miércoles, 15 de mayo de 2013

Jesús Urzagasti (1941-2013)

“Tirinea es una llanura solitaria, con árboles fogosos

y cálidas arenas expulsadas del fondo azul de la tierra.

Perdida como está en la memoria de los ángeles,

la vida allí no ejerce ningún contro
l y soy yo el único sobreviviente´´

Jesús Urzagasti (1941 - 2013)

 

Las noticias tienen una curiosa manera de viajar. Se acostumbra decir que las malas noticias viajan rápido. La grilla política, por ejemplo, te llega de manera inmediata y a veces hasta se anticipan a los hechos, al igual que los chismes. Los hechos en verdad importantes pasan desapercibidos. La muerte de Jesús Urzagasti me recuerda una frase de Maradona: uno empieza a darse cuenta que envejece cuando empiezan a morir los héroes de nuestra infancia. En mi caso, Urzagasti es una figura de mi juventud, pieza decisiva de mi despertar aldeano a la comunidad imaginaria de la patria.

Conocí su escritura a través de amigos de adolescencia. La vez que algún conocido encontró ejemplares de la única edición de Tirinea de aquel entonces, no dudé en gastar todos mis ahorros en lo que consideraba probablemente los últimos 10 incunables de Editorial Sudamericana a la venta. En Bolivia la existencia de aquella novela era casi un mito. Los forré y los guardé para la posteridad. Mi admiración tuvo algo de culto.

Figura de Maurits Cornelis Escher que ilustra En el país del silencio
En el país del silencio la adquirí por suscripción. No recuerdo si fue durante alguna jornada académica en Cochabamba, donde Urzagasti realizó la lectura de algunos poemas suyos, o fue en el Paraninfo de la René Moreno. Yo ignoraba completamente la existencia de Escher, cuyo dibujo ilustra esta primera edición de su mejor novela. La magia y las matemáticas fueron tópicos frecuentes de Jursafú, como lo apodaban en la Facultad de Letras de La Paz en homenaje a uno de sus personajes.

Viajé por medio mundo con aquel volumen. Como lector suyo, obtuve la admiración y un beso de una mujer tierna. En un gesto casi religioso, en mi último regreso a Bolivia (2006), cargué con él en mi mochila con la intención de releerlo en algún momento. Carecía de una Biblia y la novela de Jursafú me pareció lo más parecido a un texto sagrado para acompañar una marcha de campesinos del oriente con rumbo a La Paz. Así, a ratos platicando sobre la modificación de la Ley Agraria, a ratos meditando en historias de gente humilde y entrañable, obtuve la amistad y la confianza de algún cacique chiquitano a quien leí algo de cosas que algún día me gustaría llegar a escribir. Cultivé de manera secreta el homenaje a Urzagasti. Involucrar su libro en el mundo real de "los rurales" para ver qué sucedía, qué vida tenían sus libros, cómo se defendían en manos de un campesino (Caminar tiene algo de inquietante, de rebeldía; es un gesto en contra del sentido egoísta de propiedad...). Estoy seguro que le hubiese encantado conocer la anécdota. 

La última vez que lo ví fue durante una visita grupal en su departamentito en La Paz. Gracias al nombre de su pequeña mascota, me enseñó que la palabra guaraní para decir anta es borebi. Cosas de hijos de rurales. Mientras estudiaba en México, me llegó la edición de De la ventana al parque. Al igual que hacía con sus personajes, tal vez algún día nos encontremos a pesar de la muerte y su distancia para conversar con la serenidad de dos paisanos que comparten las bromas que nos juega la vida, sentados sobre calabazas o masticando una rama mientras se bebe la ambrosía del atardecer. -FF



Viaje por tierra
De vez en cuando, en lugar de escuchar las mismas zonceras de los políticos, es bueno internarse por los caminos de Bolivia, que no serán tan excelentes como los de nuestros vecinos, pero tienen la virtud de ponernos en contacto con la realidad, que puede ser muy dura pero siempre es cordial.

Tengo un amigo que ha recorrido casi todo el país, al mando de un jeep bastante roncador y forzudo. Cada vez que nos encontramos me relata sus aventuras en tierras y paisajes que alguna vez vi estremecido por una emoción que sólo los bolivianos podemos sentir cuando reconocemos en nuestra geografía el aliento de las cosas perdurables.

Cómo no recordar, por ejemplo, la región de Narvaez –entre Tarija y Entre Ríos- con su río ruidoso e interminable como el sueño de la vida, con sus grandes piedras que parecen proceder de los tiempos en que no había necesidad de idiomas, porque los malos entendidos mayores entre los hombres aún no habían sido inventados.

Y Portachuelo, donde mucha gente cultivaba la piña, que no es un árbol grande sino una planta parecida a la Caraguatay que abunda en la llanura chaqueña. En portachuelo verá usted muchas cosas, verá por ejemplo al motacú y al bibosí amorosamente abrazados, sin otro idioma que el aroma vegetal.

O ese tramo entre Cochabamba y Oruro, donde a altas horas de la noche el cielo no es el mismo cielo de siempre sino el copioso silencio de las estrellas.

Y esa maravilla de cerros colorados, entre Potosí y Camargo, que anuncian un valle con muchos molles y sauces, y otras arboledas bajo las cuales se levantan hotelitos y pensiones para los viajeros.

Entre Santa Cruz y Boyuibe, si usted va en tren, cerca del amanecer sentirá un frío que le pelará los huesos, un frío raro porque persiste aunque el verano sea bravo.

Más adelante verá las poblaciones dormidas recorridas por un viento en pleno insomnio, mientras el tren seguirá protestando en su estilo metálico: Cinco pesos poca plata, gastá tu plata huaypón, cinco pesos poca plata, gastá tu plata huaypón…

Y esas grandiosas montañas oscurecidas por la soledad, en las proximidades de Amarete, donde la noche es noche, lejos de las lámparas y de las luminosas invenciones. Al alba, como salidas de un sueño inmemorial, reaparecen las mujeres envueltas en unos tejidos que restituyen al misterio su carácter vital y cotidiano.

Pero hay un lugar al que no se puede llegar ni en jeep, ni en tren ni en avión, menos montado en una carretilla o en una mula. Está en el país, lo habitan gentes idénticas a nosotros, cosechan lo que siembran, van al río y se bañan, y al anochecer sienten que esas aguas tienen el brillo que se suele atribuir a los animales fabulosos de la memoria. Ese lugar está aquí: se ha tornado invisible desde que las fiebres del poder y la mentira lo han confundido todo. Pero usted podrá recuperarlo con sólo escuchar los latidos de su corazón, la brisa más fraterna y leal de la vida.


El murmullo de los enterrados
Desde el pasado martes no tengo nombre. Ahora que estoy enterrado no tengo nada, aunque tampoco tuve algo cuando estuve sobre la tierra, salvo los hijos y esa mujer que ahora está llorando como si me hubiera muerto.

Me vine, pues, por estos lados, sin averiguar por dónde ni por cuánto. Un día de esos aparecí por el campamento de Llipi, con la idea loca de sobrevivir sin tantos pesares. Muchos eran los que como yo llegaron con esa idea y aunque en las noches de luna alguien templaba el charango, nunca pudimos aventar ese aire de soledad que nos rodea desde siempre.

No es como dicen, Policarpio Quentasi, que el que está debajo de la tierra ya no recuerda nada. Uno se acuerda de todo y escucha clarito los murmullos del otro lado, el llanto y la mirada extraviada de los niños. Aquí abajo el día es como todos los días, pero hay como una tela oscura que se interpone y nos separa de las costumbres cotidianas, de los atardeceres y de la noche de los vivos.

¿Me pregunta usted por las causas de la desgracia? Hasta donde pude entender, para nosotros las desgracias no tienen causas, según dicen. Aparecen nomás y si uno no disparó a tiempo, lo arrancan de cuajo. Desde que empecé a darme cuenta de que la tierra es redonda para unos y cuadrada para otros, comprendí que la desgracia me estaba esperando, tranquila y casi sin remordimientos, como a otros les aguarda la felicidad de los brindis.

¿El país? No sé de qué país me está hablando, Policarpio. Yo sólo he conocido uno, que está a trasmano del camino real. Los que lo habitan, como lo habitamos nosotros, saben que a ese país difícilmente pueden llegar los que están arriba, gruñendo o alabando no sé qué cosas. Sólo cuando nosotros estamos enterrados, los de arriba se dan cuenta de que es casi imposible llegar hasta nuestro país. En realidad siempre fue así. Nunca nos han visto las caras ni han reparado en nuestros ojos; por eso la muerte lo único que hace es confirmar que aquellas gentes jamás nos han visto y que por eso les cuesta tanto llegar hasta nosotros.

El nuestro no es un país triste, lo que no le quita que sea un país desamparado. Sí, este es un país desamparado, pero por lo mismo aquí abundan los sueños, pues de otro modo no se podría vivir. ¿Se fijó usted en esas flores silvestres que se levantan de la tierra de un día para el otro? El sueño las hace crecer, como nos hace crecer a nosotros hasta que la muerte nos tumba de la noche a la mañana.

Vaya usted, Policarpio, y diga algo cuando vuelva y se encuentre con los que están arriba. O mejor no les diga nada. No han de creer que usted vio nuestro país. Han de creer más bien que salió con los cables pelados de tanto mirar estas montañas y la soledad que las habita. Pero usted hizo el camino y llegó hasta nosotros. Y eso es mucho en un mundo donde los mapas sólo sirven para extraviarse y esconder a los que vivieron alimentándose de sueños convencidos de que la desgracia está en una nadita.

Jesús Urzagasti, por él mismo (I): Los orígenes

Norma Klahn y Guillermo Delgado-P.*
El escritor chaqueño Jesús Urzagasti, uno de los narradores y poetas centrales de la literatura boliviana, falleció la madrugada del pasado 27 de abril. En estas líneas, queremos empezar a recordarlo recordando su voz: transcribimos fragmentos, inéditos, de las charlas que Urzagasti ofreció el año 2003 en la Universidad de California. En esta primera parte, Urzagasti habla de los orígenes de su escritura.

Urzagasti • Nació en 1941, murió el 27 de abril. Foto: escritores blogspot

En el mes de abril de 2003, gracias a una beca de viaje otorgada por lasa (Latin American Studies Association), Jesús Urzagasti (Gran Chaco, Bolivia, 1941-2013) visitó las varias sedes (Berkeley, Davis, Santa Cruz) de la Universidad de California para ofrecer charlas sobre su obra. Josefa Salmón, Norma Klahn y Guillermo Delgado P. organizamos estas visitas. En esta primera parte de la transcripción de esas charlas y diálogos, Urzagasti habla de sus orígenes.   Sobre los orígenes
Soy fronterizo. Lo he dicho muchas veces. La frontera tiene sus desventajas pero también sus ventajas. Precisaré. Yo nací en el Chaco tarijeño que está en Bolivia donde también están el Chaco chuquisaqueño y el Chaco cruceño. Sea como fuese, el Chaco es un país, es distinto. Hay un Chaco paraguayo, argentino e incluso hay un Chaco brasileño, pero es el mismo Chaco que está en Bolivia.
El escritor español Víctor Alba dijo en una columna, memorable para mí, que tres lugares le habían impresionado de América Latina: Yucatán, luego un lugar de Chile que desafortunadamente no recuerdo y el Chaco boliviano. ¿Por qué le impresionó? Por el orgullo muy especial de sus habitantes, el orgullo de pertenecer a un lugar, que no es un orgullo excluyente, es un orgullo sano que supone el respeto al otro. Eso a mí me alegró porque es una mirada ajena, es una mirada de un español que recorría esas tierras y pudo advertir esas características en tres puntos de América Latina: Yucatán, un lugar de Chile y el Chaco boliviano. Yo, como chaqueño boliviano, creo que eso es cierto, que no hemos sucumbido al regionalismo. Hay muchas referencias así que la vida me ha donado para comprobar que este afecto no es descabellado.
Hace muchos años, escuché accidentalmente en una radio una música con violines, parecía música chaqueña pero no lo era (era irlandesa). Después el locutor dijo, sin saber lo que decía, que esa pieza había sido compuesta por una persona “que amaba un cierto lugar de una cierta manera; o sea, de una manera intransferible”. Me identifico con esa definición. Yo de algún modo soy también “un cierto individuo que pertenece a un cierto lugar y que lo ama de una cierta manera”. Eso es el Chaco para mí. 
Yo nací en Campo Pajoso el año 1941. Me llevaron al monte muy pequeño, quizá de ahí viene una suerte de fijación en mi poesía y en mi prosa con lo vegetal. Confundí esa gran vegetación con los cabellos de una mujer, con una cabellera negra, larga. Después me llevaron a Palmar Chico, a la escuela “Rufino Salazar”. Tuve mucha suerte porque era un pueblo de labriegos. Ahora eso no existe, pero, en ese tiempo y en ese pueblo, no había iglesia, ni curas, cosa fundamental para mí. Me considero una persona religiosa pero no respondo a un credo en particular. La palabra “religiosa” procede de ‘re-ligare’, de buscar la gran comunicación de los elementos terrestres. No he pensado mucho en el paraíso y de algún modo creo que es posible obtener esa visión fulgurante estando con los pies en la tierra. 
Habiendo nacido en el Chaco, podría haber “rumbeado” hacia la Argentina, que era el camino previsible. Como que fui un año a Salta, a estudiar tornería. Allí cogí una neurosis, no sabía que estaba socialmente “desvirolado”, como se dice. No tenía idea de lo que iba a hacer, pues mis padres me podían guiar hasta por ahí nomás. Aunque mi padre era un buen lector, me imagino que nunca se había topado con un escritor, ni sospechaba que estaba incubando a un escritor allí en medio del monte. Yo me volví de Salta. Ahí, en Salta, recibí un poema vía sueño, justamente el 6 de agosto, que es el día nacional de Bolivia. Esas cosas las recuerdo muy bien. Empecé a escribir en un cuaderno y cuando tuve que volver dije “¿qué hago con esto, qué es esto?”. Me vino un sentimiento de culpa: me mandaron a estudiar tornería, a manejar la fresadora y resulta que yo anoté cosas en un cuaderno. Entonces, metí ese cuaderno en una botella verde y le puse, a falta de corcho, un marlo y la enterré en la orilla de la Quebrada Quarisuty.. Esa fue mi iniciación, digamos, a la literatura, a través de un sueño. Lo que quiero decir es que el sueño es un espacio importante para mí. 
Contar sueños es una actividad propia de los rurales. Lo primero que hacen los rurales al amanecer, al despertar, es contarse los sueños. Y esta mañana cumplimos, con Guillermo, con Norma, ese rito. El soñó, tuvo un sueño importante, ella también y yo también, y cada uno se contó los sueños. Yo, en La Paz, lo primero que hago al despertar es contarle mis sueños a Sulma, mi esposa, y ella también me cuenta los suyos, y a veces los niños también, si sueñan, nos los cuentan.
Fue en Argentina que escuché por primera vez música andina a través de una radio, mundo del que no tenía la menor idea. Desafortunadamente yo no hablo aymara y, por hacerme estudiar otras cosas, tampoco aprendí guaraní. O sea, como ven, es un peligro estudiar. Salí, estudié y me quedé con algo de guaraní. Sin embargo, ahí me di cuenta, no con la precisión con que ahora puedo decirlo, que el fronterizo puede responder a fuerzas centrífugas y a fuerzas centrípetas. El primer intento de una fuerza centrífuga fue irme a la Argentina; sin embargo, después respondí a un centro, en este caso al centro secreto de mi país. Ese centro secreto lo tenemos todos los seres humanos incorporado a nuestro organismo y toda mi vida lo único que hice o lo fundamental fue buscar ese centro secreto. Vaya a saber si lo hallé, pero yo he intuido ese centro secreto que a muchos les causa desasosiego y es motivo de extravío para muchas gentes de Bolivia. Pueden ser muy inteligentes, pueden ser muy avispados, pueden ser muy afortunados, pero ese centro no rinde sus misterios secretos, valga la redundancia, sino al que va con otro talante, con la suficiente humildad para reconocer la grandeza de una tierra como la boliviana. 
Hay que recordar que en Bolivia se hablan unos cincuenta y tres idiomas. Yo soy un mestizo, algo de guaraní sé, algo de aymara, algo de quechua. En el Chaco se habla un castellano arcaico. Es una comunidad que ha quedado encerrada, sin mayores vínculos. De modo que eso nos ha dejado un castellano más o menos puro. Yo aprendí ese castellano, lo heredé del habla popular, del habla coloquial y fue uno de mis primeros desafíos: hacerme cargo de los idiomas que se hablan en el país y hacerme cargo, muy modestamente, del castellano que yo hablo. Sobre ese idioma yo he operado. Ahora bien, yo no soy un purista, no soy un académico. Al menos en países como Bolivia, al que escribe correctamente, si es que alguien escribe correctamente el castellano, pues no lo lee ni su abuela. Eso no es cosecha mía. Se lo dijo Roberto Arlt a Onetti en una charla que tuvieron en Buenos Aires.
Mi desafío entonces consistió en hacer respirar no los cincuenta y tres idiomas, sino, por lo menos, el aymara, el quechua, el guaraní, en mi prosa castellana. Se trata del ritmo, se trata de intercalar con sabiduría, con la sabiduría con que lo hacen mis mayores, el silencio, entre palabra y palabra, entre frase y frase. Ese es un arte mayor. En Occidente, entre los contemporáneos, ya lo dijo George Steiner. Yo lo sé según mi propia experiencia, según lo que me ha dicho mi propio país. Algo de eso he querido hacer.
* Catedráticos de la Universidad de California, Santa Cruz.


Correspondecias

No volveremos nunca de ese país
al que todavía no hemos ido.
Nos quedaremos allí
como rehenes nocturnos del verano 
y sólo al alba reconoceremos
la belleza de sus habitantes
con la mirada del amor.

(Jesús Urzagasti)


 
El Deber: El 3 de junio de 2011, Urzagasti brindó la última entrevista a este medio. Fue durante su visita a la Feria del Libro de Santa Cruz.
 ¿Sigue creyendo que apostar por lo local es acceder a un lenguaje universal? 
 Estimo que el conocimiento de lo propio es requisito indispensable para tallar un mundo de palabras comunicativo.
 Tirinea fue elegida entre las 10 mejores novelas de la literatura boliviana ¿qué opina de esa lista?
Mientras no haya en el país una gran masa de lectores capaz de remarcar los productos que considera de primera, largo tiempo estaremos bamboleando entre la fama efímera y el tufo de la incertidumbre.
 Hace años también dijo que creía que el futuro de una buena literatura estaba en Santa Cruz ¿por qué?
Hace años afirmé en La Paz que el porvenir de la narrativa boliviana estaba en Santa Cruz. Cuando se me demandó por qué, dije: probablemente porque en la capital oriental no hay Facultad de Letras.
 Durante más de 20 años ejerció el periodismo ¿Cómo ve la situación actual del periodismo en el país.
A diferencia de lo que ocurría en otras partes, el periodismo boliviano se definía por su coraje para informar sobre lo que todo el mundo sabía y no se atrevía a decir. Ignoro qué grado de vigencia tiene esa ética, pero está claro que la  Internet ha trastocado un orden que parecía inalterable.

Fuentes: 
Retorno al país del silencio. Nació en el Chaco en 1941 y dejó este mundo el 27 de abril. Urzagasti fue uno de los grandes escritores bolivianos (La Razón / Jorge Luna Ortuño - escritor 05 de mayo de 2013) http://www.la-razon.com/suplementos/tendencias/Retorno-pais-silencio_0_1826217481.html
Leer en el país del silencio (Un recuerdo y un homenaje al recientemente desaparecido escritor Jesús Urzagasti) http://www.la-razon.com/suplementos/tendencias/Leer-pais-silencio_0_1830417054.html
Urzagasti: Un Universo Tan Fantástico Como Real (Marcelo Suárez Ramírez - El Deber) http://www.eldeber.com.bo/brujula/2013-05-04/nota.php?id=130504002745
Jesús Urzagasti: “Largo tiempo estaremos entre la fama efímera y la incertidumbre” (El Deber) http://www.eldeber.com.bo/brujula/2013-05-04/nota.php?id=130504002936

Homenaje a Jesús Urzagasti (Vilma Tapia Anaya, La Opinión 05.05.2013) http://www.opinion.com.bo/opinion/ramona/2013/0505/suplementos.php?id=691

lunes, 11 de marzo de 2013

Carlos Medinaceli (1902-1949)

Goya. Pinturas de la ‘Obra negra’ y grabados de la serie ‘Caprichos’ de Francisco de Goya ilustran estas  páginas.  Foto: Museo del Prado (Madrid)
Goya. Pinturas de la ‘Obra negra’ y grabados de la serie ‘Caprichos’ de Francisco de Goya ilustran estas páginas. Foto: Museo del Prado (Madrid)

Desde el punto de vista de Sirio

Publicado a poco de la muerte de su autor, este texto ha estado en el olvido más de 60 años.

La Razón Carlos Medinaceli (1902-1949) La Paz
17:20 / 11 de marzo de 2013
Allá, en aquel país donde el tiempo y el espacio han perdido su imperio, dialogan las sombras de los que fueron… Por una remota remembranza que aún les queda, se preocupan, a veces, de los asuntos terrenos y avizorando desde el atalaya de la eternidad hacia este minúsculo planeta, comentan los mínimos acontecimientos como vulgares periodistas y hasta murmuran como en cualquier mentidero.
Taine (a Sócrates). Fijáos bien, mi querido maestro, en aquel punto casi imperceptible de la tierra. Parece que se trata de una ciudad… Una ciudad enclavada entre las montañas, muy alejada del mar y donde la existencia, como en la Holanda salvaje del siglo IX, debe de ser intolerable. Sin embargo, tal es el esfuerzo humano, que en estas serranías se ha edificado un pueblo y se vive, se trabaja, hasta quizá se piensa… Mirad… (Le pasa el catalejo con el que ha estado contemplando el planeta.)Sócrates (que tiene buena vista, lo rechaza). Sí, lo veo bien. Parece que se trata de una ciudad de beocios, pues la encuentro bastante alejada de Atenas…
Menéndez y Pelayo (Don Marcelino que ha continuado en el cielo cultivando la poligrafía para dar cima a su Historia de las ideas estéticas, se encuentra bien informado e ilustra a sus colegas). Este pueblo fue fundado en 1545 por don Juan de Villarroel Centeno, y otros nobles de España, en las faldas de un hermoso cerro, donde descubrieron una ingente riqueza. A tanto llegó la fama de este portento, que esta ciudad, llamada con el nombre indígena Potosí, es la única mentada en el Quijote.
Sócrates. Esta mención de Cervantes debe constituir el mayor orgullo de la ciudad.
Taine. Es lástima que Don Quijote no la hubiese visitado…
Don Marcelino. Don Quijote no podía visitarla; él despreciaba los vulgares tesoros materiales: iba en pos de valores espirituales. Quien debió de haberla ambicionado fue Sancho y el Bachiller Sansón Carrasco. Y, ha sucedido así: Potosí ha sido la ínsula donde fueron a parar los sanchos y sansones carrascos de la España hampona.
Taine. Aplicando una vez más mi teoría sobre “los factores determinantes”, puedo afirmar sin temor de hierro: esta ciudad debe tener el espíritu mercantilista, utilitario y conservador, como los mercaderes de Cartago y los queseros de Holanda.
Don Marcelino. Por eso, antes de ufanarse estos criollos de la frase cervantina, de quien más se acuerdan es del flamenco de Carlos V que, como bien sabéis, fue más flamenco por ladrón que por industrioso. El flamenco les concedió el título de “Villa Imperial”, pero a cambio de las entrañas de plata que les arrancó. Cervantes no pudo robarles nada.
Sócrates. A quien recuerdan los pueblos, no es al que más bienes les hizo, sino más males.
Taine (que ha continuado observando con el catalejo). Según acierto a divisar, aquellos americanos se encuentran de fiesta: hay una muchedumbre heteróclita que formada en columnas avanza procesionalmente por las callejas retorcidas de la ciudad. Delanteros van unos carros adornados con plantas, flores y unas formas blancas que tal vez son las niñas del señorío criollo, pero que más parecen patos o cisnes. En las fachadas de las casas ondean banderas de colores chillones; por los balcones, como ramilletes polícromos, hay una apiñada multitud de damas emperifolladas. Todo, empero, es rígido, severo, estirado. Falta aquí la desbordante alegría de las kemesses flamencas o los primores artísticos, la fastuosidad del vestuario, la riqueza del colorido de las mascaradas venecianas o las cabalgatas palatinas. En este pueblo, visto está, las gentes carecen del gusto artístico, ya que ello no se puede imputar a escasez de recursos económicos. De todas maneras, confirmo mi teoría: el medio ambiente, la raza, el momento histórico…
(Si no lo interrumpe Don Marcelino, el dogmático Normalién era capaz de repetir sus cursos de la Escuela de Bellas Artes.)
Don Marcelino. Tratan de conmemorar el aniversario de su independencia. En un día como hoy, allá, cosa de más de un siglo, en 1810, tuvieron la imprudencia de “proclamarse libres” e “independientes de la Metrópoli”... Libres e independientes, ¿cabe mayor desaguisado? Es como si Monsieur Taine, antes de ser Normalién, hubiese pretendido ser Académico. Cuanto a su conquista de la “libertad”, debo deciros que como no sabían en lo que ello consistía, no supieron aprovecharla: la libertad en manos de ellos fue como el revólver en las manos de un niño: antes les sirvió para su propio exterminio, que para su prosperidad. Cuanto a su “independencia”, bien caro lo han pagado: desespañolizándose se han indianizado. Y es tanta su ceguera, que aun tienen el poco seso de ufanarse de ese estropicio, el que lo celebran con mucho bamboleo de campañas, embanderamiento de edificios, discursos tartajeados en castellanoide de más rimbombante que fofo y bailes a donde concurre la burocracia parasitaria que allá se llama “gente de sociedad”.
Taine. Bien veo, señor don Marcelino, que a pesar de encontraros ya en el campo de asfodelos, disfrutando de la beafítica paz y eterna bienaventuranza a la que los 84 volúmenes de vuestras Obras completas os dan derecho, persistís aferrado a vuestro intransigente “españolismo”, dice monarquismo absolutista en política, catolicismo sombrío en religión, casticismo a todo trapo en arte… Es intolerable: debéis pensar que estos pueblos jóvenes del nuevo continente son como niños que se han rebelado contra un tutor inepto y están ensayando la manera de vivir por su cuenta. Si por hoy han adoptado un sistema de gobierno que no se amolda a sus condiciones, ya irán encontrando el que les conviene, conforme la experiencia vaya aleccionándolos, como ha sucedido en Francia. Los galos del tiempo de los Capetos eran como los americanos de hoy. Y cometieron mayores desaciertos… Ya irán aprendiendo… No hay que olvidar lo que dije en cierta hora memorable para Francia: “La forma social y política a la que un pueblo puede llegar y permanecer en ella, no depende de la voluntad de aquel, sino que está determinada por el carácter y el pasado del mismo”.
(En este momento, llega al cenáculo el inexorable Robespierre. De andar anhiesto, trae peluca pulcramente empolvada, frac mayón rayado de verde, chaleco blanco, pantalón corto y medias de seda. Así, en el cielo, como en la tierra, el asesino de María Antonieta continúa usando “impertinente” y principios democráticos. Enterado de la conversación, ruge, más que dice):
Robespierre. ¡Ved en qué han venido a parar “los sagrados principios del 98”! La democracia trocada en plebeya demagogia, el reino de la razón convertido en la república de la estulticia, el sufragio universal transformado en el universal sufragio del más repugnante sanculotismo! Si no me encontrara en el campo de asfodelos tan lejos, ¡ay!, de la Convención y del Comité de Salvación Pública, los despachaba inmediatamente a la cuchilla a todos estos pícaros. Yo fui tan fiel a mis principios, que por ellos hice guillotinar a mis mejores amigos y conducir al patíbulo a los más nobles de mis protectores… ¡Los principios ante todo!
Maquiavelo (de faz angulosa, nariz aguileña, mirada de lince y comba frente sobre la cual, enrulados y negros, caen mechones de cabello). Por eso ya os dije, y olvidasteis mis enseñanzas: la única forma prudente de gobierno es el despotismo ilustrado: una minoría selecta arriba, que manda, y la mayoría inepta, obediente, abajo. Esto he proclamado yo con la sinceridad que no se me puede negar. Sólo ahora, después de un siglo de utopías igualitarias y chacota republicana, se me está reconociendo. Sí, la humanidad tiene que volver al Cesarismo que yo he proclamado. Las noticias que me llegan de la verde Italia así me lo conforman.
Mr. Taine, que al estudiar Los orígenes de la Francia contemporánea ha tenido oportunidad de valorar, en todo su desenfreno salvaje, los excesos del jacobismo, aprueba en silencio las palabras del consejero de César Borgia. Sócrates sonríe con amargura, pues le parece inmodesto usar un argumento ad hóminin para contrarrestar esas doctrinas… El podría hablar de los Treinta Tiranos y decir del sabor de la cicuta.
Mientras tanto, otro hombre recién llegado al Empíreo, trae un libro debajo del brazo. Respira aquel contento cándido y adorable de los adolescentes que se han encontrado un juguete de cuerda con el que creen que van a sorprender al gaznápiro mundo, como ellos mismos están sorprendidos. Es bueno y manso como un niño y carece de un ápice de malicia. Tiene la cara vulgar de un maestro de escuela.
Rodó. Yo he escrito el libro más sagaz y conciliador que ha producido la América. Quienes pretenden esclarecer las cuestiones que tratáis, tienen que acudir a mi Ariel, pues constituye algo así como la Biblia Política de estas nacientes democracias. En él digo (abre el libro por la página 160 y lee): “El espíritu de la democracia es, esencialmente, un principio de vida contra el cual sería inútil rebelarse. Los descontentos surgidos por las imperfecciones de su forma histórica actual, han llevado a menudo a la injusticia con lo que aquel régimen tiene de definitivo y de fecundo. La democracia y la ciencia son los dos insustituibles soportes sobre los que nuestra civilización descansa”.
Anatole France (acaba de aproximarse al corro. Lleva su típico birrete de seda escarlata y sonriendo con su cara de fauno octogenario, dice):
“¡Qué época mezquina la nuestra! Privando a la política de sus dos atributos necesarios, el puñal y el veneno, la habéis hecho inocente, insípida, bestia, charlatana y burguesa. Por falta de un Borgia, la sociedad se muere. No tendréis ni estatuas de estilo, ni palacios de mármol, ni cortesanas elocuentes y magnánimas, ni sonetos cincelados, ni conciertos en jardines, ni copas de oro, ni crímenes exquisitos, ni peligros, ni aventuras... Seréis felices sosamente. Neciamente, hasta el aburrimiento…” (Jocasta et le chat maigre)
Renán (de manera abaciales, habla con mucha suntuosidad en la sonrisa, pero con un orgullo satánico de fraile en el fondo):
Aunque las opiniones que acaba de expresar mi querido yerno no son originales de él, sino las que proclamó a grito herido Federico Nietzsche, en el fondo no vienen a decir otra cosa que lo ya auspiciado por mí: el gobierno de la aristocracia de la inteligencia.
Maquiavelo. No sólo la inteligencia debe gobernar, sino la fuerza y la astucia. La maña y la hipocresía sabia. Los gobernantes deben ser animales de presa, unos lobos inteligentes. Sólo los grandes hombres pueden cometer los grandes crímenes. Y sólo los grandes crímenes hacen la grandeza de los príncipes.
Taine. Donde vos decís “príncipe”, ahora tienen el mal gusto de decir “pueblo”: “pueblo soberano”, pero el pueblo es, por esencia, irresponsable. Ni las grandes glorias ni los grandes crímenes asumen personalidad en él. Las democracias son la atomización de toda gloria. Ésta es la jetta de la forma republicana.
Faguet. Por eso yo la he llamado “el culto de la incompetencia”.
Robespierre (que como todo fanático carece de ideas propias, no tiene qué argumentar y se marcha refunfuñando en “busca de su abogado”, el tarambana de Juan Jacobo).
Voltaire. Para concluir de una vez esta discusión que se está haciendo “del género aburrido”, debo deciros, queridos hijos míos: todos los ideales tras los cuales corre la humanidad son quimeras ilusorias.
Anatole France. Por eso yo he vivido desligado de todo y de todos. La ironía ha sido el burladero tras el cual he visto a los protervos a quienes de otro modo tal vez habría caído en la debilidad de odiar.
Dostoyewski (es un hombrecillo pequeño, nervioso, pálido, de pupilas febricientes y ademanes descompuestos. Un desasosiego continuo agita su cuerpo como si le sacudiesen estremecimientos de epilepsia. Como al hablar pone tanta convicción apasionada, una sinceridad tan frenética, los demás le contemplan pasmados):
Es que vosotros nunca fuisteis hombres en la plenitud vital del ser. Si fuisteis grandes por la inteligencia, pequeños fuisteis de corazón. No amasteis ni odiasteis nada con pasión. En el fondo tuvisteis almas de cortesanos. Yo, en cambio, me he desgarrado de dolor con todos los dolores y he llorado con todos los que lloran… Yo he sido tan cristiano como el mismo Cristo y Francisco de Asís. Por eso, en verdad de verdad os digo: No habrá un ápice más de felicidad en el mundo mientras no haya un grano más de piedad, de piedad profunda en los corazones… ¿Qué importan las discusiones y charlatanerías de los escribas y fariseos que, allá, en Moscú, han llamado la “intelligentsia”? ¿Qué importan las formas de gobierno, que jamás han de dar la felicidad a nadie? ¿Qué son los héroes nacionales, las hazañas guerreras o los hombres ilustres? Toda gloria humana se alza sobre una montaña de lodo y los hombres más grandes de la historia son los mayores criminales. Y los más inmorales, porque sí son irresponsables… Todo es bazofia… ¿Qué importa que la humanidad progrese indefinidamente, la ilustración se difunda, se inventen aparatos con los cuales se domina el aire y los mares, si con todo ello la humanidad sigue siendo tan desgraciada como en los tiempos de las hachas de sílex..? Todo eso no es más que ciencia, materialismo; mientras tanto, la humanidad va sintiéndose cada día más triste, más desesperada, más alejada de Dios y con el industrialismo y el maquinismo farisaicos y satánicos, cada día hay más hierro en los corazones, salvaje sensualismo en los apetitos y frialdad de máquina en las inteligencias! “Pero toda la ciencia del mundo no vale lo que las lágrimas de los niños”.
Platón (recién llegado al cónclave). Yo dije una vez que había que filosofar con toda el alma, ahora ampliaría aquello expresando que hay que vivir con toda el alma.
Dostoyewski. Eso dijisteis porque para vos la Filosofía fue un alegre deporte y un hermoso espectáculo como concurrir a los juegos píticos o a los banquetes de las cortesanas… Vuestro sistema es por ello elegante y bien arquitecturado como un Partenón de ideas. No podía ser de otra manera: nació en el plácido Jardín de Academos a la sombra de las palmeras y mientras el canto de las cigarras perfumaba de trinos el  ambiente… Vos creíais escuchar la música de las esferas. Por eso vuestra filosofía es cristalina como el cielo del Atica y sonriente como el mar Tirreno… Yo no he tenido nunca una filosofía; no he sido tan canalla para eso! Yo nací en un hospital y el primer canto que oí fueron los desgarrados gritos con los que paren las mujeres o los delirios de los febricitantes… Por eso, en vez de ideas sólo he tenido lágrimas. A los 26 años me vi delante del patíbulo y allí aprendí el respeto a la vida. Mi moral se engendró en una cárcel… En Siberia me sentí tan pecador tanto como el que estaba recluso por haber asesinado a su padre, como el que estaba preso por haber robado un pan para mantenerlo. Por eso yo he sido hermano de todos los humillados y ofendidos, los niños, los criminales, las prostitutas… Como Santa Cecilia se complacía en lavar las llagas de los leprosos, yo he enjugado con mis lágrimas los dolores de la humanidad… ¡Oh, sí, ante las crueldades inútiles y estúpidas que he visto y he experimentado en la tierra, otra vez me vuelven las lágrimas a los ojos! ¡Sí, sí, dejadme que llore! El poder llorar es el mejor don que Dios ha concedido a los hombres. Es la felicidad más radiante en el dolor más negro…
(El Sanhedrín había enmudecido. En este bajo mundo la mayoría de ellos sólo habían sido “intelectuales puros” y se encontraron bastante lejos de haber conocido todo el bien y todo el mal. Sócrates, sin embargo, continuaba sonriendo amargamente. Guyau pensaba melancólicamente: “De estas cosas me olvidé en mi Tratado de moral sin obligación ni sanción”. Sólo el impertinente de Anatole France murmuró al oído de Renán: “Este aguafiestas”… A la sazón pasaba delante de ellos Goethe en compañía de Júpiter Tonante. Iban del brazo. Habían salido a dar un vuelco por hacer la digestión.)
Taine. ¿Y de los mínimos acontecimientos de aquella tierra americana que está a 100 leguas de Grecia, nos olvidamos definitivamente?
Platón. Sí, hay que olvidarse. ¿Qué importa la realidad apariencial si vivimos ya en el reino de lo absoluto? Gocemos en la contemplación de las ideas puras, unas y eternas. Sólo a este bárbaro de Dostoyewski se le ocurre ser cristiano hasta en el cielo…
Carlos Medinaceli Póstumo
Carlos Medinaceli nació en Sucre el 30 de enero de 1902. Murió en La Paz el 11 de mayo de 1949. Tenía 47 años. A pocos días de su fallecimiento, en el número 71 de la revista paceña Última, correspondiente a junio de 1949, apareció este texto con el siguiente encabezado: “Artículo inédito del gran escritor desaparecido, especial para Revista Última”. El escrito no fue recogido en las publicaciones conocidas de sus ensayos y artículos que se hicieron póstumamente. Si el texto fue redactado “especialmente” para Última, es probable que haya sido el último o uno de los últimos que salieron de su pluma.  


jueves, 28 de febrero de 2013

Archivo: Historia diplomática

Braden y la Guerra del Chaco

Página/12, 29 de abril, 2009
Por Mario Rapoport *
La firma en Buenos Aires de un tratado de límites definitivos entre Bolivia y Paraguay 74 años después de finalizado un conflicto cruento, que involucró también a las diplomacias argentina y norteamericana y, especialmente, al que luego fue embajador de Estados Unidos en nuestro país, Spruille Braden, hace que valga la pena rememorar esos hechos. Desde 1932, Bolivia y Paraguay se encontraban en guerra por el territorio del Chaco boreal, tanto por el valor estratégico del río Paraguay –ya que abría la puerta al océano Atlántico al país que dispusiese de él– como por la existencia allí de valiosos yacimientos petrolíferos. Este conflicto armado fue el más sangriento en toda América durante el siglo XX. Tuvo un impresionante despliegue de material bélico e involucró el enfrentamiento de 250.000 soldados bolivianos y 150.000 paraguayos.
El propio Braden tenía fuertes intereses en la región. Estaba relacionado directamente con la creación de la Standard Oil of Bolivia, ya que parte de los territorios de la compañía fundada en 1921 pertenecían a William Braden, su padre. Algunas versiones sostienen que este último incluso había insinuado al presidente boliviano Daniel Salamanca la posibilidad de obtener armas y créditos para apoderarse militarmente del Chaco paraguayo. Existen diversas interpretaciones respecto de la guerra, que señalan justamente en su origen una disputa de intereses petroleros de los Estados Unidos, a través de la Standard Oil y de Gran Bretaña, por medio de la Royal Dutch Shell. Pero el análisis se vuelve más complejo si se consideran las conductas de los países limítrofes como Brasil, Argentina y Chile, preocupados no solamente por las cuestiones petroleras sino también por sus intereses estratégicos, económicos y políticos en la región, apoyando a uno u otro país.
A esta situación se agregó, desde el punto de vista diplomático, la disputa, una vez terminada la guerra, en junio de 1935, entre dos iniciativas contrapuestas de arbitraje para el arreglo definitivo del conflicto: una consistía en la formación de una comisión de países neutrales no limítrofes integrada por Estados Unidos, Cuba, México, Colombia y Uruguay, y otra estaba basada en una propuesta de la Cancillería argentina que daba preeminencia a la intervención de la Sociedad de las Naciones. La posición argentina terminó frustrando la actividad de la comisión de neutrales. Pero Bolivia recusó la participación del organismo internacional, por lo cual la solución para la firma de un tratado definitivo de paz quedó finalmente en manos de Argentina, Brasil, Chile, Perú y EE.UU. (más tarde se integró Uruguay), realizándose las reuniones en Buenos Aires, presididas por el canciller argentino Carlos Saavedra Lamas. Este recibió el Premio Nobel de la Paz de 1936, con el apoyo de los países sudamericanos y la aprobación de Washington, por su proyecto de un pacto antibélico presentado en 1933 para evitar conflictos armados como el del Chaco. De todos modos, el secretario de Estado Cordell Hull consideraba al ministro como un “prominente e incorregible” adversario de los Estados Unidos, al tiempo que el subsecretario Sumner Welles caracterizaba a la oligarquía argentina como un instrumento reaccionario de los intereses británicos.
Pero, por sobre todas estas cuestiones, interesa destacar el rol de Spruille Braden como delegado estadounidense en las negociaciones de paz y la aparición de la primera de las grandes enemistades que tendrá en su carrera en la Argentina: el canciller Saavedra Lamas. En una autobiografía escrita por Braden, el ministro argentino es objeto de injurias, desprecios y calificativos varios –antinorteamericano, ególatra, vanidoso, ambicioso, estúpido e inepto, entre otras cosas–, incluyendo una opinión negativa acerca de la obtención del Premio Nobel. Braden tuvo casi tanta animadversión por Saavedra Lamas, con quien entabló duras negociaciones, como las que tendría luego con su más conocido enemigo, el coronel Perón. Más allá de la enemistad personal, la relación entre Saavedra Lamas y Braden estuvo marcada por sus posicionamientos en las tratativas de paz. Braden consideraba que el objetivo de Estados Unidos era el de promover el sistema interamericano establecido en la Conferencia de 1936 y que su país apareciera imparcial frente a los beligerantes. Sin embargo, hizo un frente con Brasil y Chile sobre la cuestión del petróleo boliviano y sobre la posible creación de líneas ferroviarias entre Argentina y Bolivia, y Brasil y Bolivia para aprovecharlo.
En la primavera de 1937, exasperado por lo que consideraba obstrucciones de Saavedra Lamas a la Conferencia de Paz, Braden solicitó una entrevista con el presidente Justo y el vicepresidente Roca. Acudió a ella acompañado por el mismo ministro y los representantes de Chile y Brasil, previamente avisados estos últimos de sus verdaderas intenciones. Entonces, en su intervención, y ante el estupor de Saavedra Lamas, le dijo a Justo que la Conferencia podía fracasar, lo que atentaría contra su prestigio, y que la responsabilidad de que esto se produjera recaía enteramente en el canciller local. Justo se dirigió entonces al reciente Premio Nobel advirtiéndole que nada debía interferir en el proceso de paz. El rudo embajador describió su acción como parte de una “diplomacia osada”. Como señala Gary Frank en su libro Juan Perón vs. Spruille Braden, era más bien una muestra instructiva de “la brutal manera con la cual Braden trataba a muchos de sus enemigos diplomáticos”.
Braden señala tajantemente en su autobiografía, publicada en 1971: “Los argentinos se consideran ellos mismos como nuestros rivales por el liderazgo político de América latina. Ellos también aspiran a dominar militarmente el continente. Tan temprano como el 23 de septiembre de 1937, en mi despacho sobre la Conferencia del Chaco [?] advertí que allí no habría paz si Saavedra Lamas siguiese como presidente [de la Conferencia]. Comentaba sobre el expansionismo militar argentino, la anulación de la maquinaria democrática y el crecimiento de un fascismo nativo”. Además de considerar a los argentinos en su conjunto, cualquiera fuera su gobierno, como rivales de EE.UU. y asignarle al país aspiraciones de liderazgo en la región, es notable el contraste entre quienes fueron sus principales adversarios personales en sus desempeños en Buenos Aires, a los cuales llegó a tener verdadera inquina. Uno era un conservador pro europeo y pro británico perteneciente al núcleo exclusivo de las elites tradicionales locales (bisnieto de Cornelio Saavedra y yerno de Roque Sáenz Peña); otro un coronel nacionalista y populista con sangre indígena en sus venas. Por supuesto, Perón y Saavedra Lamas terminarían en distintas veredas, este último apoyando a su ex enemigo del Norte contra el nuevo y peligroso personaje que esgrimía el fantasma del enfrentamiento de clases. Frente a esta opción no cabía duda de que la vieja oligarquía y sus referentes debían conciliar con Washington.
Pero volviendo a la actividad de Braden en las negociaciones de paz por el conflicto del Chaco, para terminar de aclarar sus intereses, él mismo relata en su autobiografía su decisiva intervención en el acuerdo final, confesando incluso que redactó en 48 horas, en julio de 1938, el documento paraguayo. Irritado con las soluciones propuestas, que consideraba perjudiciales para su país, el doctor Zubizarreta, jefe de la delegación del Paraguay, se negó a aceptarlas, lo que le valió su desplazamiento de la jefatura en una operación aparentemente digitada por el mismo Braden. Finalmente, el tratado se firmó en Buenos Aires, el 21 de julio de 1938. Según Moniz Bandeira, ninguno de los dos países habría conseguido sus objetivos, aunque los paraguayos sostuvieron siempre que ganaron la guerra pero que perdieron en las negociaciones diplomáticas. ¿En qué medida intervino en ello la mano de Braden? En todo caso fue quizás un anticipo de su futura acción como embajador en Buenos Aires.
* Economista e historiador. Investigador Superior del Conicet. Este artículo esta basado en el libro escrito en colaboración con Claudio Spiguel, publicado por Emecé: Relaciones tumultuosas. Estados Unidos y el primer peronismo, que se presentará el 10 de mayo en la Feria del Libro.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Gunnar Mendoza (1914-1994)


El historiador y archivista descubrió los manuscritos de la ‘Historia’
de Arzáns y del ‘Diario’ del Tambor José Santos Vargas

Gunnar Mendoza, cazador de tesoros

La Razón / Rubén Vargas - periodista
00:00 / 24 de febrero de 2013


Hace más de 300 años, en un Potosí que ya sólo es posible  imaginarse como leyenda, un hombre emprendió una tarea colosal que le ocuparía más de 30 arduos años de su vida: la escritura de la Historia de la Villa Imperial de Potosí, de sus riquezas incomparables, de su famoso cerro, de las grandezas de su magnánima población, de sus guerras civiles y casos memorables. Ese hombre se llamaba Bartolomé Arzáns Orsúa y Vela, se reclamaba “hijo de esa Villa” y murió sin concluir su labor después de escribir unas 1.500 páginas “en folio de escritura prieta”.

Un siglo después, otro hombre, de pocas letras a diferencia del anterior, nacido en Oruro un día de 1814, a sus 18 años decidió incorporarse a las guerrillas independentistas que luchaban en las provincias del entonces Alto Perú. “Ansioso estaba yo de ser patriota, mucho más con la intención de saber y apuntar lo que sucediese. Ello es que me entropé por ser más testigo ocular de los hechos”, escribió en el que sería el Diario histórico de todos los sucesos ocurridos en las provincias de Sicasica y Ayopaya durante la guerra de la independencia americana desde el año 1814 hasta el año 1825, escrito por el comandante del partido de Mohosa, ciudadano José Santos Vargas.

En otra centuria, al promediar el siglo XX, otro hombre, que habría de pasar 50 años de su vida entre libros y papeles, descubrió providencialmente estos manuscritos que habían sobrevivido milagrosamente a siglos de peripecias. Los leyó apasionadamente. Los estudió minuciosamente. Y, finalmente, los publicó, y con ello la historia boliviana se abrió a horizontes inéditos. Ese hombre se llamaba Gunnar Mendoza Loza (1914-1994), era escritor, historiador y archivista y, durante medio siglo, dirigió la Biblioteca y el Archivo Nacionales de Bolivia.

Estos tres hombres, distanciados por siglos, tenían, sin embargo, por lo menos tres cosas en común: habían nacido en un mismo territorio, sabían que la escritura tiene un fin trascendente y eran conscientes de que es la memoria la que constituye a los hombres y a los pueblos.

 

Identifican a 808 archivistas bolivianos desde la Colonia/ DATO Gabriel René Moreno, Ernesto Otto Rück, Gunnar Mendoza, Alberto Crespo Rodas son algunas de las personalidades más destacadas por el registro de archivistas./ Anahí Cazas / La Paz - 17/10/2012 (Ver: Página 7)

 Poco se sabe de Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela. “El historiador que empleó casi un millón de palabras en relatar la historia de su ciudad natal parece haber sido casi del todo indiferente a relatar su propia vida”, dicen Lewis Hanke y Gunnar Mendoza en el extenso estudio que acompaña la primera edición completa de la Historia de la Villa Imperial de Potosí: tres volúmenes cuidadosamente anotados en formato mayor publicados en 1965 por la Universidad de Brown, Estados Unidos. Es esta edición, precisamente, la que acaba de ser publicada en edición facsimilar por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia y Plural Editores.   

Bartolomé Arzáns Orsúa y Vela Nació en Potosí de padres españoles en 1676. Tuvo un hijo, Diego, que a su muerte intentó completar su Historia. En su monumental escrito apenas dejó huellas de sí, algunas casi humorísticas: se consideraba “buen aritmético y muy aficionado a las corridas de toros”. Pero, sin dudas, era un hombre de letras. Sobrevivió, y pudo narrarla, a la gran epidemia que en 1719 se llevó las almas de 20 mil potosinos. Murió en 1736, a los 60 años.

Comenzó a escribir su Historia en 1705, y la continuó hasta su muerte. Era receloso de darla a conocer, y por eso la mantuvo casi en secreto, pues como escribió su hijo, temía “a los muchos contrarios que tenía y que eran los no ignorantes de que en ellas estaban escritas las malas obras que ejecutaban, por cuya causa deseaban muchos haber en su poder  la Historia para sepultarla donde jamás contase sus obras perversas”.
Después de la muerte de Arzáns, en 1736, el manuscrito estuvo desaparecido por 20 años, hasta que el Corregidor de Potosí encargó a Bernabé Antonio de Ortega y Velasco una investigación  para proveer información a la Corona sobre la mentada Historia. Ortega se empeñó en dar con el libro desaparecido. Su tarea es la gran novela policial del Potosí colonial jamás escrita. Hasta que “la pudo haber en su poder”. Era el año 1755. El manuscrito estaba en poder de un eclesiástico a quien Diego Orsúa, el hijo de Bartolomé, le había empeñado por unos pesos. Poco se sabe también de Diego, salvo, como es evidente, que pasaba estrecheces económicas. La Historia, tanto tiempo oculta, fue enviada a España en 1756 y encaminada al Consejo de Indias. Allí se pierde nuevamente el rastro del manuscrito.  

En el siglo XIX se tiene noticia de copias de la Historia. Luis Subieta Sagárnaga en sus Anales de Potosí cuenta una historia también novelesca. En 1877 murió, en Potosí, José Gabriel Quesada, “hombre bueno e ilustrado y además bastante rico”. Entre sus bienes había muchos libros y entre ellos, uno bastante voluminoso “que algo empolvado reposaba en una mesa sobre un atril”. Era la Historia de Bartolomé Arzáns. Un señor llamado Julio Nava propuso a los herederos de Quesada publicar el libro por su cuenta en Europa. Y partió con el manuscrito y una copia a París. Pero el señor Nava sufrió “desgracias sin cuento”. Le robaron el original y la copia la dejó depositada en la casa Artola, la que se declaró en quiebra poco tiempo después. Y así, la Historia se extravió nuevamente.

Hay una historia más de esta Historia. En 1905, un ingeniero de los Estados Unidos, el coronel George E. Church, compró un manuscrito de la Historia al librero Chadenat de París. Church fue un personaje notable: siguió a Benito Juárez en su campaña para expulsar a los franceses de México, fue periodista en Nueva York, trató de realizar grandiosos planes para abrir el interior de Bolivia y Brasil, construyó ferrocarriles en Argentina... A su muerte, en 1910, donó el manuscrito de Arzáns a la Universidad de Brown, Estados Unidos. Con ese manuscrito, comparado con otro que se encontró en la Biblioteca del Palacio del Rey en Madrid, trabajaron Lewis Hanke y Gunnar Mendoza para editar ese monumento histórico y literario que es la Historia de la Villa Imperial de Potosí. TAMBOR. La historia del Diario histórico de todos los sucesos ocurridos en las provincias de Sicasica y Ayopaya durante la guerra de la independencia americana desde el año 1814 hasta el año 1825, escrito por el comandante del partido de Mohosa, ciudadano José Santos Vargas no es menos fantástica.


Manuscritos. Las portadas de los manuscritos
de los libros de Bartolomé Arzáns y
José Santos Vargas descubiertos por Gunnar Mendoza.

A diferencia de Bartolomé Arzáns, José Santos Vargas dejó abundante información sobre su vida. Nació en Oruro, el 28 de octubre de 1796. Perdió a sus padres cuando era un niño de ocho años. El mismo se describe como “un hombre sin luces ni estudios más que el natural, únicamente sí las primeras letras”. En su adolescencia sobrevivió como pudo, a veces como “sirviente doméstico”, otras como secretario de cartas. El momento decisivo de su vida ocurrió cuando, después de algunos años de haber dejado Oruro y recorrido varias provincias de la región, se encontró en los valles de Cochabamba con su hermano Andrés. Éste, por razones que no explica Vargas, había tenido hasta entonces una suerte totalmente diferente a la suya: era cura y letrado y, además, patriota: se había “entropado” en las guerrillas independentistas como capellán. Y no sólo ello, Andrés Vargas había llevado, como guerrillero, un diario.

Apenas dos meses después del encuentro con su hermano e influenciado decisivamente por éste, José Santos Vargas se incorporó a la guerrilla de los valles de Ayopaya como tambor a las órdenes del comandante Eusebio Lira: “Ya con la seducción de mi hermano a la opinión de la Patria estaba yo anhelando en ella”, escribió. Tenía 18 años. Y junto por su anhelo por la patria estaba su vocación de escritor: “Ansioso estaba yo de ser patriota mucho más con la intención de saber y apuntar lo que sucediese”.

De esa voluntad de escritura nació uno de los testimonios históricos más  extraordinarios no sólo en el ámbito boliviano, sino también latinoamericano: el Diario de un comandante de la independencia americana. Durante once años el Tambor Vargas militó en las guerrillas de la independencia, hasta 1825 cuando terminó la guerra con el grado de Comandante. Y durante todos esos años testimonió minuciosamente la lucha popular en la que le tocó intervenir. Terminada la guerra con la creación de Bolivia, Santos Vargas escribió: “Triunfante que fue mi opinión (la patria) se acabaron mis afanes y luego me entré a vivir en el monte”.  

Pero todavía el Tambor libró otra batalla: los intentos para que  alguien se interese en su Diario para corregirlo y publicarlo. Desde 1825 hizo por lo menos una docena de tentativas. En 1853, en su último intento, lo envió al Presidente Manuel Isidoro Belzu con una dedicatoria que decía: “mediante su autoridad mandaréis corregir… y siendo aceptable al público mandaréis imprimir y ordenaréis el uso que corresponda para que se sepa la obra de nuestra independencia”. No tuvo respuesta.

Casi un siglo después, en 1951, Gunnar Mendoza descubrió en la sección Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Sucre una parte del Diario del Tambor Vargas. El manuscrito estaba entremezclado con otros documentos que permanecían en el Archivo sin orden ni identificación. Ahí encontró un cuaderno. “Y me entró la curiosidad y finalmente descubrí que se trataba del diario de un guerrillero de la independencia, no tenía comienzo, como no tiene una parte del centro y no tiene final”, contó Mendoza según consigna Gonzalo Molina Echeverría en un artículo dedicado al tema.  El historiador y ya entonces director del Archivo y Biblioteca Nacionales transcribió el Diario, lo estudió, anotó y publicó en tres números consecutivos de la revista Universidad de la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca entre 1951 y 1952.

Algo más de diez años después, en 1963, en un anticuario de Sucre —en esas tiendas en las que las antiguas familias chuquisaqueñas arruinadas por la Revolución de 1952 de deshacían de sus cosas— “apareció” una versión íntegra del Diario del Tambor Vargas. Anoticiado de tal hecho, Mendoza acudió sin tardanza a verlo. “Me bastó entrar, franquear la entrada para tomar en cuenta lo que era... literalmente me lancé sobre el volumen y era la segunda versión íntegra, autógrafa, del Diario de José Santos Vargas”, narró el archivista, según el ya mencionado artículo.

Lo adquirió para la Biblioteca Nacional. El tramité de compra establecía la necesidad de identificar al dueño del manuscrito. No sin reticencias del anticuario, finalmente se supo que pertenecía a la colección del escritor Adolfo Costa Du Rels o, más precisamente, a la de su suegro, un señor apellidado Urrolagoitia. El texto completo se editó, finalmente y por primera vez con un estudio introductorio de Gunnar Mendoza en 1982 en la editorial Siglo XXI de México.

jueves, 14 de febrero de 2013

Un poema de Eduardo Mitre

Al pie de la letra

                                                                a Guillermo Sucre
La mujer que de pronto
aparece en la esquina
como la pasante de Baudelaire.
Sus ojos de noche del Líbano,
brillosos como la piel
de los dátiles,
enigmáticos como las líneas
que traza el destino
en las hojas de coca.
Su cuerpo esbelto,
                                       su talle fino,
su andar de palmera con brisa,
su cabellera que al aire
latiga y aroma,
sus largas piernas
presentidas bajo la falda roja,
sus senos como dos olas
rompientes
a punto de perderse en el mar.

Y el mantel que prolonga a la nieve
sobre la mesa del bar
bajo la mirada que lee
lo que al azar la realidad inventa.

Y el poema que dice
al pie de la letra.

De "Líneas de Otoño"

Gladys Moreno (multimedia)

TRIBUTO A LA CANCIÓN POPULAR BOLIVIANA

Guillermo Gutiérrez Nieto
La ausencia es el tardío nombre
de lo que amamos
y la música
su único cuerpo que nos es dado.

Fragmento del poema "Con ella a la distancia", de
Eduardo Mitre, dedicado a Gladys Moreno

De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, pascana es un vocablo de origen quechua (paskána) que significa la etapa o parada en un viaje; también es usado en Sudamérica para referirse a una posada o a algún sitio para hospedarse. En Bolivia, esta palabra también remonta a una peña en Santa Cruz de la Sierra, lugar donde surgió una de las voces más representativas de este país: Gladys Moreno Cuellar.

El CD, producto del trabajo coordinado entre Editorial Nuevo Milenio, Cesu y La Monarca Producciones (2007), guionizado y dirigido por Luis H. Antezana y Marcelo Paz Soldán
Esta conjunción de términos, significados y personajes viene a colación a propósito del reciente lanzamiento de un libro multimedia (CD ROM), dedicado a la vida y obra de esta cantante cruceña, que nació el 28 de noviembre de 1933 y falleció el 3 de febrero de 2005. Esta exhaustiva investigación se titula La Pascana de Gladys Moreno, que alude a la canción "El Carretero enamorado" ("...peladinga de mi alma, vos sos el eje de mi carretón, sos la pascana que quiero alcanzar y ahí por siempre quedarme a soñar...") y es publicada por el Centro de Estudios Superiores Universitarios (CESU) de la Universidad Mayor de San Simón. Se trata de un disco interactivo con grabaciones, imágenes, videos y entrevistas sobre la más notable intérprete de la canción boliviana, nombrada en 1962 Embajadora de la Canción Boliviana por el gobierno de Víctor Paz Estensoro y a la que en 1980 le fuera otorgada la condecoración El Cóndor de los Andes.

Las seis secciones que incluye el material en cuestión (La Pascana, Entrevistas, Biografía, Cronología, Discografía y Bibliografía) nos permiten realizar un viaje por la trayectoria artística de quien creció en la hacienda Patujú, zona rural de Santa Cruz, y culminó sus presentaciones públicas con un memorable concierto realizado en 1987 en la Peña Arawi de la ciudad de
Cochabamba, aunque continuó haciendo apariciones esporádicas hasta el año 2004.

Hablar de Gladys Moreno hace inevitable la referencia a las primeras casas de grabación, al auge de las radiodifusoras y a la germinación de uno de los géneros musicales latinoamericanos por excelencia: el bolero. Ella disfrutó de las bondades de difusión permitidas por los discos y la radio, convirtiéndose, junto con Raúl Shaw Moreno, en los máximos representantes bolivianos de un estilo romántico que perdura hasta nuestros días. La calidad de su canto, no obstante, trascendió este género y le permitió colocar en un plano de mayor interés tradiciones musicales que, antes de ella, habían transcurrido prácticamente aisladas: taquiraris, cuecas, quimbas, valses, bolero, poleas y pasillos, entre otros.

Debido a que su padre era militar, Moreno pasó su adolescencia en la ciudad de La Paz. En 1948, debutó en Radio Electra y grabó su primer disco con los temas "Para decir te quiero" y "Vida de mi vida". Posteriormente volvió a Santa Cruz, donde trabajó como secretaria y contadora, sin dejar nunca de explorar su veta artística. Su carrera se consolidó al lado de la pianista Amalia Caro, con quien compartió el escenario de "La Pascana", lugar que durante los años 50 y 60 del siglo pasado fue el punto de encuentro de músicos y cantantes del Oriente de Bolivia.

Gladys Moreno y Los Cambitas, cuando las canciones
se grababan en un sólo envión.
En más de tres décadas de carrera musical logró grabar siete discos, situación que se explica por su celo al elegir el repertorio que interpretaba. Nunca cantó nada que no la conmoviera y por eso siempre estuvo cerca de connotados compositores. Dio a conocer con su voz las obras de Simeón Roncal, Miguel Ángel Váida, Alberto Ruiz, Gilberto Rojas y Roger Becerra, entre otros. Igualmente, inmortalizó melodías con versos de poetas como Raúl Otero Reiche y Hernando Sanabria Fernández.

La versatilidad que exhibió a través de sus canciones también la confirmó con los estilos musicales que eligió como medios de expresión. Así, de valses inmortales como "Alma cruceña" y "Misterios del corazón"; transitó por los taquiraris ("El Trasnochador", "Limita camba" y "Sombrero de Sao", por mencionar algunos); pasó por los carnavales ("Pena camba"y "Soledad", como ejemplos mínimos), sin olvidar las cuecas ("Moto Mendez"y "Sed de Amor", entre otros títulos paradigmáticos) y los tangos ("Illimani", como pieza fundamental).

Esta actitud musical le permitió ser reconocida en todo el territorio nacional boliviano. Logró que la música del oriente boliviano fuera apreciada en las minas y que los cruceños bailaran al ritmo de las cuecas y taquiraris. Las barreras regionales fueron transgredidas con su voz, dejando un mensaje de unidad. Por ello, más que exageración, debe aceptarse como aseveración uno de los comentarios incluidos en el material comentado, cuando señala que, "en cuestión de infraestructura, la integración del occidente al oriente del país se dio con la carretera troncal Cochabamba-Santa Cruz, pero de oriente a occidente el puente más notable fue la música, fundamentalmente la que ofrecieron Arturo Sobones, el grupo Los Cambas y Gladys Moreno".

Después de escuchar las canciones incluidas en el CDROM, se corrobora que su contribución a la música boliviana tiene que ver con la emotividad de sus interpretaciones y con su extraordinaria voz, incomparable y reconocida por ulteriores cantantes bolivianas (Emma Junaro, Enriqueta Ulloa, Zulma Yugar y Jenny Cárdenas, entre otras). Caso curioso el de su canto, ya que ella misma asumía, con mucho orgullo, ser "analfabeta" musical y no conocer ninguna nota. Lo que tenía era un oído armónico extraordinario, capaz de adivinar o intuir las notas de una composición sin necesidad de leer música.

Luis Huáscar Antezana, "Cachín"
A más de dos años de su muerte, Luis H. Antezana, prolífico crítico y escritor, y Marcelo Paz Soldán, agudo investigador y gestor cultural, unieron esfuerzos para dar vida a una obra que devela a plenitud a quien sólo aceptaba ser comparada con Edith Piaf. Su trabajo es plausible no sólo porque rescatan del olvido materiales audiovisuales de gran trascendencia, sino fundamentalmente porque incluyen comentarios de compositores y trovadores vinculados con la trayectoria artística de Gladys, lo cual da como resultado un tributo merecido, y necesario, a la
canción popular boliviana.

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Guillermo Gutiérrez Nieto. (Ciudad de México, 1963). Mexicano, estudió Relaciones Internacionales en la ENEP- Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de

México e ingresó al Servicio Exterior Mexicano en 1992. Ha trabajado en diversas
áreas de la Secretaría de Relaciones Exteriores y en las Embajadas de México en
Belice y Bolivia. Actualmente, está comisionado en el Consulado de México en
Chicago, EUA. Fue editor de las revistas PROA y LITORAL, en México.

Unam, Revista Archipiélago www.revistas.unam.mx/index.php/archipielago/.../19053

Potosí colonial, guía histórica... del gobernador Pedro Vicente Cañete [1787]

 Cañete en palabras de Gabriel René Moreno


Vista del Cerro Rico visto desde el Arco de Cobija.

"La memoria y trabajos de Cañete y Domínguez no han tenido en otras partes mejor suerte que en Bolivia. Ni el Paraguay, ni en la Argentina, ni en Chile, ni en España cuya causa tanto defendiera con la pluma, con la acción varonil y con los padecimientos, ha extendido nadie una mano para restituir el nombre de Cañete el lustre que por literarios títulos le es tan debido.

"El ostracismo de este publicista colonial a lo que parece no tendrá término. Proscrita de la patria adoptiva su memoria. Sin orgullo ni gratitud la mera patria de tierra, no abrirá, no, sus brazos como a un hijo a este ausente de toda la vida. ¿Quién alzará con autoridad paterna la voz para la amnistía generosa y consoladora del sepulcro? La imagen de Cañete no tendrá plaza en ninguna de esas galerías nacionales que alardean con gala antepasados ilustres. A cien codos más arriba de otros literatos o políticos sud-americanos de mérito subalterno y sin importancia de primera línea en las ocurrencias de su época, Cañete no ha obtenido como ellos póstumos aplausos en prosa y verso, ni tendrá conciudadanos que le disciernan los honores de la biografía impresa con colores de la tierra patria.

"Pero hay una historia sin patria, impasible y altísima. En las páginas tardías de este libro duradero, personificando en la contienda toda una generación de vasallos del Alto Perú, con la individualidad bien singularizada y saliente del último criollo fiel a la metrópoli dominadora, quedará sin ninguna duda inscrito el nombre de audaz realista, inescrupuloso consejero y diserto escritor: don PEDRO VICENTE CAÑETE Y DOMINGUEZ"

Herman Moll: ''Map of South America'', London c.1715 (detail: Inset view of Potosi by Bernard Lens)

 
POTOSI COLONIAL
GUIA HISTORICA, GEOGRAFICA, FISICA, POLITICA, CIVIL Y LEGAL DEL GOBIERNO E INTENDENCIA DE LA PROVINCIA DE POTOSI

DIVIDIDA EN DOS PARTES

En las cuales, con distinción de Capítulos y Noticias, se describe la Villa de POTOSI, su Cerro Rico, y los seis partidos de: Porco, Chichas, Lípez, Chayanta, Tarija y Atacama; con la historia del descubrimiento de este mineral imponmderable, de sus inmensos productos; de las Minas principales de plata, oro y otros metales de todo el distrito de Charcas, y del método de su beneficio; con las demás producciones maravillosas, que ilustran la Historia Natural del reino mineral.

SE EXPLICA

La nueva Ordenanza de Intendentes, por las cuatro causas de Justicia, Policía, Hacienda y Guerra, con proyectos muy útiles para promover la Agricultura, Comercio, Industria y Economía, civil, Eclesiástica y militar en estos países, a beneficio del Rey y de los Indios.

SE TRATA

Del establecimiento y servicio de la Mita; de los azogues; de las Cajas Reales; de la Casa Real de Moneda; del Banco de Rescates, y del nuevo Reglamento de Minas, deslindando los casos y jurisdiccciones sobre cada uno de estos objetos; y se hacen varios discursos jurídicos a cerca de las Leyes y Ordenanzas de su manejo, con un comentario claro y específico de las respectivas a Minería.

PARTE PRIMERA

Obra muy útil y necesaria para Intendentes, Oficiales, Reales Administradores, Contadores, Abogados y Jueces, así seculares como eclesiásticos, y al mismo tiempo instructiva para todo género de personas.

Escrita y dedicada por don Pedro Vicente Cañete y Dominguez, Doctor en Sagrada Teología y ambos Derechos, asesor General que fué del Virreinato de Buenos Aires, de la Capitanía General del Paraguay, y actual Teniente Letrado del Gobierno de Potosí:

Al Excmo. Señor
D. NICOLAS DEL CAMPO, Primer Marqués de Loreto, Brigadier de los Reales Ejércitos de S.M. Católica; Virrey Gobernador y Capitán General de las Provincias del Río de la Plata.

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POTOSI COLONIAL
PROLOGO Y ARGUMENTO DE LA OBRA


Una dilatada experiencia de Abogado en el reino de Chile y en la capital de Buenos Aires; la práctica contínua de Asesor en el Virreinato del Río de la Plata y en la Capitanía General del Paraguay, por muchos años; el manejo reflexivo de toda clase de negocios, los más graves, y el conocimiento de las materias del reino, rpincipalmente sobre los Indios, -que es el asunto más frecuente del Paraguay;- me había persuadido, cuando entré a servir la tenencia del Gobierno de Potosí, que a pocos pasos llegaría a adquirir cuanto necesitase saber para el cabal desempeño de mi oficio. Metí el hombro al peso de muchos negocios que abarcan  las cuatro superintendencias anexas a la Intendencia y comencé a conocer que la compliacación de circunstancias requería un estudio mucho más extenso del que creí necesario. Quise acusarlo informándome de los Escribanos de Minas y Mita, sobre lo más esencial que estas dependencias y de otras personas al parecer prácticas en todas las cosas de Potosí; pero en breve tiempo toqué mil desengaños de mi primer concepto.

Conocí que todos hablaban por una tradición falsa o equivocada por una historieta de cuentos impertinentes que aquí llaman "anales de Potosí", haciéndose creer sobre su palabra, en la confianza de no encontrarse papeles en los archivos; y por consiguiente, que si yo no examinase de propósito los monumentos hasta salir de dudas, me sucedería acabar el servicio en el mismo estado de inocencia en que han salido muchos de los que han gobernado esta Villa.

Al acbo de pocas tareas fuí descubriendo varias noticias auténticas con las que despejé las primeras obscuridades y me prometí salir de dudas si me aplicaba al registro prolijo de los grandes protocolos de las Cajas, del Cabildo y demás oficinas, despreciando ya enteramente la alucinación en que estaban casi todos, de no encontrarse papeles.

Entonces resolví también hacer fructuoso mi trabajo a los que hubiesen de mandar esta Villa, tanto más importante que antes, por los ricos y extensos Partidos agregados a su Provincia. El título de la obra indica mi pensamiento, y las graves materias que incluye califican el estudio impendiado para llenar su idea.

En efecto, he registrado más de doscientos volúmenes de libros de Acuerdos, Provisiones, procesos y Cédulas arrinconadas siglos enteros en los estantes y escaparates de las oficinas bebiendo en las mismas fuentes noticias que por acá estaban sepultadas en el olvido o confundidas en una tradición equivocada.

En esta operación observé que habiéndose pedido informe más de una vez sobre asuntos muy interesantes, pero más antiguos de un siglo, se atribuía todo a la costumbre, sin atinar con el origen, teniéndolo en las mismas oficinas, por varias provisiones o Cédulas reales.

Citaré ejemplar por que no acuse de arbitraria mi relación.- El Excmo. Sr. Virrey de Lima, mandó a estos oficiales que informasen sobre la práctica de rematar en Potosí los oficios concejiles de la provincia del Tucumán: ellos lo ejecutaron en 28 de Mayo de 1784, certificando la constancia de los remates hechos por más de un siglo atrás, y añadieron que no parecía la cédula que lo hubiese prevenido. Después encontré yo, que había tenido principio de una provisión del Sr. Marqués de Montes Claros, fecha en Lima a 23 de Agosto de 1609, manda guardar por otra del Sr. Marqués de Guadalcazar, de 29 de Febrero de 1624, a pedimento del Fiscal Don Luis Enriquez, con la prevención de que nunca se alterase el orden dispuesto por el Gobierno para los remates de oficios.

Omito decir sobre los rescates de plata, establecimiento de mita y el número de los repartimientos generales, como sobre Casa de Moneda; porque exceptuando lo más vulgar que por frecuente en la práctica se conserva en la memoria de los vecinos, en lo demás guardaba inviolable secreto, y lo peor es las suposiciones falsas de mcuhas cosas que nunca han sucedido, como la erección de Casa de Moneda en Porco, que muchos afirman, no habiendo sido así jamás, como después se han convencido.

Sirva por última prueba, que el Corregidor de Porco intentó incluir en su jursidicción el Baño llamado "de Don Diego" (que es una casería con manantiales de aguas termales a distancia de Potosí cerca de cinco leguas); formó competencia y después de haber apurado a este Gobierno, vino a quedar el negocio sin decisión porque no encontraron, ni aún sabían fijamente de la Cédula de límites de esta Villa. Todos hablaban de ella a bulto, pero lo cierto es que no pareció; con la diligencia la encontré yo después, en un libro de los del Cabildo, que comenzó el año 1701, y han salido de una duda, que en realidad era nociva al interés público de las jurisdicciones.

En cuanto a los Partidos, era todavía mayor la obscuridad; porque algunos pocos que daban razón de ellos, habían viajado sin reflexión, y así apenas podían decir ciertas cosas comunes, de ninguna importancia. Y fuera de aquí nadie podía formar concepto de estos territorios, pues, nuestro viajero Ulloa, con ser el más exacto observador de esta parte de América, no pasa de diez líneas lo que habla de Atacama, Porco y Lípez, dejando en silencio las dos Provincias de Chayanta y Chichas.
 
Mapa de la antigua Provincia de Potosí con seis partidos: Porco, Chayanta, Lípez, Chichas, Atacama y Tarija. El norte está hacia abajo. Año 1787 (Pedro Vicente Cañete) Para ver el presente mapa en detalle haga click aquí.


Para que el Gobernador pudiese instruirse perfectamente de toda su Provincia, necesitaba mucha aplicación, con la fatiga de examinar cada una de por sí las materias dignas de providencia; y como esto requiere teimpo, sucedería cumplirse el quinquenio y cesar en el mando en aquél preciso período que podía ser útil por la práctica que ya hubiese adquirido; de suerte que sucediéndose unos a otros los hombres de celo, quedaría la Provincia sin adelantamientos.

No es menester más prueba que no haberse podido levantar hasta hoy el mapa topográfico que previene la Ordenanza de Intendentes, en el artículo 53, pero ni aún se han evacuado las relaciones históricas de cada Partido, según lo dispuesto en el artículo 54, porque los mismos subdelegados ignoran las particularidades de sus Partidos y mucho más los objetos que se deben promover en ellos para mejorarlos. He visto algunas relaciones, pero tan insubstanciales y frías, que sólo contienen cuentos de la cigüeña.

Conocen muy bien la miseria en que se hallan los pueblos, el atraso de la agricultura, la decadencia de las minas, el poco aprovechamiento de los Indios en la doctrina evangélica, y el desorden general de las Provincias. Todo les consta prácticamente, y no vemos, a ninguno, que proponga algún proyecto para reparar tanta lástima. Cada Subdelegado tira a pasar su tiempo y aprovechar lo que puede.

La administración de Justicia y la Policía, tan encargadas por la Ordenanza, van abriendo brechas para nuevos desórdenes o para mantener los antiguos. Cuando los atacan, responden que no son letrados y que no entienden la Ordenanza.

Después de haber palpado todos estos obstáculos de nuestra felicidad, confieso que muchas veces me ha arrebatado el celo por el Rey y por la patria. Mi autoridad no es bastante para poner el remedio que necesitan los males políticos del país, ni se puede lograr a tan poco tiempo, cuando este cuerpo apenas va convalesciendo de las antiguas enfermedades que eran más graves.

Nuestro sabio Gobierno ha dictado las mejores reglas para vivificar todos sus miembros adormecidos: lo que falta es aplicarlas en la práctica con inteligencia y con sagacidad.

El amor por la causa del Rey (a quién todo lo debo) me arrebató al pensamiento atrevido de escribir una GUIA que pudiese ilustrar a los Gobernadores Intendentes, con especialidad a los de Potosí, para adelantar estos Estados y hacerlos útiles a la Corona, remediando los muchos incoveninentes que impiden su prosperidad.

Para conseguirlo he sacrificado mi salud, mi reposo y mi poco dinero, porque sólo a esta costa podía yo lograr el fin que me había propuesto.

En esta obra verán un mapa exactísimo de la Provincia de Potosí, con distinción de sus Partidos, Doctrinas, pueblos, ríos, minerales y montes; de suerte que a golpe de ojo se instruirá un Intendente en el mismo día que fuere provisto.

Yo he asalariado persona inteligente para que viajase la Provincia con reflexión, para describirla según arte: ya se ve, para estos costos ha sido menester quitarme el pan de la boca; pero estoy muy contento con mi pobreza, a trueque de que florezca el reino y se adelante el erario de mi amado Soberano.

He doblado mi tarea para ilustrar unos escritos nuevos sobre materias de tanta gravedad; pues aunque el Gazofilacio escribió de Real Hacienda, fué en el sistema antiguo del Gobierno de este Reino. He combinado todos los asuntos al tono de la Ordenanza: explico los asuntos al tono de la Ordenanza: explico y cito las Leyes Reales recopiladas y facilito por un método claro el conocimiento, manejo y despacho de los ramos fiscales que se administran en estas Cajas Reales.

Hago un comentario prolijo de las Ordenanzas de minas, materia que nadie ha tratado por la pertenencia al Perú; y no omito proyecto conveniente a la industria y economía de estos países.

Desde luego, creo que esta empresa es muy superior a mis fuerzas y a mis talentos; pero es mucho menor a mis deseos por el acierto y por el bien del Estado. Cualquier lector discreto que se haga cargo de la multitud de asuntos, de su gravedad y principalmente de su novedad, me disculpará los errores, pues ansioso de dar testimonio de mi aplicación y lealtad a la confianza del Rey, en el puesto que se ha dignado darme su piedad, junto con otro motivo que no me interesa menos, me ha apresurado a concluir la obra sin tener tiempo siquiera para castigarla de primera mano. Virgilio y otros escritores se sabe el tiempo dilatado que impendieron en sus escritos y la proligidad con que los enmendaron y corrigieron. Horacio lo aconseja encarecidamente y todos así lo observan para evitar la censura pública. Nadie como yo debía practicar estos preceptos, no tanto por mi insuficiencia como por la mezcla de materias políticas, económicas, jurídicas, históricas y físicas que me he visto precisado a tocar en esta obra. El índice no descubre el pormenor de ellas, porque no puede abarcar la multitud de cuestiones, advertencias y observaciones que contiene cada capítulo; ni he tenido tiempo para formar el de cada punto por alfabeto; por lo que habrás de tomarte el trabajo de leerlo todo para que sea cabal tu juicio.

Pero será menester emplear también tu paciencia para dispensar los innumerables defectos que encontrares. No me avergüenza de confesarlos, cuando Marcial confesó ingenuamente los de sus epigramas, con ser uno de los poetas más excelentes de su siglo.

Lo que más particularmente te ruego (amado lector) es, que si fueres eclesiástico o por otro título te tocasen mis escritos, no los interpretes siniestramente; porque mi intento no ha sido dar materia a la detracción, sinó hacer conocer las dolencias, para que se pueda atinar con el remedio. Protesto de buena fe, como San Jerónimo en caso semejante, que la utilidad pública es todo el fin que me mueve a proponer el mal estado de muchas cosas reparables en esta Provincia: cada uno meta la mano en su pecho y alégrese hallándose inculpado, o busque la enmienda si conociese sus faltas.

No por eso discurro que no sólo el aire de mi pluma podrá asegurar el partido que voy buscando: por el contrario, me temo que salga algún Lucilo a satirizar mi estilo, mi talento, mi método o mi doctrina, pero sépase que nunca será capaz de acusarme de poco fiel a la verdad y yo lo miraré como Athenas a Diógenes, queriendo censurarlo todo desde una cuba donde apenas se descubre una vara de cielo: empeño verdaderamente ridículo, cuando se critica lo que no se entiende ni se ha visto.

Desde luego desconfío conseguir los efectos de mi asunto: con todo, no he de suspender mi pluma; porque estoy seguro de que entendida la razón y la causa de él, se despertarán espíritus generosos, que sostengan los justos derechos de la felicidad pública y del bien del Estado a que únicamente aspiro.

(Prólogo de Potosí colonial, guía histórica, geográfica, polítca, civil y legal del Gobierno dela Intendencia de Potosí, por don Pedro Vicente Cañete y Domínguez [1787] de la edición a cargo de Gustavo Adolfo Otero, Biblioteca Boliviana N°5. Publicaciones del Minitserio de Educación, Bellas artes y Asuntos Indígenas. La Paz, Bolvia 1939)

Pedro Vicente Cañete, bisnieto del cronista  Ruy Díaz de Guzmán, gobernador de Potosí, rector de la Real Academia Carolina de Derecho de Chuquisaca, polemista y personaje a favor de la Corona de España durante la independencia de América (Asunción 1749- Chuquisaca1816) Foto: Potosi, Bolivia, seen from above by paraglider, Gerd Breitenbach 2003, public domain.