.- CHARLES DARWIN EN EL OCÉANO PACÍFICO (1835)

"El presente volumen contiene, en forma de Diario, la historia de nuestro viaje y un resumen de las observaciones acerca de la Historia Natural y Geología que a mi juicio ofrecen algún interés para la generalidad de los lectores. En esta edición he condensado mucho y corregido algunas partes, ampliando un poco otras, en orden a acomodar mejor el volumen para lectura popular; pero confío en que los naturalistas no dejarán de tener presente que en lo relativo a pormenores deben consultar las publicaciones más extensas en las que se contienen los resultados científicos de la expedición. La Zoology of the Voyage of the "Beagle" contiene una magnífica descripción de los mamíferos vivientes, por Mr. Waterhouse; de las aves, por Mr. Gould; de los peces, por el Rev. L. Jenyns, y de los reptiles, por Mr. Bell. Como apéndice a las descripciones de cada especie, he añadido una breve noticia de sus costumbres y área geográfica. [...] He publicado también, en volúmenes independientes, la Estructura y distribución de los arrecifes de coral; las Islas volcánicas visitadas durante el viaje del "Beagle", y la Geological Transactions contiene dos notas acerca de los cantos erráticos y fenómenos volcánicos de América del Sur. Los señores Waterhouse, Wlaker, Newman y White han publicado sendas notas sobre los insectos capturados. Las plantas de la parte meridional de América han sido incluidas por el Dr. J. Hooker en su gran obra acerca de la Botánica del hemisferio meridional. [...] Donw, Bramley, Kent, junio 1845." (Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Charles Darwin, "Prefacio del autor", vol. I p.2)
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CAPÍTULO XVI
CHILE SEPTENTRIONAL Y PERÚ
[1835]

Camino de la costa a Coquimbo.- Cargas excesivas transportadas por los mineros.- Coquimbo.- Terremoto.- Terrazas escalonadas.- Ausencia de depósitos recientes.- Contemporaneidad de las formaciones terciarias.- Excursión valle arriba.-Camino a Huasco.- Desiertos.- Valle de Copiapó.- Lluvia y terremotos.- Hidrofobia.- El Despoblado.- Ruinas indias.- Cambio probable de Clima.- Lecho de río arqueado por un teremoto.- Temporales de viento frío.- Ruidos que salen de una montaña.- Iquique.- Aluvión salado.- Nitrato de sodio.- Lima
[...]



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8 de junio
[...] Cabalgamos todo el día por un terreno desprovisto de interés. Estoy cansado de repetir los epítetos yermo y estéril. Sin embargo, estas palabras, en el uso común, sólo tienen un valor relativo; las he aplicado siempre a las llanuras de Patagonia, que producen únicamente arbustos espinosos y algunos matojos de hierba, lo cual es una verdadera fertilidad, comparada con la desnudez del norte de Chile. Pero también aquí hay pocas extensiones de 200 metros cuadrados donde no se halle algún pequeño arbusto, cactus o liquen, si se mira con cuidado, y en el primer invierno lluvioso. En el Perú hay verdaderos desiertos en grandes porciones del país. Por la tarde llegamos a un valle en el que se veía alguna humedad en el cauce de un arroyuelo; le seguimos, y llegamos a un sitio donde había agua aceptable. Durante la noche, como la corriente no se evapora ni absorbe con [130] tanta rapidez, recorre un trayecto mucho mayor que por el día. Abundan los palos secos para hacer fuego, de modo que era un excelente sitio para vivaquear; pero para los pobres animales no hubo un solo bocado que comer.

11 de junio
Cabalgamos sin detenernos por espacio de doce horas, hasta que llegamos a un antiguo horno de fundición, donde había agua y leña; pero nuestros caballos tampoco tuvieron nada que comer, permaneciendo encerrados en un viejo corral. El camino era montuoso, y el paisaje que desde él se descubría era interesante por los variados colores de las montañas desnudas. Casi daba lástima ver brillar contantemente el sol sobre una comarca tan inútil: un cielo tan puro y brillante debería cobijar campos de cultivo y hermosos jardines. Al siguiente día llegamos al valle de Copiapó. Muy de veras me alegré de ello, porque durante el día entero no había dejado de sentir viva inquietud, siendo insoportable el oír a nuestros caballos roer los postes a que estaban atados, mientras tomábamos la cena, y no tener medios de calmarles el hambre. Sin embargo, según todas las apariencias, los animales conservaban su vigor, y nadie hubiera dicho que llevaban cuarenta y ocho horas y pico sin probar bocado.

Tenía una carta de recomendación para Mr. Bingley, quien me recibió con todo género de atenciones en la hacienda de Potrero Seco. Esta posesión tiene de 20 a 30 millas de largo, pero es muy estrecha pues generalmente sólo alcanza dos zonas cultivables, una a cada lado del río. En ciertas partes la finca carece de anchura, es decir, no hay terreno dde regadío, y, por tanto, no vale nada, como sucede con el pétreo desierto de los alrededores. La escasez de tierra cultivada en toda la línea del valle no depende tanto de las desigualdades de nivel y consiguiente inadaptación al riego, cuanto del menguado surtido de agua. El río [131] iba este año notablemente crecido; desde este sitio, subiendo valle arriba, el agua les llega a los caballos al vientre, con una anchura aproximada de 15 metros y una corriente rápida; más abajo disminuye gradualmente, y de ordinario llega a secarse, como ocurrió durante un período de treinta años, en que no llevó al mar ni siquiera una gota. Los habitantes observan con gran interés las tempestades de la Cordillera, por lo mismo que una buena nevada los provee de agua para el año siguiente. Esto es de importancia inmensamente mayor que la lluvia en las regiones más bajas. La última, siempre viene (que suele ser una vez o dos cada dos o tres años) produce grandes beneficios, porque merced a ella el ganado vacuno y mular puede, por algún tiempo después, hallar algún pasto en las montañas. Pero si falta la nieve en los andes, la desolación se extiende por todo el valle. Hay en la localidad memoria de que en tres diversas ocasiones casi todos los habitantes se vieron obligados a emigrar al Sur. Este año ha habido agua en abundancia, y todo el mundo regó sus campos cuanto quiso; pero a menudo ha sido necesario apostar soldados en las esclusas, para que cada finca o posesión tomara sólo la cantidad de agua que le estaba asignada durante determinadas horas de la semana. Se dice que el valle contiene una población de 12.000 almas; pero la producción no es suficiente más que para tres meses del año, necesitándose completar el surtido con los víveres de Valparaíso y del Sur. Antes de descubrirse las famosas minas de plata de Chanuncillo, Copiapó se hallaba en rápida decadencia; pero al presente goza de prosperidad, y la ciudad, que fué derruída por un terremoto, ha sido reedificada.

El valle de Copiapó, que forma una mera cinta de verdor en un desierto, corre en dirección muy orientada al Sur; de modo que alcanza una gran longitud hasta su nacimiento en la Cordillera. Los valles de Huasco y Copiapó pueden considerarse ambos como [132] largas islas estrechas separadas del resto de Chile por desierto de roca, en vez de estarlo por extensiones de agua salada. Al norte de éstos hay otro valle muy miserable, llamado Paposo, que contiene unas 200 almas, y luego se extiende el verdadero desierto de Atacama, barrera mucho peor que el más turbulento océano. Después de permanecer unos días en Potrero Seco proseguí mi viaje valle arriba hasta la casa de don Benito Cruz, para quien tenía una carta de recomendación. Le hallé sobremanera hospitalario; realmente es imposible hallar frases bastante expresivas para agradecer las bondades que suelen dispensarse a los viajeros en todas las partes de Sudamérica. Al día siguiente alquilé algunas mulas, que me llevaron a la barranca del Jolquera, en la Cordillera central. La segunda noche el tiempo pareció anunciar una tormenta de nieve o lluvia, y mientras descansábamos en las camas preparadas en el suelo sentimos un pequeño temblor de tierra.


La conexión entre los terremotos y el estado del tiempo ha sido discutida muchas veces; paréceme un punto de gran interés, que se halla muy poco dilucidado. Humboldt ha observado, en una parte de la Narración personal (1), que sería difícil para todo el que haya residido largo tiempo en Nueva Andalucía (2) o en el bajo Perú negar que exista alguna relación entre estos fenómenos; en otros pasajes, sin embargo, parece tenerse por imaginaria dicha relación. En Guayaquil se dice que una tormenta en la estación seca va inva-
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(1) Vol. IV, pág. 11, y vol. II, pág. 217. En cuanto a las observaciones de Guayaquil, véase el Juornal de SILLIMAN, volmune XXIV, pág. 384. Por lo que se refiere a Tacna, lo dicho por Mr. HAMILTON, Transactions of British association, 1840. Respecto del Coseguina, a Mr. CALCLEUGH, en Phil. Trans., 1835. En la primera edición de esta obra recogí varias referencias acerca de las coincidencias entre los descensos bruscos del barómetro y los terremotos, y entre terremotos y meteoros.
(2) Denominación que llevaron antiguamente las provincias de Cumaná y Guayana.- N. del T.


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riablemente seguida por un terremto. En el norte de Chile, a causa de la infrecuencia extrema de las lluvias, y hasta del tiempo que las anuncie, la probabilidad de coincidencias accidentales es muy pequeña; a pesar de ello, los habitantes están firmísimamente convencidos de que existe conexión entre el estado de la atmósfera y el temblor de la tierra. Me sorprendió mucho el que, al referir algunas personas de Copiapó que había habido una brusca sacudida sísmica en Coquimbo, exclamaron inmediatamente: "¡Magnífico! Este año habrá pasto en abundancia." A juicio suyo, un terremoto anunciaba la lluvia tan seguramente como ésta predecía abundante hierba. Realmente, el chubasco que he descrito en páginas anteriores, y que hizo brotar una ligera capa de hierba menuda y fina, ocurrió en el mismo día del terremoto. En otras ocasiones la lluvia ha seguido a los terremotos en aquel período del año en que es un fenómeno más extraordinario que el terremoto mismo: tal ocurrió después del temblor de 1822, y otra vez, en 1829, en Valparaíso; tambiénm después del de septiembre de 1833 en Tacna. Es necesario estar algo habituado al clima de estos países para comprender la suma improbabilidad de que llueva en ciertas estaciones, a no ser como consecuencia de alguna ley sin la menor relación con el curso ordinario del tiempo. En los casos de las grandes erupciones volcánicas, como la del Coseguina, en que cayeron lluvias torrenciales en una época del año enteramente impropia y "sin precedentes casi en la América Central", podría explicar el fenómeno por la perturbación atmosférica que forzosamente han de causar las grandes cantidades de vapor y nubes de cenizas. Humboldt extiende este modo de ver a los terremotos no acompañados de erupciones; pero difícilmente concibo la posibilidad de que las pequeñas cantidades de flúidos aeriformes salidos de las hendeduras de la tierra originen tan notables efectos. Así, pues, parece estar bastante fundada la opi-

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nión expuesta primeramente por Mr. Scrope, según la cual cuando hay una gran baja barométrica y puede esperarse que llueva, la menor presión de la atmósfera en una amplia extensión permitiría determinar el día preciso en que la corteza terrestres, distendida ya en sumo grado por las fuerzas subterráneas, cediera, se rajara, y, en consecuencia, temblara. Sin embargo, es dudoso que esta hipótesis explique cumplidamente las lluvias torrenciales que caen en la estación seca durante varios días, después de un terremoto no acompañado de erupción; tales casos parecen indicar alguna conexión más íntima entre las regiones atmosféricas y subterráneas.

Como hallábamos escaso interés en esta parte de la barranca, regresamos a la casa de don Benito, donde estuve dos días recogiendo conchas y madera fósiles. Abundaban en número extraordinario los grandes troncos de árboles convertidos en sílice, empotrados en un conglomerado. Medí uno que tenía 15 pies de circunferencia. ¡Cuán admirable es que cada uno de los átomos de la materia leñosa de este gran cilindro hayan sido desplazados y reemplazados por sílex con perfeccción tanta, que se conservan vasos y poros! Estos árboles florecieron aproximadamente en el período cretáceo inferior de Europa, y todos ellos pertenecían a la tribu de los abetos. Era divertido oír a la gente del país discutir la naturaleza e las conchas fósiles por mí recogidas casi en los mismos términos usados hace un siglo en Auropa, esto es, "si eran o no piedras talladas así por la Naturaleza". Mi examen geológico del país extrañó bastante a los chilenos en general, que no podían convencerse de que no anduviera en busca de minas. Esto me ocasionó frecuentes molestias. Para hacerles comprender el objeto de mis exploraciones me pareció lo más fácil preguntarles cómo es que no se interesaban por estudiar los volcanes y terremotos, por qué unos manantiales eran calientes y otros fríos, por qué había tantas montañas en Chile y nin- [135] guna en La Plata [Argentina]. Estas sencillas preguntas satisficieron e impusieron silencio al mayor número; pero no faltaron algunos (como los pocos que en Inglaterra viven atrasados un siglo) que calificaron todas mis pesquisas de inútiles e impías, pues, a su juicio, bastaba saber que Dios había hecho así las montañas.

Recientemente se había publicado una orden mandando matar a todos los perros vagabundos, y vimos a muchos muertos en el camino. Habían rabiado gran número de ellos poco antes, y varios hombres habían sido mordidos y muerto en consecuencia. La hidrofobia se ha presentado en este valle en varias ocasiones. Es notable que tan extraña y terrible enfermedad aparezca de tiempo en tiempo en un mismo sitio aislado. Se ha obervado que ciertas aldeas de Inglaterra se hallan, análogamente, más sujetas que otras a esta plaga. El Dr. Unanúe afirma que la hidrofobia se conoció por vez primera en la América Central, y desde allí se propagó poco a poco hacia el Sur. Llegó a Arequipa en 1807, y, según se dice, la enfermedad atacó a algunas personas que no habían sido mordidas, como les ocurrió a unos negros por haber comido carne de un toro muerto de hidrofobia. En Ica el número de víctimas se elevó a 42. La anfermedad se presentó entre los doce y noventa días después de la mordedura, y en todos los casos se siguió invariablemente la muerte a los cinco días. Después de 1808 siguió un largo período en que no se tuvo noticia de ningún atacado. Habiendo hecho indagaciones en Tasmania y Australia, averigüé que allí no se conocía tal enfermedad; y Burchel dice que durante los cinco años que estuvo en el Cabo de Buena Esperanza nunca oyó hablar de caso alguno. Webster asegura que en las Azores no se ha presentado nunca esa infección, y lo propio se dice con respecto a las [136] islas Mauricio y santa Elena (1). En lo tocante a tan extraña enfermedad, quizá pudiera recogerse una información útil considerando las circunstancias en que se presenta en climas distantes, porque es improbable que se haya llevado a ellos un perro ya mordido y contaminado.

Por la noche llegó un desconocido a la casa de don Benito, y pidió permiso para dormir allí. Contó que llevaba diecisiete días dando vueltas por las montañas a causa de haberse extraviado. Había salido de Huasco, y estando acostumbrado a viajar por la Cordillera, creyó no encontrar dificultad en seguir la ruta de Copiapó; pero no tardó en verse envuelto en un laberinto de montañas, del que no pudo salir. Algunas de sus mulas se habían despeñado en los precipicios, y él mismo se había hallado en trances apuradísimos. Lo que más le atormentó fué no saber dónde hallar agua en las hondonadas; de modo que le fué preciso seguir bordeando las sierras centrales.

Regresamos valle abajo, y el 22 llegamos a la ciudad de Copiapó. La parte inferior del valle es ancha y forma una hermosa llanura, como la de Quillota. La ciudad ocupa un considerable espacio de terreno, pues cada casa tiene un huerto; pero es un sitio incómodo y las viviendas están mal provistas de muebles. Todo el mundo parece preocuparse únicamente de hacer dinero para emigrar después lo antes posible. Los habitantes, sin excepción, se hallan, directa o indirectamente, interesados en minas, y no se habla de otra cosa que de ellas y de minerales. Los víveres, de todas las clases, se venden carísimos, porque la ciudad dista del puerto 18 leguas y los carros del país llevan altos precios por los transportes. Un p0llo cuesta cinco o
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(1) Observaciones sobre el clima de Lima, pág. 67; Viajes de AZARA, vol. I, pág. 381; Viaje de ULLOA, vol. II, pág. 28; Viajes de BURCHELL, vol. II, pág. 524; Description of the Azores, de Webster, pág. 124; Voyage á l'Isle de france, par un Officier du Roi, tomo I, pág. 248; Description of St. Helena, pág. 123.


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seis chelines; la carne es casi tan cara como en Inglaterra; la leña, o más bien los palos, se llevan en borricos desde una distancia de dos y tres días de camino al interior de la Cordillera, y el pienso de las caballerías cuesta un chelín diario; todo esto, para Sudamérica, es prodigiosamente exorbitante.

26 de junio
Alquilé un guía y ocho mulas, que me llevarán a la Cordillera en una dirección diferente de la de mi última excursión. Como el país estaba enteramente inhabitado y el terreno era yermo, llevé carga y media de cebada mezclada con paja. A cosa de dos leguas más arriba de la ciudad, un ancho valle, llamado el "Despoblado", arranca del que nosotros habíamos seguido. Aunque es un valle de grandísimas dimensiones, que conduce a un paso de la Cordillera, está completamente seco, exceptuando tal vez unos cuantos días en los inviernos muy lluviosos. Las pendientes de las montañas apenas estaban cruzadas por barrancos, y el fondo del valle principal, lleno de cascajo, presentaba una superficie alisada y rasa, casi horizontal. Por este lecho de grava jamás debió de correr ningún torrente considerable, porque de otro modo se hubiera formado un cauce encajado, como en todos los valles meridionales. Apenas me cabe duda de que este valle, como los mencionados por los que han viajado por el Perú, fué dejado en la forma que ahora le vemos por las olas del mar, en tanto la tierra se elevaba lentamente. En un sitio donde el Despoblado se unía con una barranca (que en cualquiera otra cadena se hubiera llamado un gran valle), observé que su lecho, aunque compuesto sólo de arena y lavas, era más alto que el de su tributario. Un mero riachuelo, en el período de una hora, hubiera abierto un canal; pero saltaba a la vista que habían pasado largas edades sin que el tal riachuelo hubiera corrido por allí. Era curioso contemplar la mecánica, si cabe esta expresión, del drenaje, perfectísima en todos sus porme- [138] nores, pero sin el menor indicio de haber funcionado. Apenas habrá quien no haya observado que los bancos de cieno dejados por las mareas al retirarse imitan en miniatura un país con sus colinas y cañadas, y aquí tenemos el modelo original en rocas, formado al paso que el continente se elevaba durante la retirada seculra del océano, en lugar de verificarseentre el flujo y reflujo de las mareas. Si en los bancos de cieno, después de secos, cae un chubasco, se ahondan las líneas poco profundas de excavación anteriormente formadas, y lo mismo pasa con las lluvias caídas por espacio de siglos sobre los bancos de roca y el suelo que llamamos un continente.




Seguimos caminando hasta después de obscurecer, en que llegamos a una barranca lateral, con un pequeño pozo, llamado "Agua Amarga". Realmente, el agua merecía este nombre, porque, además de salina y pútrida, tenía un amargor repugnante; de modo que nos fué imposible beberla no siquiera en infusiones de te o mate. Calculo que la distancia desde el río de Copiapó a este sitio era al menos de 25 a 30 millas inglesas, y en todo el trayecto no había ni una sola gota de agua, mereciendo el país el nombre de desierto, en el sentido más estricto. En este desierto, casi a medio camino, pasamos por algunas antiguas ruinas indias cerca de Punta Gorda. También advertí en algunos de los valles que parten del Despoblado que había dos montones de piedras un poco apartados y dirigidos como si señalaran las bocas de estos vallecitos [apachetas]. Mis compañeros no supieron decirme nada sobre ellos, y a mis preguntas contestaron con su imperturbable "¿quién sabe?".


Observé esas ruinas indias en varias partes de la Cordillera, siendo las más perfectas de todas las de Tambillos, en el paso de Uspallata. Vense en ellas conjuntos de cuartitos cuadrados agrupados en divisiones distintas; todavía se conservaban algunas de las anetradas, cuyo dintel era una losa de piedra, atrave- [139] sada a la altura de unos tres pies. Ulloa ha hecho notar que las puertas de las antiguas viviendas peruanas eran muy bajas. Estas construcciones, cuando estaban íntegras, debieron de ser capaces de contener gran número de personas. La tradición refiere que se usaron para sitios de descanso de los Incas cuando cruzaban las montañas. Se han descubierto restos de casas indias en muchas otras partes, donde no parece probable que se usaran con el fin antes indicado, y siempre donde la tierra es manifiestamente impropia para toda clase de cultivo, como sucede cerca de Tambillos o en el Puente de los Incas o en el Paso de Portillo, en todos los cuales vi ruinas. En la barranca de Jajuel, cerca de Aconcagua, donde no hay paso, me dieron noticias de restos de casas situadas a gran altura, en una región extremadamente fría y estéril. Al principio imaginé que esos edificios habrían sido lugares de refugio, construídos por los indios al llegar por vez primera los españoles; pero posteriormente me he sentido inclinado a suponer que ha debido de sobrevivir un pequeño cambio de clima.


En esta parte septentrional de Chile, dentro de la Cordillera, se dice que las antiguas casas indias son especialmente numerosas; cavando entre las ruinas se hallan frecuentemente trozos de géneros de lana, instrumentos hechos de metales preciosos y mazorcas de maíz; un curioso regalo que me hicieron fué el de una punta de flecha, de ágata, y precisamente de la misma forma que las usadas todavía en Tierra del Fuego. Me consta que los indios peruanos suelen habitar actualmente en las partes más elevadas y estériles; pero en Copiapó me aseguraron hombres que han pasado la vida viajando al través de los Andes que había muchísimas casas a grandes alturas, cercanas a las nieves perpetuas y en lugares donde no hay pasos ni la tierra produce absolutamente nada, ni hay tampoco agua. A pesar de ello, la opinión de la gente del país --si bien no aciertan a explicarse las circunstancias apun- [140] tadas-- es que, juzgando por el aspecto de las casas, los indios deben de haberlas usado como residencias. En este valle de Punta Gorda, los restos de esas edificaciones se componen de siete u ocho cuartitos cuadrados, de forma semejante a los de Tambillos, pero construídos principalmente de un barro cuya resistencia no saben dar al de hoy ni los habitantes de aquí ni, según Ulloa, los del Perú. Estaban situados en el sitio más visible e indefenso, en el fondo plano del ancho valle. Los manantiales y las corrientes de agua más próximas distaban de tres a cuatro leguas, y, con todo eso, ni eran buenos ni abundantes. El suelo no producía absolutamente nada; de modo que en vano busqué algún liquen adherido a las rocas. Al presente, contando sólo con las bestias de carga para el transporte, no podría explotarse aquí con provecho una mina, a no ser que fuera muy rica. Y, no obstante, ¡los indios escogieron antiguamente este sitio para fijar en él su residencia! Si en el día de hoy cayeran al año dos o tres chubascos, en lugar del único que ahora cae, probablemente se formaría un arroyuelo en este gran valle, y entonces, por un sistema de riego como el que en lo antiguo supieron aplicar tan bien los indios, el suelo produciría fácilmente lo necesario para sostener unas cuantas familias.


Tengo pruebas convincentes de que esta parte del continente sudamericano se ha elevado cerca de la costa, al menos, de 400 a 500 pies, y en algunas partes, de 1.000 a 1.300, desde la épocaen que vivían las conchas existentes, y más adentro la elevación ha sido mayor probablemente. Como la peculiar aridez del clima es a todas luces consecuencia de la altura e la Cordillera, puede tenerse la seguridad casi completa de que antes de las últimas elevaciones la atmósfera no estuvo tan completamente desprovista de humedad como ahora, y, además, habiendo sido gradual la elevación, lo propio ha ocurrido con el cambio de clima. En este supuesto de un cambio de clima pos- [141] terior a la época en que dichas construcciones estuvieron habitadas, las ruinas deben de ser antiquísimas, y, por otra parte, no creo que su conservación ofrezca dificultad de ningún género en el clima chileno. También es preciso admitir en tal hipótesis (y ésta es quizá una dificultad mayor) que el hombre ha habitado en Sudamérica durante un período inmensamente largo; tanto más cuanto que todo cambio de clima causado por la elevación del país ha debido de ser extremadamente gradual. En Valparaíso, en los últimos doscientos veinte años, el terreno se ha elevado algo menos 19 pies; en Lima, una playa ha subido con seguridad de 80 a 90 pies en el período indio-humano; pero tan pequeñas elevaciones hubieran modificado en muy escasa cantidad la marcha general de las corrientes atmosféricas portadoras de humedad. El doctor Lund, sin embargo, halló esqueletos humanos en las cuevas del Brasil, cuyo aspecto le indujo a creer que la raza india ha existido en Sudamérica durante un vasto lapso de tiempo.


Estando en Lima conversé sobre estos asuntos (1) con Mr. Gill, ingeniero civil, que había visto una gran parte del interior del país. Me dijo que por su mente había pasado muchas veces la sospecha de un cambio de clima, pero que, a su juicio, la mayor parte del terreno, incapaz ahora de cultivo y cubierto de ruinas indias, había quedado reducido a tal estado por el deterioro de los canales de riego, construídos antiguamente por los indios en tan prodigiosa escala, y que al fin se inutilizaron a causa del abandono o por movimientos subterráneos. Conviene mencionar aquí que [142]
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(1) TEMPLE, en sus viajes por el Alto Perú o Bolivia, hablando del trayecto de Potosí a Oruro, dice: "Vi muchas aldeas o viviendas indias en ruinas hasta en las cumbres mismas de las montañas, signos evidentes de haber existido una antigua población en lugares donde ahora todo es desolado." Análogas observaciones hace en otro lugar; pero no puedo decir si esta desolación ha sido causa por la falta de habitantes o por las condiciones del terreno, profundamente alteradas.


los peruanos llevaron realmente sus aguas de riego por túneles abiertos al través de montañas de sólida roca. Dicho ingeniero me dijo que había prestado sus servicios profesionales en el examen de uno de ellos, y vió que el paso era bajo, estrecho, tortuoso y de anchura varia, pero de longitud muy considerable. ¿No es asombroso que hayan emprendido tales obras hombres que no conocían el uso del hierro ni el de la pólvora de cañón? Mr. Gill me citó también el caso interesantísimo, y sin semejante a lo que yo sé, de una perturbación subterránea que alteró el drenaje de una región. Viajando de Casma a Huaraz (no muy lejos de Lima), halló una llanura cubierta de ruinas y señales de antiguo cultivo, pero no del todo estéril. Cerca de ella se veía el cauce seco de un río considerable, del que antiguamente se había tomado el agua para el riego. Nada indicaba en él, al parecer, que el río no hubiera corrido por su lecho años atrás; en unos puntos había capas de arena y grava; en otros la roca sólida se había desgastado, hasta formar un espacioso canal, que en cierto sitio tenía 40 pies de ancho por ocho de profundo. Es evidente que al seguir el cauce de una corriente agua arriba habrá que ascender siempre, con una inclinación mayor o menor, y de ahí que Mr. Gill quedara asombrado cuando, al caminar, por el lecho de este antiguo río, hacia su origen, hallóse bajando de pronto por la pendiente de una cuesta con una caída perpendicular de 40 ó 50 pies. Aquí tenemos la prueba inequívoca de un desnivel formado por la elevación del suelo en dirección transversal al antiguo cauce de una corriente. Desde el momento en que se realizó tal fenómeno, el agua hubo de retroceder y dar origen a un nuevo canal. Y a partir de ese momento, la llanura inmediata, privada de la corriente que la fertilizaba, se convirtió en un desierto.

27 de junio
Partimos de madrugada, y a eso del mediodía llegamos al barranco de Paypote, donde hay [143] un arroyuelo con escasa vegetación y unos cuantos algarrobos. Por haber combustible, se construyó antiguamente aquí un horno de fundición; al cuidado de él hallamos a un hombre solo, cuya única ocupación consistía en cazar guanacos. Por la noche heló intensamente; pero como teníamos leña en abundancia para lo hoguera que hicimos, lo pasamos tan cómodamente como al amor de una buena estufa.



[Fragmentos tomados de: Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo en el navío de S.M. "Beagle". Charles Darwin, 2 vols. Espasa-Calpe, Madrid 1940. Traducción de Juan Mateos]

Americae Sive Novi Orbis, Nova Descriptio, 1579

En este mapa temprano del Pacífico elaborado por el gran cartógrafo holandés Abraham Ortelius figura con toda claridad la actual Bolivia (Audiencia de Charcas) con su territorio sobre el Océano Pacífico. El norte del continente es llamado simplemente Perú (la noción del Tahuantinsuyo subsiste todavía en estos años) y las mayúsculas destacan a Charcas, que empieza a ser diferenciado del antiguo Perú debido a la importancia que ha cobrado tras el descubrimiento de Potosí.

Chile, extrañamente, no figura sino como una población más junto a sus puertos: 1) tal vez por ser considerado como tierra no conquistada aún por los europeos; 2) Valparaíso no es todavía el puerto de descanso y aprovisionamiento en la larguísimas jornadas de circunnavegación del globo que lo  hará figurar en todos los mapas del Pacífico; 3) para Ortelius, un cartógrafo que elabora sus mapas desde Amsterdam con las noticias llevadas por comerciantes y pilotos, está claro cuáles son los puntos de interés a resaltar para su público de comerciantes y potentados. El desierto de Atacama figura en los paralelos correctos, pero muy tierra adentro. La población costera de Copiápó --que desde siempre fue el punto de referencia para reconocer los límites del norte chileno-- figura por encima de un Río de Chiriguana que va y da al Pacífico. Pisagua, Morillones (Mejillones) y Tarapacá son puertos fácilmente reconocibles. Brasil es aún el pequeño territorio demarcado por el Tratado de Tordesillas. 

Americae Sive Novi Orbis, Nova Descriptio, 1579. Abraham Ortelius  (B-46) *Source: Archives of Ontario, Cartographic Records Collection *URL: http://www.archives.gov.on.ca/English/centennial/big/big_01_americae.htm ==Licence== {{PD-Canada}}

jueves, 7 de noviembre de 2013

Cástulo Martínez, historiador chileno: "El mar de Bolivia"



"El propósito de este libro no es abrir más las heridas dejadas por la Guerra del Pacífico, una guerra terrible, tal como son las guerras entre hermanos, sino ayudar a cicatrizarlas. Y sólo cicatrizarán cuando Bolivia tenga una salida soberana al Océano Pacífico. En vano nos adormecemos con la errónea idea de que a Bolivia nada le debemos. Le debemos un puerto." Blog del autor: http://casmar.blogspot.es/tags/boliviana/

ENTREVISTA:

Historiador chileno reflota información histórica importante para Bolivia

EL DERECHO AL MAR ES UNA MISION IRRENUNCIABLE PARA BOLIVIA
Cristina Corrales


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La información encontrada en libros coloniales y en datos oficiales del Archivo de Indias reveló que Chile nunca tuvo derecho legítimo a los territorios marítimos disputados.
Los documentos investigados por Martinez echan a tierra el infundio presentado en la historiografía oficial chilena de que Bolivia nunca tuvo mar.

El derecho al Mar es irrenunciable y se hace imprescindible tocar el tema con argumentos sólidos e irrebatibles. Por ese motivo HORA 25 ofrece una entrevista con el investigador y escritor chileno Cástulo Martínez, cuya investigación histórica en su libro "El Mar de Bolivia", ofrece a Bolivia una defensa muy bien documentada sobre nuestro derecho al Mar.

HORA 25.- ¿Con qué motivación inició su investigación sobre el derecho de Bolivia al Mar?

MARTINEZ.-
El tema es que en Chile tenemos abundante material que estructura la historia de la Guerra del Pacífico, obviamente, con ojos chilenos. Por ejemplo, en los textos escolares se nos enseña a creer que Chile se vio obligado a entrar en guerra contra Bolivia porque este país rompió el Tratado de 1874 al imponer un impuesto de 10 centavos al quintal de salitre que explotaba la Compañía de Salitres de Antofagasta, de propiedad chilena, aunque los principales accionistas eran ingleses y norteamericanos. Los chilenos tenían pocas acciones, aunque mucha influencia, ya que la mayoría de ellos eran funcionarios de Gobierno. También se enseña que las autoridades bolivianas cometían muchos abusos contra los chilenos residentes en Antofagasta y en el año 1983, tras la publicación del libro del ex presidente Pinochet, "Geopolítica de Chile", se necesitaba una investigación documentada para sustentar estos conceptos. Con el desarrollo del trabajo, descubro que esas enseñanzas eran falsas y que Bolivia tenía derecho al Mar.

HORA 25.- ¿Qué documentos descubrió para su investigación sobre el tema marítimo entre Bolivia y Chile?

MARTINEZ.-
Para mi sorpresa, lo que descubrí era totalmente opuesto a lo que se nos enseña en las escuelas. La información encontrada en libros coloniales y en datos oficiales del Archivo de Indias me indicó que Chile nunca tuvo derecho legítimo a los territorios disputados, que fueron motivo de tres tratados de límites con Bolivia. Por ejemplo, por los escritos del jesuita chileno Alonso de Ovalle--así como de otros antiguos cronistas--aprendí que el Chile colonial terminaba por el norte a la altura de Taltal. De ahí que Chile no tenía jurisdicción ni soberanía sobre el territorio que abarca Antofagasta, Mejillones, Cobija y Tocopilla. ¿Cómo fue, entonces, que Bolivia y Chile entraron en un Tratado de Límites en 1866 sobre un territorio que, según datos oficiales e históricos, sólo pertenecía a Bolivia? El resultado de una escrupulosa investigación de los entretelones de la gestación del primer tratado de límites es desalentador para las pretensiones chilenas. La ineludible conclusión es que, en las palabras de Sir Clement R. Markham, los derechos alegados por Chile hasta el paralelo 23 no eran más que "una reclamación injustificada".

HORA 25.- Esta constatación ha debido generar para usted una situación incómoda, ¿Cuando terminó sus investigaciones, qué dijeron las autoridades chilenas?

MARTINEZ.-
Reaccionaron con preocupación pero yo tuve que decirlo, soy un hombre apegado a la verdad, y no tiene objeto escribir para mentir. El hecho es que por más que busqué en las diversas obras chilenas que tratan las causas de la Guerra del Pacífico, no pude encontrar ningún fundamento histórico para fijar la frontera chilena en el paralelo 23 (a la altura de la Bahía de Mejillones). Considerando que el límite norte de Chile era el río Paposo, situado en el paralelo 25, grado 32, la ley del 31 de octubre de 1842 nació viciada. Un país no puede legislar sobre territorio ajeno. El presidente de Chile en ese año era don Manuel Bulnes, y sus asesores políticos seguramente sabían que los reyes españoles habían dictaminado que el límite norte de Chile terminaba en el paralelo 25, de modo que las guaneras de Atacama quedaban lejos del territorio chileno. Esa ley, por lo tanto, es un buen ejemplo de lo que el historiador chileno Francisco A. Encina describe con tanta gracia como "el espíritu expansionista" de los chilenos. Más aun, el 28 de septiembre de 1872, el gobierno de Chile reconoció, por intermedio de su ministro de Relaciones Exteriores, señor Adolfo Ibáñez, que Tarapacá pertenecía a Bolivia. En efecto, al contestar varias preguntas que le había hecho el diputado Cruchaga, el ministro Ibáñez declaró ante la Cámara de Diputados, en parte, la siguiente frase que recogemos de los archivos oficiales:

"La primera de las preguntas que contiene la interpelación debe más bien dirigirse al gobierno de Bolivia que al de Chile, porque correspondiendo al primero la soberanía del territorio donde está situado el puerto de Antofagasta, es a ese gobierno a quien conviene dar las garantías de permanencia y estabilidad que se pretenden".

HORA 25.- Si había conciencia de que Antofagasta era territorio boliviano, ¿qué impulsó, entonces, a Chile usurpar tierra ajena?


MARTINEZ.- Una razón quizás pudo haber sido que en aquella época Chile tenía un estado financiero alarmante. En efecto, la Memoria del Ministerio de Hacienda presentada al congreso chileno el 15 de julio de 1878 por don Augusto Matta, revela la pésima situación de la Hacienda Pública de ese año. Pero no había que alarmarse porque, como lo decía el mismo: "nuevas fuentes de producción se abrían al espíritu emprendedor de sus compatriotas en el norte de Chile con las salitreras del desierto". Como Chile llegaba por el norte sólo hasta Copiapó, ¿a qué salitreras se refería el ministro Matta? Es evidente que a las riquezas del litoral boliviano. Y así fue como esa intención se implementó mediante la ley dictada por el congreso chileno el 31 de octubre de 1842. Además, hay que añadir la fuerte, aunque sutil, influencia de poderosos intereses ingleses que se movían entre bastidores, pisoteando barreras ideológicas y económicas para tener acceso y control de las salitreras bolivianas y peruanas. Después de todo, fueron los ingleses quienes usufructuaron finalmente de las riquezas salitreras mediante poderosas empresas como The Nitrate Railways Co. Ltd., The Bank of Tarapacá & London, The Anglo Chilean Nitrate and Railways Co., y otras después de la Guerra del Pacífico.

HORA 25.- ¿Con qué territorio marítimo nació originalmente Chile de acuerdo a los documentos que investigó?

MARTINEZ.-
Aunque la génesis de Chile puede haberse iniciado con las primeras capitulaciones que la reina española firmó con Francisco Pizarro y otros conquistadores, se puede decir que el nacimiento formal de Chile se gestó el 18 de abril de 1538, cuando el licenciado Pedro de La Gasca, presidente de la Real Audiencia de Lima, por orden del rey español Carlos V, otorgó a Pedro de Valdivia ‘por gobernación y conquista desde Copiapó, que está en 27 grados de altura de la línea equinoccial a la parte del sur, hasta 41 de la dicha parte. El laureado historiador chileno, don Francisco Antonio Encina, nos informa que "el rey confirmó el nombramiento de Pedro de Valdivia en los mismos términos de La Gasca, por real cédula de 31 de marzo de 1552; y los límites de la gobernación de Nueva Extremadura o provincia de Chile fueron inicialmente: por el norte, el grado 27 que llega solo a Copiapó. Este límite es confirmado por el Inca Garcilaso de la Vega, quién relata cómo las fuerzas guerreras del Imperio Incaico descubrieron un belicoso pueblo que habitaba al comienzo del Valle Copiapó. De la misma manera el poeta y soldado español, Alonso de Ercilla, sitúa a Chile "en altura de veinte y siete grados". Refiriéndose a los límites de Chile colonial, el antiguo historiador español, González de Nájera, escribió: "Tiene este reino su principio en el valle y río de Copiapó, que está a grados australes de latitud veinte y siete".

HORA 25.- Pero, siguiendo los datos históricos, ¿Cómo es que Chile avanzó hasta el paralelo 25?

MARTINEZ.-
Esto viene de una decisión de la monarquía española. El 1º de octubre de 1803 y el 17 de marzo de 1805, el rey español dictó respectivas cédulas reales, mediante las cuales se declaraba que en el Paposo convergían los territorios del Virreinato de Buenos Aires, Perú, y Chile. Esto significaba que el límite norte de Chile era el paralelo 25º 38'. Este dato oficial fue confirmado por el historiador chileno don Alonso de Ovalle, quien declaró: "Da principio a este reino en sus confines con el del Perú, en veinte y cinco grados, el río que llaman Salado". Él dijo, además, que el Reino de Chile "tiene por vecino a la banda del norte, las provincias de Atacama y las ricas minas de plata de Potosí, que dan principio al Reino del Perú".

HORA 25.- Para verificar estos importantes datos, conoció usted también la documentación del Archivo de Indias en Sevilla, España?

MARTINEZ.-
La siguiente importante información fue copiada para mí por un dilecto colaborador, directamente de la Sección V de manuscritos del Archivo General de Indias, en Sevilla, donde se coleccionan los documentos relativos a la Audiencia de Charcas, que fue lo que hoy es Bolivia:

1. En el Legajo Nº 24, que contiene cartas y expedientes enviados desde la Audiencia de Charcas al Rey y al Consejo Supremo de Indias, figura una carta del Doctor Juan de la Peña Salazar, oidor de la Audiencia de Santiago de Chile que había sido promovido el 22 de marzo de 1684 y dirigida al rey, la cual dice al comienzo: "Señor, doy cuenta a Vuestra Majestad de cómo habiendo desembarcado en el puerto de Cobija, cuando pasé del Reino de Chile a esta plaza..." (La frase "cuando pasé del Reino de Chile a esta plaza" prueba que el puerto de Cobija estaba fuera de la jurisdicción del Reino de Chile).

2. En el Legajo Nº 135, que contiene "Cartas de Arzobispos y Obispos de Charcas al Rey y al Consejo de Indias, años 1560 a 1658", figura una carta del cura de San Pedro de Atacama la Grande, fechada el 8 de octubre de 1613, dando cuenta al Arzobispo de La Plata (Chuquisaca) de que el Corregidor de Atacama la Chica ha presentado ante él queja contra el cura de Atacama la Chica, Bartolomé Suárez de Figueroa, "porque había estado en Cobija confesando y adoctrinando a los indios del puerto más de 20 días y esto le había hecho perder más de 500 cargas de pescado que en ese período debieron coger los indios". (Si Cobija hubiese pertenecido al Reino de Chile, el asunto habría sido elevado a la autoridad eclesiástica de Santiago, y no a la de Chuquisaca). La información contenida en esos dos legajos del Archivo de Indias no admite dudas de que el puerto de Cobija perteneció a Bolivia desde tiempos inmemoriales.
HORA 25.- Qué otro documento que usted haya investigado da testimonio que Bolivia siempre tuvo Mar?

MARTINEZ.-
Además de todo lo señalado, el derecho de Bolivia al litoral quedó reafirmado cuando, el 28 de diciembre de 1825, el Libertador Simón Bolívar dictó un decreto que confirmaba el puerto de Cobija como integrante del territorio boliviano.

En efecto, cuando nació la República de Bolivia, el 6 de agosto de 1825*, su litoral se extendía desde el río Loa hasta el río Salado o Paposo, tal como se consigna en cédulas reales y en abundantes datos históricos. Pero carecía de puertos útiles, ya que sólo contaba con la destartalada caleta de Cobija y algunas ensenadas, todo lo cual era insuficiente. Por lo tanto, en pleno ejercicio de soberanía, el Libertador Simón Bolívar ordenó que se hiciera un reconocimiento de la costa para localizar el lugar más adecuado para la habilitación de uno o más puertos. La misión recayó en el irlandés Francisco Burdett O'Connor, quien, como resultado de su inspección, informó que el lugar más conveniente estaba en Cobija.

El decreto, en su parte pertinente, dice textualmente:

"Quedará habilitado, desde el 1º de enero entrante, por puerto mayor de estas provincias, con el nombre de Puerto de La Mar, el de Cobija. Se arreglarán allí las oficinas correspondientes a la exacción y seguridad de los derechos pertenecientes a la hacienda pública. El gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, queda encargado de la ejecución de este decreto".

Este importante decreto quedó consignado en el Anuario Legislativo (o colección de leyes y decretos) que año tras año, desde 1825, se ha venido publicando en Bolivia y, además, fue incluido por el historiador Vicente Lecuna en su obra "Documentos Referentes a la Creación de Bolivia".
HORA 25.- Este documento mencionado, ¿echa por tierra toda la tesis del ya fallecido Gral. Pinochet y otros intelectuales chilenos que afirman desde hace mucho tiempo que Bolivia nunca tuvo Mar?

MARTINEZ.-
Este documento echa a tierra el infundio presentado en la historiografía oficial chilena de que Bolivia nunca tuvo mar. Simón Bolívar era escrupuloso en cuestiones de soberanía para suponer que él hubiera ocupado territorio ajeno para habilitar un puerto para Bolivia. Así que, como no era razonable dudar de la integridad del Libertador, el historiador Encina eligió la táctica de negar la existencia del mencionado decreto. Él dijo que ni él ni sus alumnos habían encontrado jamás el Decreto de Bolívar. Que el señor Encina y sus ayudantes no hayan podido ubicar dicho decreto, puede ser posible, aunque ello implique que su investigación no fue tan concienzuda como debía haber sido; pero afirmar que don Vicente Lecuna, "máxima autoridad en la materia", tampoco lo encontró, es un caso específico de ocultación de la verdad. Por lo tanto, este decreto, además de las fuentes oficiales e históricas ya revisadas, es una evidencia conclusiva de que Bolivia nació con litoral y puertos propios en el Océano Pacífico.

HORA 25.- ¿Qué otra prueba antigua existe sobre el derecho histórico de Bolivia al Mar Pacífico?

MARTINEZ.-
Bueno aquí tendría que citar leyes antiguas investigadas. La Ley 5 señala que la Audiencia de Lima "tenga por distrito la costa que hay desde la dicha ciudad hasta el reino de Chile exclusive". Originalmente cierto, pero por la fundación de Charcas, hoy Bolivia, se redujo la extensión de la Audiencia de Lima, cercenándole de su extremo sur un espacio de más de cien leguas que quedaba interpuesta entre ella y la Santiago de Chile. La antigua Audiencia de Charcas, hoy Bolivia, partía términos, según la Ley 9, "por el septentrión [norte] con la real Audiencia de Lima y provincias no descubiertas; por el mediodía [sur] con la real Audiencia de Chile; y por el Levante y Poniente con los dos mares del Norte y del Sur". Algunos califican a la Ley 9 de vaga, porque así les conviene. Pero el límite meridional de la Audiencia de Charcas está tan claramente expresado en su texto que no da lugar a dudas; confina con la de Chile por el Mediodía, y por el Poniente con el mar del sur. La ley que fundó la Audiencia de Charcas le asignó una gran parte del territorio de la Nueva Toledo. El territorio concedido a Almagro era litoral: doscientas leguas de costa fueron las que se le otorgaron. Emancipado el Alto Perú, en 1825, Bolivia domina el antiguo territorio de Charcas sin salirse de los límites asignados al distrito de ésta, y ejerció actos soberanos sobre el suelo que se le disputó. Esta es la verdad histórica que emana de datos oficiales e históricos con respecto a los límites originales del Perú, Chile, y Bolivia.
HORA 25.- ¿Es cierto que otros historiadores chilenos también escribieron en su tiempo la verdadera situación marítima de Bolivia?

MARTINEZ.
- Efectivamente, además de los datos oficiales provenientes de las cédulas reales de España y del Archivo General de Indias, otra principal fuente de información que confirma que Bolivia nació con litoral propio en el Océanos Pacífico, procede, paradójicamente, de prominentes escritores chilenos, tanto coloniales como contemporáneos. Por ejemplo, don Benjamín Subercaseaux Zañartu publicó en 1946 su libro "Chile, Tierra de Océano", que, junto con sus otras 26 obras lo calificaron para que en 1963 se le otorgara el Premio Nacional de Literatura. Este renombrado escritor chileno reconoce que Antofagasta era territorio boliviano. En conclusión puedo afirmar que en 1563 se funda la Audiencia de Charcas, subordinada al Virreinato del Perú. Esta Audiencia comprendía la ciudad de La Plata, la ciudad de La Paz, Chucuito, el pueblo de Oropesa, la Villa Imperial de Potosí, Porco y Santiago del Estero. La costa se extendía desde Tampalla hasta el río de Copiapó, incluyendo los puertos de Tarapacá y Mejillones. La Audiencia de Charcas, hoy Bolivia, tenía acceso soberano al Océano Pacífico por la costa del desierto de Atacama que correspondía a la jurisdicción de la Provincia de Potosí.

HORA 25.- ¿Cómo nace la estrategia expansionista de Chile?

MARTINEZ.-
Hablando con franqueza, Chile nació pobre. En nuestro territorio nunca hubo depósitos de oro o plata en una cantidad que justificara una expedición, siendo estos los elementos a los cuales el género humano les atribuye tanto valor. Como riquezas naturales, Chile sólo podía exhibir la madera del sur y el cobre en un área que actualmente se conoce como Rancagua. Esa situación desvalida continuó en Chile, sin grandes variaciones, a través del periodo colonial y más allá de las primeras décadas de vida independiente, hasta poco antes de la Guerra del Pacífico. El historiador Don Francisco A. Encina reconoce que "la Colonia (chilena) nació muy pobre, casi indigente. Chile fue el pordiosero colonial, y la misma fama debió acompañarle hasta 1883". Hasta ahí las palabras del señor Encina. Ese año, Chile dictó una Ley que fue el principio en su estrategia de crecer a costa de sus dos vecinos: Bolivia y Perú.
HORA 25.- ¿La respuesta de Bolivia fue inmediata o dejó pasar la oportunidad de reclamar?

MARTINEZ.-
Al imponerse de la ley promulgada por el gobierno chileno, Bolivia protestó enérgicamente contra dicha ley que declaraba propiedad chilena las guaneras de Atacama, y envió al abogado Casimiro Olañeta a Santiago de Chile, con la misión de reclamar los derechos de Bolivia sobre el territorio comprendido entre los paralelos 26 y 23. El Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, don Ramón Luis Irarrázabal, le contestó que "no estaba en las facultades del Poder Ejecutivo alterar las leyes dictadas por el Congreso". Y fueron inútiles los afanes del señor Olañeta por hacer prevalecer la voz de la razón. La posición chilena se mantuvo impertérrita. Después de una serie de conflictos y roces de autoridad en el territorio en disputa, Bolivia envió en octubre de 1847 a don Joaquín Aguirre a Santiago de Chile a reclamar por sus derechos territoriales. Pero la misión de este segundo enviado del gobierno de Bolivia tampoco tuvo éxito.
HORA 25.- ¿Cuál es la verdad sobre las afirmaciones que se hacen en la "historia oficial" que se difunde en Chile, en relación a que Bolivia hubiera dictado decretos que dieron lugar a la invasión por decisiones erróneas sobre impuestos?

MARTINEZ.-
Bueno, es que la cuestión limítrofe entre ambos países llevaba más de treinta años, desde el 31 de octubre de 1842, fecha en que el gobierno de Chile decretó que el país limitaba al norte con el paralelo 23. Como ambos países reclamaban derechos territoriales sobre la zona en disputa, los contratistas que deseaban explotar el salitre no sabían con certeza con cuál gobierno debían tratar. Así se dio el caso que el chileno Matías Torres, que residía en el puerto boliviano de Cobija, pidió y obtuvo licencia del gobierno de Chile para explotar unas guaneras ubicadas al sur de Mejillones. Pero las autoridades bolivianas ya habían otorgado la misma covadera al ciudadano brasileño Pedro López Gama, así que éste entabló juicio contra su rival chileno, demandando daños y perjuicios. Como resultado, las autoridades judiciales de Cobija hicieron apresar a Matías Torres y lo sometieron a proceso, con la consiguiente confiscación y remate de la casa que tenía en Cobija. La reacción de Chile no se hizo esperar. Dos barcos de guerra al mando del capitán Juan Williams Rebolledo llegaron al área de Mejillones para defender los intereses del ciudadano chileno Torres. Después, como se sabe, Bolivia le declaró la Guerra a Chile y todo culminó en violencia.
Hora 25.- Después de todo lo que hemos conversado sobre las relaciones entre Bolivia y Chile, ¿por qué es que después de más de cien años aún no hemos podido arribar a una solución que nos permita regresar soberanamente al Océano Pacífico, y seguimos enclaustrados en tierra firme, lejos del mar? ¿Acaso nunca se nos hará justicia?

MARTÍNEZ.-
La causa de que todavía no se haya podido llegar a una solución que permita a Bolivia contar con un puerto en el litoral chileno, puede deberse a un conjunto de factores que han estado jugando en contra de los intereses de ambos pueblos. Tanto dentro de Chile como dentro de Bolivia hay grupos nacionalistas a ultranza que no están dispuestos a flexibilizar sus posturas en bien de un acuerdo mínimo, pero práctico. Durante el gobierno militar chileno, ambos países estuvieron en un tris de resolver el asunto de la demanda marítima boliviana. Pero se frustró porque Bolivia no aceptó el canje de territorio, y porque el Perú sencillamente entorpeció la negociación acogiéndose al derecho que tiene de votar sí o no en un caso en que Chile quiera ceder a Bolivia territorio que antes fue peruano. Bolivia podría entrar por el extremo norte de Chile, como lo propuso el gobierno militar chileno, pero sin exigir soberanía. Negociaciones aterrizadas entre las autoridades chilenas y bolivianas, que contemplen los intereses de ambas naciones, podrían conducir a un arriendo de terreno de paso y litoral. En ese caso, Perú no tendría ingerencia en el asunto, ya que en términos simples se trataría de un arrendamiento de tránsito, terreno y mar. Y Bolivia disfrutaría de los beneficios que le otorgaría la porción de litoral arrendado.

En todo caso, esta idea de un arrendamiento de litoral es sólo un atajo para llegar a la meta anhelada. Por supuesto, hay otras alternativas legítimas que se pueden considerar. Una de ellas, por ejemplo, es incluir en las conversaciones con Chile elementos energéticos como argumentos de negociación, lo que podría inclinar la balanza en favor de Bolivia. El insigne profesor, escritor y abogado chileno, don Carlos Vicuña Fuentes, expresó lo siguiente respecto a la demanda marítima boliviana:

"En cuanto a Bolivia, el problema es más hondo todavía, porque es vital; no puede ella sobrevivir enclaustrada, fuera del acceso a la vía libre del mar [...]. su salida al mar tendrá que ser forzosamente una ineludible aspiración nacional y un eterno problema internacional, en cuya finalidad no podrá haber desacuerdo entre sus hombres. Lo habrá sí en cuanto al modo de solucionarlo [...], pero los hombres que representan el sentimiento profundo y permanente de la nación, buscarán necesariamente una salida por el territorio de Chile, que tiene en su poder todo el antiguo litoral de Bolivia".

Pareciera que el modus operandi más práctico, y con más posibilidades de éxito, para que se resuelva el eterno enclaustramiento de Bolivia, sería que este país utilizara sus recursos energéticos, acuíferos y minerales como elementos de negociación para llegar a un acuerdo que contemple los intereses de ambas partes. Estos recursos bien podrían llegar a incentivar a las autoridades chilenas para que se allanen a estudiar la posibilidad de que Bolivia vuelva a salir al Océano Pacífico en forma soberana.
La respuesta a estas dos necesidades --un puerto útil y propio para Bolivia, y una solución para la angustiosa situación de la zona norte de Chile -- se halla en la extraordinaria potencialidad de los recursos naturales de Bolivia que, negociados con sabiduría y con los pies bien puestos en la tierra, puede ser la llave para solucionar estas dos necesidades.
Hora 25.- Para finalizar, ¿a qué meta apunta la publicación de la Cuarta Edición de su libro "El Mar de Bolivia" en este año 2010?

MARTINEZ.-
El propósito de este libro no es abrir más las heridas dejadas por la Guerra del Pacífico, una guerra terrible, tal como son las guerras entre hermanos, sino ayudar a cicatrizarlas. Y sólo cicatrizarán cuando Bolivia tenga una salida soberana al Océano Pacífico. En vano nos adormecemos con la errónea idea de que a Bolivia nada le debemos. Le debemos un puerto.

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LA IMPORTANCIA HISTORICA DEL LIBRO DE CASTULO MARTINEZ
El aporte histórico de la investigación de Cástulo Martínez contenido en el Libro •El Mar de Bolivia• es tan grande que en el año 1990, el Ministerio de Educación encabezado por el inolvidable Mariano Baptista Gumucio emitió la Resolución Nº 2731 que lo declara como "texto de consulta en los colegios, normales y otros establecimientos del sistema educativo de Bolivia".