miércoles, 14 de enero de 2015

La Haya va porque va

Nuestra fuerza es la razón. En mi criterio, buena parte del éxito de la causa boliviana consistirá en hacer a un lado chauvinismos trasnochados y sus derivaciones triunfalistas. Está en manos del pueblo boliviano mostrar madurez y serenidad. La prensa puede ayudar con información adecuada y dejando de lado, a su vez, el bipolarismo de opinadores profesionales que no se toman la molestia de investigar para actualizarse en materia histórica y pasan con igual facilidad del harakiri intelectual al triunfalismo desmesurado. Tres notas al respecto. (FFO)

 

Chile afina en Nueva York su estrategia para la fase oral en la CIJ sobre la incompetencia en la demanda boliviana

 

El canciller Muñoz (medio) con el agente Bulnes (segundo izq)
El canciller Muñoz (medio) con el agente Bulnes (segundo izq) Foto: Cancillería de Chile


La reunión se da en medio de un nuevo episodio bilateral desatado tras la información de La Tercera que, citando altas fuentes de ambos países, refiere que “entre el 18 y el 19 de diciembre, la Cancillería boliviana expresó su voluntad de abrir una negociación bilateral.

La Razón Digital / Paulo Cuiza / La Paz
19:29 / 14 de enero de 2015

El canciller de Chile, Heraldo Muñoz, concretó hoy en Nueva York, Estados Unidos, una reunión con un equipo de asesores para afinar la estrategia hacia la fase de alegatos orales que convocará la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre la impugnación planteada a su jurisdicción en torno a la demanda marítima boliviana.
En la reunión estuvo el agente chileno en la demanda Felipe Bulnes, el coagente Claudio Grossmann y Alberto van Klaveren. “La idea es afinar la estrategia de la defensa de Chile en los próximos meses", explicó el canciller, quien preside en el país del norte el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Bolivia llevó el diferendo bilateral al tribunal internacional con el objetivo de que se obligue al demandado a negociar una salida soberana al Pacífico en virtud de los ofrecimientos de solución hechos a lo largo de la historia. La Corte debe resolver una impugnación de incompetencia en el caso y, de declararse competente, ingresará al fondo de la demanda.
Ambos Estados presentaron los argumentos de su posición en torno a la incompetencia y ahora se abre una fase oral de alegados que concluirá con una definición de los jueces sobre su jurisdicción o no sobre el caso.
" La idea es afinar la estrategia de la defensa de Chile en los próximos meses. Como se sabe, la próxima etapa serán los alegatos orales en La Haya y para eso hemos estado preparando el equipo, tanto nacional como el internacional”, explicó Muñoz, quien añadió que prepara para febrero una reunión en París con asesores internacionales.
La reunión se da en medio de un nuevo episodio bilateral desatado tras la información de La Tercera que, citando altas fuentes de ambos países, refiere que “entre el 18 y el 19 de diciembre, la Cancillería boliviana, de manera informal, hizo llegar a Chile un mensaje: La Paz expresaba su voluntad de abrir una negociación bilateral para la obtención de un enclave con soberanía al norte de la caleta de Pisagua, junto a la quebrada de Tiliviche”.
El presidente Evo Morales aseguró el martes que Bolivia mantendrá la demanda marítima ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), porque, sostuvo, 'ni que fuéramos tontos, (para) levantar la demanda por un pedazo de tierra'. La posición surgió frente a una publicación periodística sobre una supuesta propuesta secreta nacional a cambio de dejar el litigio jurídico.
Muñoz insistió en que la demanda boliviana no tiene sustento. “Lo que hay es una demanda que no tiene sustento y por eso hemos alegado una objeción preliminar a la corte en este caso y luego argumentos de diplomacia pública y privada. No nos vamos a desviar de este curso.
Cualquier rumor de supuestos ofrecimientos le corresponde a quien supuestamente haya hecho esos ofrecimientos y no a Chile".



Para nadie es un misterio que la prioridad de la diplomacia de Chile es la demanda marítima de Bolivia. Detener el juicio en su contra ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya es su objetivo inmediato. Para esto la Cancillería chilena juega a la injerencia interna con un país amigo de la causa marítima boliviana: Venezuela. (FFO)

Chile ve con sorpresa rechazo Venezuela a dichos del canciller sobre diálogo


Santiago de Chile, 13 ene (EFE).- El Gobierno de Chile tomó hoy con "sorpresa" el comunicado de la Cancillería de Venezuela, que expresó su "rechazo" a las declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores chileno, Heraldo Muñoz, quien se mostró a favor de reactivar el diálogo interno en el país caribeño.
Muñoz dijo este lunes en una rueda de prensa que Chile "sigue estando interesado en el entendimiento en Venezuela" y que está disponible para "hacer gestiones de modo que ese país no vaya al enfrentamiento, por el contrario, encuentre el camino al diálogo".
Ante estas declaraciones, la Cancillería venezolano pidió hoy a Muñoz en un comunicado que se "abstenga de opinar sobre asuntos internos" y le "recuerda" que "Venezuela es un país libre, soberano e independiente y, por tanto, no tutoriado ni monitoreado por país u organismo internacional alguno".
"En ese sentido, expresa enfáticamente que no ha solicitado ni por vía pública ni diplomática la intervención en sus asuntos internos, ni avala la participación extraterritorial de ningún funcionario o Gobierno extranjero en la dinámica política nacional", continúa el texto.
En respuesta a este "llamado" de atención de Venezuela, la Cancillería chilena sostuvo que los dichos del ministro Muñoz "se han enmarcado estrictamente en la resolución adoptada el 12 de marzo de 2014 por el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores de la Unasur, convocado extraordinariamente en Santiago de Chile a solicitud del Gobierno venezolano".
Afirmó que en esa oportunidad se acordó designar a solicitud del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, una comisión integrada por ministros de Relaciones Exteriores de la Unasur "para que en su nombre acompañe y asesore, en un diálogo político, amplio y constructivo, orientado a recuperar la convivencia pacífica en Venezuela".
Asimismo, la Cancillería explicó en la misiva que dicha resolución está, a su vez, en plena concordancia con el Protocolo Adicional al Tratado Constitutivo de la Unasur sobre Compromiso con la Democracia, instrumento jurídicamente vinculante tanto para Chile como para Venezuela.
Y aclaró que Chile ajusta su comportamiento a las obligaciones jurídicas del Derecho Internacional y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos.
"Tanto la historia reciente de Chile como la tradición jurídica de la Cancillería chilena, que debemos al insigne Andrés Bello, marca un camino nítido y coherente", recalcó en el comunicado.
Por todo lo señalado, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile reafirmó las declaraciones del canciller Muñoz en su "espíritu fraternal y constructivo". EFE
https://es-us.noticias.yahoo.com/chile-ve-sorpresa-rechazo-venezuela-dichos-canciller-di%C3%A1logo-021300681.html

 

Mesa confía en que Chile acepte la decisión de la CIJ sobre la demanda marítima boliviana

El portavoz internacional para la causa marítima y ex presidente de Bolivia, Carlos Mesa, expresó hoy su confianza en que el Gobierno de Chile acepte la decisión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya sobre la demanda marítima boliviana "cualquiera que esta sea".

La Razón Digital / ABI / La Paz
14:32 / 14 de enero de 2015
 
El portavoz internacional para la causa marítima y ex presidente de Bolivia, Carlos Mesa, expresó hoy su confianza en que el Gobierno de Chile acepte la decisión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya sobre la demanda marítima boliviana "cualquiera que esta sea".
"La demanda boliviana está en la CIJ de La Haya. Confío en que Chile como país democrático y respetuoso del derecho internacional, acepte la decisión de la Corte cualquiera que esta sea", dijo en una entrevista con la cadena TeleSur.
Mesa al ser consultado sobre la situación formal de la demanda marítima, dijo que está en suspenso, ya que Chile en mayo de 2014 decidió objetar la competencia de la CIJ para ese tema.
"Hasta que el tema de la competencia no sea resuelta, la cuestión de fondo de nuestra demanda está en suspenso", afirmó.
Mesa dijo que los argumentos de Chile para cuestionar la competencia de la Corte no son adecuados, ya que Bolivia no basa su demanda en el Tratado de 1904, sino en los actos unilaterales de los Estados.
"En este caso los compromisos sucesivos que hizo Chile de negociar con Bolivia un acceso soberano al mar para nuestra país a lo largo de todo el siglo XX", complementó.
Expresó también su optimismo en una resolución favorable para Bolivia, porque esa causa jurídica, basada en el principio de los actos unilaterales de los Estados, es sólida.
"Muchas veces Chile hizo el compromiso y la promesa formal de negociar con Bolivia para entregarle una salida soberana al mar. Esta realidad que tiene jurisprudencia y ha sido considerada varias veces por la CIJ, no puede ser deliberadamente olvidada por Chile. Más allá de las razones morales e históricas, Bolivia basa su demanda en razones jurídicas coherentes. Esa es la razón", recordó.
Chile invadió suelo boliviano en febrero de 1879 y desató una contienda bélica que terminó cercenando 400 kilómetros de playa y 120 mil kilómetros de territorio.
Desde entonces, Bolivia reivindica en diferentes foros internacionales el derecho de recuperar su cualidad marítima.

Enclave para Bolivia


Dicho enclave en la quebrada de Camarones se habría constituido en un remedio apenas simbólico

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón
00:01 / 14 de enero de 2015

La Cancillería nacional ha negado las versiones llegadas del periódico chileno La Tercera en sentido de que hubiese una oferta secreta enviada por nuestro país “para negociar una salida al mar a cambio de bajar la demanda”. Ese diario había comunicado asimismo que por “altas fuentes” se conocía que: “Entre el 18 y 19 de diciembre, la Cancillería boliviana, de manera informal, hizo llegar a Chile un mensaje. La Paz expresaba su voluntad de abrir una negociación bilateral para la obtención de un enclave con soberanía al norte de la caleta de Pisagua, junto a la quebrada de Tiliviche”. Ante dicha noticia, nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores ha manifestado públicamente que “Bolivia no ha hecho llegar a Chile ningún mensaje ni formal ni informalmente”. Y ha agregado que la demanda continuará “en los plazos previstos por ese alto tribunal”.
El asunto del enclave no es cosa nueva en la historia de nuestras relaciones con Chile. Basta recordar que en diciembre de 2010 hubo noticias provenientes de Santiago donde se informaba que el presidente de entonces, Sebastián Piñera, habría rechazado un preacuerdo estipulado durante el primer gobierno de la señora Bachelet. Este documento habría sido redactado por la Cancillería boliviana y debía ser corregido por la chilena.
La base del acuerdo sería la entrega de un enclave a Bolivia en un punto entre el sur de la quebrada de Camarones y el norte de Iquique, pero sin soberanía. La zona comprendería una caleta deshabitada de una dimensión de hasta 400 km cuadrados, con el fin de que se pudiese instalar un eje urbano. Se dice que las negociaciones avanzaron tanto que tres técnicos bolivianos, acompañados por tres chilenos, habrían viajado a ese lugar. En esa caleta, Bolivia podría construir un puerto, el cual tendría una gran limitante, ya que solo serviría para la comercialización de minerales como hierro y litio, y no para la carga en general. El gobierno de la señora Bachelet no deseaba que ese puerto hiciera competencia a los de Arica o de Antofagasta.
Felizmente el gobierno de Piñera rechazó entonces esa absurda propuesta. Ella hubiese sido muy desgraciada para Bolivia, ya que dicho enclave, junto con Ilo, Puerto Rosario y otras zonas francas conferidas a nuestro país, se habría constituido en un remedio apenas simbólico.
Cabe señalar que un enclave no quedaría vinculado territorialmente al país. Y eso es muy negativo, pues en Bolivia hay un anhelo de poseer un puerto soberano conectado a la nación, como sucedió en la negociación de Charaña, cuando Chile ofreció un corredor al norte de Arica con plena soberanía.
Es menester recordar que durante el gobierno de Ricardo Lagos, Chile nos ofreció un enclave en el puerto de Patillos, cerca de Iquique, sin soberanía, pero con gran autonomía. Esa concesión se otorgaba como una mayor facilidad de tránsito, pero nunca se habló que ella se constituyese en una solución del problema marítimo nacional. Además, ese puerto tenía un fin específico, la instalación en él de plantas de licuefacción para exportar gas a ultramar.
Si el puerto de Patillos, con todas las facilidades que se dispensaba, no fue aceptado por Bolivia, entonces, ¿cómo se puede pensar que ahora se esté negociando otro enclave en peores condiciones y poniendo como retribución la retirada de nuestra demanda en La Haya? Por ello se puede decir que nuestra Cancillería ha actuado muy bien al haber rechazado categóricamente toda relación con el enclave.
La única solución aceptable del problema marítimo es lo ofrecido por Chile en la negociación de Charaña. Mediante nota de 19 de diciembre de 1975, el Gobierno chileno determinó ceder a Bolivia un corredor al norte de Arica. Ese corredor incluía el ferrocarril de Arica a La Paz, el aeropuerto de Chacalluta y el camino de Arica a Visviri, vinculado al de Charaña a La Paz. En cuanto al Litoral, éste comprendía de 8 a 10 km, lo que hubiera permitido la construcción de un puerto tan amplio como el de Arica, que solo abarca un kilómetro y medio.

martes, 13 de enero de 2015

Biblioteca del Bicentenario - La Razón


Porque no ‘La dramática insurgencia’

La lista de los 200 libros de la Biblioteca del Bicentenario genera polémica; Soux justifica la ausencia de la obra del historiador norteamericano Charles Arnade

La Razón (Edición Impresa) / María Luisa Soux - Historiadora
00:00 / 04 de enero de 2015
Leí la columna de opinión del periodista Jaime Iturri (Libros bicentenario, La Razón, 26 de diciembre de 2014) que insiste nuevamente en que una de las obras que debería formar parte de la Biblioteca del Bicentenario es La dramática insurgencia de Bolivia del historiador norteamericano Charles Arnade.
Leí este libro en 1979 (aclarando previamente que el título original en inglés es La insurgencia de la República de Bolivia, dejando lo de dramática para el marketing) durante las clases de Historia de Bolivia impartidas en la carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) por René Arze, quien acababa de publicar su libro Participación popular en la Independencia de Bolivia, con el objetivo de refutar precisamente las ideas de Arnade. Concuerdo con Jaime Iturri en que una primera lectura del libro atrapa al lector, lo que explicaría su éxito de librería; sin embargo, 40 años después, su visión ha sido ya totalmente superada.  
Tres son las  tesis centrales de libro de Arnade sobre el proceso de independencia y las tres han sido rebatidas por la nueva historiografía boliviana. La primera es la tesis de la “máscara de Fernando VII”, es decir, que los supuestos revolucionarios en 1809 utilizaron el discurso de defensa del Rey para ocultar bajo la máscara de fidelidad sus proyectos de independencia. Se ha demostrado hoy que los revolucionarios de 1809 y 1810 con alguna excepción, apoyaban genuinamente al Rey, aunque eran al mismo tiempo críticos frente a la Junta Central y la Regencia; es decir, la idea de independencia se fue construyendo recién a partir de 1814 y de una forma por demás compleja. Entonces no caben ya los términos absolutos de patriotas y realistas y de fieles y traidores, sino que se hace indispensable un análisis mucho más profundo de la cultura política y jurídica que envolvió las posiciones de los actores del proceso.
La segunda tesis del libro es que los guerrilleros lucharon sobre todo por un afán de aventura. Frente a esta postura, basta decir que las nuevas investigaciones han mostrado no solo que no se trató de una aventura de unos cuantos, sino que las guerrillas surgieron como un sistema dirigido inicialmente por Juan Antonio Álvarez de Arenales y bajo las órdenes de Buenos Aires; además, al menos en el caso de Ayopaya, la guerrilla contaba con tropas de línea, milicias cívicas y la participación indígena, ya sea como soldados permanentes o como fuerza de choque dirigida por sus autoridades étnicas. Como lo ha demostrado documentalmente Roger Mamani en su libro La división de los valles,  se trataba de una compleja organización militar y, por lo tanto, nada más alejado del simple afán de aventura postulado por Arnade.
La tercera tesis es la famosa de las “dos caras”, que fue y es tan apreciada por la visión histórica nacionalista e indianista que preconiza la ilegitimidad de los participantes de la Asamblea Deliberante de 1825. La misma cae también gracias a nuevas investigaciones. Es un grave error historiográfico clasificar a los actores de una forma simplista entre fieles y “dos caras”, más aún en momentos en que no se sabía cuál sería el resultado de la guerra. Los ejemplos sobran. Algunos de estos supuestos “dos caras” estuvieron en el ejército rioplatense diez años antes, como Pérez de Urdininea, o firmaron el Acta de Independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica, como José Mariano Serrano; mientras que, por el otro lado, José Miguel Lanza, considerado el ejemplo de fidelidad, firmó en 1824 dos pactos de alianza nada menos que con el Virrey La Serna y con Pedro Antonio de Olañeta.
Es importante releer constantemente nuestra historia y lograr que los nuevos estudios lleguen al público en general, sin embargo, esto no es posible si se repite de forma acrítica las falsas tesis de Arnade que hacen mucho daño a nuestra propia identidad. De acuerdo con Arnade, nuestra independencia surgió de una hipocresía, del afán de aventura de unos guerrilleros que no sabían por qué peleaban y, finalmente, de la acción de unos cuantos doctores que se subieron a último momento al carro del poder. Creo que esta visión simplista y negativa, que repite tópicos sin una mínima crítica sobre un proceso fundamental de nuestra historia, hace más daño a nuestra identidad y autoestima que muchas otras obras que se ocupan de temas diversos, y es por esto que apoyo el hecho de que el libro La dramática insurgencia de Bolivia no figure entre los 200 libros del Bicentenario.
(María Luisa Soux ha sido integrante del comité editorial que ha elaborado la lista de los 200 títulos que conformarán la Biblioteca del Bicentenario.)

domingo, 4 de enero de 2015

"En derecho internacional, quien promete debe cumplir" - La Razón


Manuel Becerra: En derecho internacional, quien promete debe cumplir

El experto mexicano en derecho internacional confirma la validez de la tesis boliviana de que los actos unilaterales de Chile ofreciendo una salida soberana al mar para Bolivia, le obligan a cumplir con este ofrecimiento.
Manuel Becerra. Foto: Miguel Ángel Durán.

La Razón (Edición Impresa) / Javier Bustillos Zamorano / La Paz
00:04 / 04 de enero de 2015
Doctor en Derecho Internacional, autor de seis libros en el tema y catedrático en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en esta materia, Manuel Becerra Ramírez afirma que el reclamo de Bolivia de una salida soberana al Pacífico es jurídicamente legal y que su demanda ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya tendrá éxito. Más aún: el país podría apelar a preceptos del derecho consuetudinario y la costumbre internacional para solicitar la nulidad del Tratado de 1904, el cumplimiento del mandato relativo a la “Soberanía Permanente Sobre los Recursos Naturales” y la aplicación del instrumento jurídico romano del uti posedettis.
Entrevistado en su oficina del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, dice: “Es interesante la demanda de parte de Bolivia porque se está refiriendo a un elemento que en derecho internacional son los actos unilaterales de los estados. ¿Esto qué significa? En términos generales, cuando se habla de las fuentes del derecho internacional, nos referimos  a los tratados internacionales en derecho convencional, a la costumbre internacional, el derecho consuetudinario y a los principios generales del derecho; esto es lo que tradicionalmente se maneja, según el estatuto de la CIJ, artículo 38, fracción primera. Pero aquí lo que está solicitando Bolivia es que se reconozca una manifestación unilateral de parte de Chile y eso también constituye una fuente del derecho internacional; es decir, a quien haga manifestaciones de carácter unilateral, cuando eso beneficia a la otra parte, se entiende que es obligatorio para el Estado que las hizo. En la historia de este conflicto hubo una serie de manifestaciones por parte de Chile en el sentido de comprometerse a negociar con Bolivia una salida al mar. Eso, me parece claro, es parte del derecho internacional, es un acto unilateral que trae obligaciones para Chile”.  
— En derecho internacional, ¿quien promete debe cumplir?
— En este caso sí porque lo que está mencionando Bolivia en su demanda es: tú lo dijiste, eso te obliga, es un acto unilateral; una cuestión técnica pero bastante interesante. Por eso yo estaría pendiente de la resolución de la Corte porque se está judicializando actos jurídicos unilaterales como fuente de obligaciones del derecho internacional, de obligaciones para los estados. Ya se ha hecho anteriormente, hay varios casos, el más conocido es el de Australia y Nueva Zelanda contra Francia (ocurrido en 1973, cuando Francia realizó sus ensayos nucleares en una zona cercana a territorios australianos y neozelandeses. Estos países demandaron a Francia ante la CIJ de La Haya por los efectos radiactivos en sus respectivas zonas. Luego de una breve resistencia, Francia se comprometió a suspender sus pruebas —el acto unilateral— que luego debió cumplir por el carácter vinculatorio que tuvo ese su compromiso).
— El Gobierno de Chile dice que la Corte de La Haya no tiene competencia en el asunto
— Es un principio de derecho internacional que la Corte y los tribunales internacionales tengan la competencia de la competencia, es decir, ellos están autorizados para decidir si son competentes o no. Yo entiendo que Bolivia no impugnó el Tratado de 1904, porque eso de alguna manera pondría en peligro su solicitud. En su demanda no menciona el Tratado.
— Entonces, de acuerdo con el derecho internacional, ¿Bolivia tiene razón en su demanda?
— En ese sentido sí, está en su derecho de invocar el acto unilateral, eso me parece que es indudable.
— Y la Corte de La Haya ¿podría fallar en su favor?
— Por supuesto, esos actos unilaterales tienen ya una historia en la práctica del derecho internacional.
— ¿Qué pasaría si Chile no acata el fallo? ¿Qué prevé el derecho internacional en este caso?
— El sistema establece que una vez que se dicta una sentencia, si una parte no la cumple, de acuerdo con el artículo 94 de la Carta de Naciones Unidas, hay la posibilidad de ir al Consejo de Seguridad y ahí sí entramos en otro terreno. La Carta de Naciones Unidas, en lo que se refiere a los conflictos, tiene una organización  gradual: el capítulo sexto se refiere a la solución pacífica de controversias; el séptimo, a la intervención del Consejo de Seguridad en caso de que un asunto ponga en peligro la paz y seguridad internacionales. Digamos que es la parte de la Carta de San Francisco que tiene dientes; si no se cumple, pasaría al Consejo de Seguridad, que dictaría una resolución.
— ¿Y qué pasaría si la Corte falla en contra de Bolivia o se declara incompetente? ¿Qué otro recurso jurídico tendría?
— Lo que tendría que hacer es irse al fondo del asunto: la validez y funcionamiento de los tratados internacionales. En derecho internacional, un tratado como ese de 1904 no es aceptable, no pasa. La Convención de Viena de 1969 sobre derecho de los tratados establece que es nulo todo tratado que sea realizado bajo la violencia, o amenaza a los negociadores o al Estado; evidentemente ese Tratado de 1904 fue hecho bajo presiones; ese tratado internacional sería nulo en este momento. De acuerdo con el derecho internacional, es de una nulidad absoluta. ¿Qué significa esto? Que es imprescriptible, se puede hacer valer en cualquier momento.
— Pero la Convención no tiene carácter retroactivo. ¿Podría el Gobierno boliviano acudir a esa legislación?
— Sí, y se lo digo por esto: en derecho internacional hay que manejar el derecho convencional (cuando los estados establecen por escrito sus tratados y acuerdos) y el derecho consuetudinario (normas basadas en costumbres que originan leyes no escritas de convivencia entre las naciones). La Convención de Viena es de 1969 y esto ocurrió en 1904; hay que ver si esta norma es norma de derecho consuetudinario. El derecho internacional funciona: derecho consuetudinario y derecho convencional, muchas veces en carriles separados o sucesivamente, es decir, una norma de costumbre que corresponde al derecho consuetudinario puede convertirse en derecho convencional. La Convención de Viena —y de esto no hay duda, lo reconoce la doctrina— incorpora una gran cantidad de normas consuetudinarias. Lo que habría que saber es si esa norma de nulidad existía en 1904, y se podría invocar, por supuesto. Sería interesante investigar a fondo esta posibilidad porque ese puede ser un elemento de negociación.
— Ambas ramas del derecho, la convencional y la consuetudinaria, ¿se aplican por igual?
— Sí. Tanto los tratados internacionales como la costumbre internacional tienen el mismo nivel y se aplican por igual; jerárquicamente no están unos sobre otros. En el caso de Nicaragua contra Estados Unidos, por ejemplo, la Corte de La Haya no aplicó el derecho convencional (el derecho de los tratados) sino el derecho consuetudinario, porque ahí se estaba invocando todos los principios del derecho internacional: la no intervención en los asuntos internos, la prohibición de la agresión, entre otros, que eso claramente está contenido en la Carta de San Francisco en su artículo 2; pero a la vez estaba la imposibilidad de aplicarlo; lo que dijo la Corte es: ‘esto también existe  en derecho consuetudinario y se aplica’. (En 1984 Nicaragua acusó a Estados Unidos ante la CIJ por instrumentar actividades encubiertas con el fin de derrocar su Gobierno. No obstante los alegatos estadounidenses, la Corte falló en favor de Nicaragua y ordenó al Gobierno norteamericano el cese de su intromisión y el pago de una indemnización por daños. Estados Unidos no aceptó el fallo y desdeñó a la Corte. En 1986 la Asamblea General de la OEA ordenó al Gobierno estadounidense pagar la multa, cosa que finalmente no hizo por un acuerdo posterior con un nuevo gobierno nicaragüense).
— Otro precepto que usted menciona es el de la Soberanía Permanente Sobre los Recursos Naturales
— Ese es un principio fundamental del derecho internacional: la soberanía permanente sobre los recursos naturales. Algunos autores consideran que es parte del ius cogenss, es decir, del derecho imperativo internacional. Significa que la soberanía sobre esos recursos naturales no se pierde; que existe la posibilidad legal de recuperarlos. Este principio nació en la década de los 50 y fue utilizado posteriormente en el caso del Canal de Suez, para reivindicarlo por parte de Egipto. La esencia del principio es que un Estado que por alguna razón pierde el control de su territorio lo puede reivindicar posteriormente, porque la soberanía sobre los recursos naturales es permanente; eso es lo que manifiesta. Habría que ver, en el caso boliviano, cuándo se empezó a crear ese principio, porque el asunto es de 1904 y esto aparece en 1952, pero como el derecho internacional funciona con costumbre internacional que se forma a través de los siglos, habría que determinar si ese principio ya existía en el momento de la firma del tratado entre Chile y Bolivia.
— ¿Y se puede recurrir a ese precepto aun cuando exista un tratado ya firmado, como el de 1904?
— Aunque exista un tratado. Bolivia nació con ese litoral donde están esos recursos naturales, eran parte de su territorio. Aquí también se puede recurrir al uti possidetis, pues cuando el país se independizó de la Colonia y nació como república independiente, tenía ese litoral; no sé si Bolivia menciona esto en su demanda pero es también importante”. (Definición de uti possidetis, según la Enciclopedia de la Política de Rodrigo Borja: “El Derecho Internacional clásico, siguiendo los principios que rigieron la adquisición del dominio sobre los bienes inmuebles en el antiguo Derecho Romano, estableció los modos originarios y los derivativos de apropiación territorial por los Estados. Los modos originarios de adquisición de la soberanía territorial son tres: origen histórico, terra nullius y accesión. El primero asigna al Estado las tierras cuya posesión tuvo al momento de nacer a la vida soberana. Esto significa que ese territorio está ligado al propio ‘origen’ del Estado. En virtud de esto, su soberanía sobre tales tierras le resulta oponible ante los demás Estados, puesto que en su poder estuvieron al momento de entrar a la vida independiente. Por consiguiente, si un territorio asume la plenitud de gobierno propio o una colonia se emancipa de su metrópoli y decide constituirse en Estado, su ámbito territorial es el que tuvo al momento de la emancipación. Esa es la base física sobre la que se levanta el nuevo Estado”).
Perfil
Nombre: Manuel Becerra Ramírez
Profesión: Licenciado en Derecho
Cargo: Investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Vida
Se licenció en Derecho en la UNAM con la tesis: El Arbitraje Comercial Internacional en el Derecho Internacional Privado. Doctor (PhD) en Derecho Internacional, por la Universidad Estatal de Moscú, M. Lomonosov, Moscú, URSS. Investigador Titular C, tiempo completo, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM desde 1985. Hoy es  Director del Anuario Mexicano de Derecho Internacional. Fue investigador visitante en las universidades de Emory (Atlanta), UCLA (California) de Estados Unidos, Ottawa de Canadá y La Rábida de España.

http://www.la-razon.com/suplementos/animal_politico/Manuel-Becerra-internacional-promete-cumplir_0_2191580922.html

martes, 30 de diciembre de 2014

La wiphala en el Vaticano

La wiphala en el Vaticano

Lupe Cajías, El Deber 

En el mes de Navidad, el papa Francisco concelebró la ‘misa criolla’ en honor a la Virgen de Guadalupe, la patrona del continente moreno, en la Basílica de San Pedro, en el centro del Vaticano, y la única enseña que acompañó a los miles de asistentes fue una bandera triangulada que se ha popularizado como la representación de los pueblos indígenas precolombinos, la wiphala.

Varios historiadores sostienen la tesis de que ese símbolo es parte de la construcción del imaginario indigenista adaptado recién en los años 70 del siglo XX y su forma ajedrezada está más relacionada con las banderolas renacentistas que con los tejidos andinos. Pese a ello, en todo el mundo se reconoce a la wiphala multicolor como parte de la resistencia contra el coloniaje.

Sobre todo, desde la ascensión de Evo Morales Ayma a la Presidencia de Bolivia muchos grupos rebeldes se apropiaron de la wiphala en sus protestas en Buenos Aires, San Pablo o Guatemala. La wiphala es símbolo consagrado en la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional y flamea al lado de la tricolor. Los uniformes de policías y militares la lucen y se impuso en plazas y balcones.

Lo curioso es que ninguna otra bandera latinoamericana estaba presente en el altar de San Pedro; al menos, así lo reflejó la transmisión televisiva. Casi 800 sacerdotes de la América española y portuguesa acompañaron al papa argentino y los miles de asistentes eran diplomáticos o migrantes de esta región.

La Guadalupana, cuya fiesta se celebra el 12 de diciembre, es la bella imagen morocha y la historia pionera de la relación compleja, contradictoria y a la vez fecunda de los aztecas, mayas o incas con la religión católica. La Virgen marcó el rostro más bondadoso de la colonización, protectora de bandidos y de revolucionarios. Muchos lloraban mientras sonaba el carnavalito cochabambino antes de la comunión, o el pampeano Hossana y el famoso Santus de la misa criolla que representó hace medio siglo el momento supremo del folclore criollo.

Casi todos los rostros de los feligreses tenían las huellas del mestizaje, igual que el colorido de las prendas y el rizado de los cabellos. El papa Francisco asegura cada momento la fuerza de Latinoamérica como reserva espiritual y religiosa y amplía su crítica a la Iglesia rígida, mentirosa y falsamente púdica.

No será imposible verlo dentro de algunos meses en calles bolivianas, casi tres décadas después de que el embajador boliviano ante el Vaticano, Huáscar Cajías, trajera a Juan Pablo II para alegría de todo el pueblo católico y las wiphalas

http://www.eldeber.com.bo/opinion/wiphala-vaticano.html

12 películas fundamentales - La Razón

12 películas fundamentales - La Razón



Un proyecto de la UMSA propone 12 filmes nacionales como el punto de partida para desplegar un ambicioso horizonte de investigación y educación 



La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas - periodista
00:00 / 28 de diciembre de 2014
No son necesariamente las mejores, ni las más importantes, ni las más populares; no se trata, por otra parte, ni de un ranking ni de un canon... Se trata simplemente de 12 películas fundamentales del cine boliviano.
Guillermo Mariaca Iturri y Mauricio Souza Crespo, responsables de este proyecto de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), coinciden por separado en la necesidad de no hablar de las “las 12 películas” sino de “12 películas”.
“Deliberadamente —dice Souza— se eliminó del nombre de este proyecto el artículo definido: no son ‘las’ 12 películas fundamentales, sino simplemente ‘12 películas fundamentales’ del cine boliviano, algo que, por donde se lo vea, es indiscutible”.
“La lista se hizo —continúa el crítico de cine y profesor de la Carrera de Literatura de la UMSA— convocando a un amplio grupo de realizadores, críticos, actores, académicos. Se les pidió que elaboraran una lista de ‘10 películas fundamentales’. Y resultaron 12 las elegidas porque fueron 12 las claramente más votadas. No hubo una gran diferencia de votos entre la película 8, 9, 10, 11 y 12; pero sí entre la 12 y la 13”.
Para Mariaca —que anteriormente dirigió el proceso para la elección de las 15 Novelas Bolivianas Fundamentales publicadas por el Ministerio de Culturas y Turismo y también profesor de la Carrera de Literatura— la eliminación del artículo “las” ilumina menor el carácter de esta selección. Dice: “Son 12 películas —como en su momento fueron 15 novelas fundamentales— que es necesario ver o leer como un punto de partida para que nos apropiemos de los proyectos de país que en estas expresiones de la modernidad, que son el cine y la novela, se han ido construyendo durante el siglo XX”.
Esta visión está asentada en una determinada comprensión del papel de las artes —entre ellas el cine y la literatura— en la sociedad. Mariaca dice al respecto: “Una de las limitaciones del proceso de modernización en Bolivia es que el ámbito simbólico o cultural ha estado ligado exclusivamente al Estado. El Estado ha sido el encargado no solo del diseño sino de la realización de los proyectos de país, no el ciudadano o el pueblo”.
“Hubo, por supuesto —matiza su argumentación—, momentos en los que el pueblo tomó la iniciativa. 1952, 1970, 1982 fueron momentos de rebeldía plebeya que, sin embargo, no alcanzaron a elaborar un proyecto de país consistente con esas rebeliones”.
En ese panorama, concluye, “los lugares donde se han registrado los horizontes populares son las artes. Las artes son el único lugar donde se puede poner en la balanza, en paralelo, el proyecto de país apropiado por el Estado y los horizontes populares elaborados, diseñados y deseados por el pueblo”.
De ahí, entre otros motivos, la necesidad de estudiar y, a la vez, enseñar el cine boliviano. De hecho, este proyecto es básicamente un proyecto de investigación y de educación.  
“En la construcción de todo canon, que por definición es un ejercicio social —explica  Souza—, los criterios son múltiples y, a veces, contradictorios. Estas 12 películas están ahí porque decenas de expertos las consideraron las mejores, las más influyentes, las más adecuadas para su enseñanza en colegios y universidades”.
Mariaca habla de los “proyectos de país” que estas películas de una u otra manera encarnan, lo que permite enfatizar que no se trata de una elección exclusivamente en función de su valores estéticos sino también de sus funciones simbólicas y, en este caso de manera explícita, de sus potenciales educativos.
Hay dos componentes del proyecto dirigidos especialmente a una finalidad educativa. Por una parte, se elaboró una malla curricular para una Carrera de Cine y Producción Audiovisual a ser creada en la UMSA, la primera en Bolivia. “Ya hay el compromiso público del rector de la UMSA, Waldo Albarracín, de darle todo su apoyo a la idea”, comenta Souza. El otro componente educativo es un diseño de materiales interactivos para la enseñanza de cine en secundaria.
Las películas bolivianas seleccionadas, para Mariaca, tienen un gran potencial educativo para los jóvenes que cursan ese ciclo. “No solo —explica— porque en estas películas se encuentran tanto la historia como los horizontes de país sino también porque, con algún esfuerzo, se podría poner en debate las películas con otros textos de otras disciplinas. Se podría hacer dialogar, por ejemplo, Yvy Maraey de Juan Carlos Valdivia con la novela Tirinea de Jesús Urzagasti y algún texto antropológico sobre los guaraníes. De esta manera, ¿cómo no va a cambiar la manera de aprender y la manera de enseñar?”.
A la pregunta “¿qué puede enseñar el cine boliviano a los estudiantes de secundaria?”, Souza no duda: “Mucho”. Y menciona dos beneficios.
“Casi todas las discusiones fundamentales sobre nuestra historia e identidad como país —dice— han tenido y siguen teniendo un lugar central en el cine boliviano. Esta selección de 12 películas permite, además, ver que esas discusiones tienen una historia. Es decir, que lo que Velasco Maidana, junto a Díaz Villamil, pensaba sobre nuestra identidad en Wara Wara (1930) no es lo que piensa el Sanjinés en Ukamau (1966) ni lo que Valdivia en Yvy Maraey (2013). Este acercamiento a nuestra historia y cultura es algo que el cine boliviano puede facilitar”.
“El otro beneficio educativo —continúa Souza— es incluso más importante: el diseño de materiales didácticos, que estuvo a cargo de Pamela Romano. Se entendió desde el principio que era necesaria además una educación audiovisual básica de los estudiantes. Es decir, se enseña con estos materiales no solo a ver cine boliviano sino a ver cine, en general. Y qué mejor que hacerlo con cine boliviano”.
El proyecto conducido por Mariaca y Souza también tiene una importante dimensión de investigación que se refleja en el libro, de casi 500 páginas, Cine boliviano. Historia, directores, películas La publicación tiene cuatro partes.
La primera es una historia que abarca cronológicamente desde el cine silente hasta 2013, a través de trabajos de los especialistas Pedro Susz, Alfonso Gumucio Dagron, Carlos Mesa Gisbert, Santiago Espinoza y Andrés Laguna. Es de conjunto y hasta ahora, la historia más abarcadora del cine boliviano.
La segunda parte el libro aborda las relaciones entre el cine, la crítica y la literatura con trabajos de Pedro Brusiloff, Alba María Paz Soldán y Antonio Gómez.
La tercera está integrada por trabajos monográficos sobre cada uno de los directores de la selección. “Los autores —informa Souza— son estudiantes de la Carrera de Literatura de la UMSA. No pocas de estas monografías son de lo mejor que se ha escrito sobre esos directores”.
Finalmente la cuarta parte es una muestra de las miradas al cine boliviano de investigadores extranjeros, que en algunos casos han sido traducidas especialmente para este libro.
“Hay muy poco de lo escrito y publicado sobre cine boliviano que sea deleznable —comenta Souza—. Es decir, es un arte que en Bolivia ha tenido suerte con sus historiadores y críticos. Algo que no se puede decir de otras artes en Bolivia. Una parte del libro producido como parte del proyecto está dedicada a la historia del cine boliviano: esta es la historia más completa que se ha publicado sobre nuestro cine”.
“El cine boliviano —finaliza Souza— es afortunado por la calidad de la producción crítica e histórica que lo ha acompañado, aunque esa producción sea reciente, es decir, de los últimos 40 años. Lo que es infrecuente son los estudios académicos, más monográficos, sobre directores y películas. Hay lo general, la base (las historias de Susz, Gumucio Dagron, Mesa, Espinoza, Laguna, etc.); hay crítica más bien periodística sobre no pocas películas bolivianas.
Pero lo que faltan son lecturas de largo aliento, análisis detallados de la obra de directores o monografías sobre películas específicas. Un ejemplo: uno de los autores extranjeros incluidos en el libro, David Wood, publicará pronto la que, estrictamente hablando, será la primera monografía-libro sobre el cine de Jorge Sanjinés. ¡La primera! Eso es lo que nos falta. Quizá una carrera del cine será también el espacio propicio, entre otras tareas y funciones, para la producción de ese tipo de textos sobre el cine boliviano.”
12 películas fundamentales
Película                             Año          Director
Wara Wara                        1930    J. M. Velasco
Vuelve Sebastiana            1953    G. Ruiz
Ukamau                             1966    J. Sanjinés
Yawar Mallku                     1969    J. Sanjinés
Chuquiago                        1977    A. Eguino
Mi socio                             1982    P. Agazzi
La nación clandestina       1989    J. Sanjinés
Cuestión de fe                  1996    M. Loayza
Dependencia sexual          2003    R. Bellot
Lo más bonito...                2005    M. Boulocq
Zona Sur                           2009    J.C. Valdivia
Yvy Maraey                        2013    J.C. Valdivia

Reflexión desde Chile sobre ‘El Poder Dual’ - La Razón

Reflexión desde Chile sobre ‘El Poder Dual’ - La Razón



Un signo que dejaba al desnudo las graves carencias en Chile, según Zavaleta, era el uso inconsistente, maniqueo e irresponsable de la categoría analítica de la ‘dualidad de poderes’.  (Texto escrito por los 30 años de la muerte de René Zavaleta Mercado)
La Razón (Edición Impresa) / Manuel Loyola Tapia / La Paz
00:05 / 28 de diciembre de 2014
Varios de los temas principales del pensamiento de René Zavaleta Mercado, sea de los que iniciara en Bolivia, como de los que prosiguió en su exilio mexicano, se dieron cita en su trabajo chileno. Su preocupación por las formaciones estatales (tanto en Europa como en América Latina); las notables diferencias del rol histórico cumplido por estas formaciones de acuerdo con el tipo de actuación de las burguesías locales y europeas; la frustración de los Estados nacionales en nuestra región tras la balcanización independentista de comienzos del siglo XIX; la necesidad de estudiar estos fenómenos históricos propios recurriendo a los principales teóricos del marxismo (desde el propio Marx hasta Gramsci y Trotsky); el moldeamiento de conceptos como acumulación histórica o centralidad obrera, entre otros, resultan ser un imprescindible trasfondo de ideas que se debe tener en cuenta al momento de hacer una adecuada apreciación del contexto intelectual personal que lo llevaría a escribir lo sustancial de El Poder Dual.
MÉTODO. Dando muestras de un cuidadoso tratamiento metodológico, El Poder Dual arranca con el despeje de lo que Zavaleta estimaba podía ser el sentido más sólido y fructífero de la categoría de la dualidad de poderes para el pensamiento político revolucionario de nuestra región. Detengámonos un instante en este acápite, en la caracterización que Zavaleta hizo de esta necesidad de aclaración conceptual, a fin de no mutilar los alcances de su elaboración.
Jalonado por determinados pasos que van de lo general a lo particular, el desbroce que Zavaleta ofrece de la dualidad bien puede traducirse en las siguientes interrogantes: ¿De qué debemos hablar al referirnos a la dualidad de poderes? ¿Cuál es la pertinencia y vigencia de tal concepto en la realidad política latinoamericana? y, ¿existió o no dualidad de poderes en las experiencias de Bolivia y Chile?
Sobre la primera de estas interrogantes, para Zavaleta hablar de dualidad o de poder dual en el contexto del materialismo histórico solo puede ser aceptado como una metáfora, una fórmula aproximada a la realidad, pues, en estricto rigor, esta dualidad no puede existir sino como una anomalía esencialmente temporal, una precaria realidad que jamás podrá condecirse con los fenómenos efectivamente consistentes que evidencia la evolución histórica de cualquier sociedad que, de modo más o menos directo, ha estado bajo el influjo de la modernidad capitalista, como son, ciertamente, las sociedades de Europa occidental y las latinoamericanas. La historia de estas sociedades solo acepta, como conditio sine qua non de su modernización, la unicidad del poder en su interior, unicidad que ha de presentarse con todo el vigor de una sola estructura estatal; si por circunstancias, que de todos modos son explicables por esta misma necesidad, hubiese en la sociedad más de un poder equivalente, esta posibilidad no podrá perdurar pues esto es contrario a la naturaleza del movimiento histórico occidental.
Dado lo anterior, Zavaleta nos advierte que no obstante lo taxativa que debe ser la noción de dualidad de poderes en el pensamiento revolucionario marxista, a raíz, como ya se mencionó, de su absoluta provisionalidad, su utilidad como instrumento analítico resulta completamente imprescindible: su valor, de orden eminentemente teórico, radica en su inmenso potencial heurístico, en tanto se ubicaría como “modelo” en virtud del cual podríamos estar en condiciones de hacer una acertada descripción de los factores que incidirían, a favor o en contra, en una solución revolucionaria de las luchas en la regiones dependientes. Así, no obstante que desde un punto de vista del realismo histórico la dualidad es insostenible, esta imposibilidad no la priva, desde el ángulo estricto de la teoría, de una condición vital para la eventual incidencia en el proceso histórico particular.
DUALIDAD. Ahora bien, siendo la dualidad una categoría histórica de difícil aprehensión, las posibilidades de que arribemos a la identificación de los nodos básicos de su verificación, a saber, la simultánea presencia en una misma estructura social de dos fuerzas estatales —una vigente y otra emergente, ambas con similares capacidades o potencialidades de plantear un orden nacional con la imprescindible fuerza coactiva-coercitiva— requiere que estemos en condiciones de dar cuenta de la dinámica de factores objetivos y subjetivos en que se enraíza un proceso de confrontación de clases.
Llegado a este punto, Zavaleta privilegiará la sanción de ciertos datos que estimó decisivos para el diagnóstico de la dualidad y el probable derrotero de la misma en la confrontación política. De esta forma, la exacta dilucidación de la dualidad estaría en directa correspondencia con las características que asumieran en una determinada situación histórica: a) la existencia de una clase organizada; b) la presencia de un partido revolucionario; c) el encuentro entre clase y partido; y, d) la posibilidad de hacer de una crisis de gobernabilidad, una de carácter general nacional.Involucrándonos en la segunda de las preguntas formuladas, la calidad analítica que Zavaleta confirió al concepto dualidad de poderes estaba en directa relación o pertinencia respecto de la modalidad que podía asumir la resolución del problema tal vez más acuciante dentro de su pensamiento: el problema de la construcción del Estado-nación que, en la época del capitalismo transnacional (imperialismo), necesariamente debía asociarse a la consecución del socialismo en nuestros países.
No es del caso detallar aquí esta tesis zavaletiana, de enorme gravitación entre los dependentistas de su época. En lo medular, ella consistía en que la hegemonía mundial del capitalismo expuesta por los países centrales, en un derrotero que iba del siglo XVI al XIX, invariablemente jugaba contra cualquier evolución democrático-burguesa que emprendieran las élites gobernantes de los países del capitalismo periférico, de suerte que los componentes políticos y económicos típicos de los procesos nacionales europeos (democracia representativa, industrialización, secularización), deseables en la perspectiva de las luchas emancipadoras, no serían jamás parte de las tareas de los grupos dominantes locales al hallarse objetiva y subjetivamente ligados a los intereses no nacionales. En consecuencia, las banderas de las realizaciones burguesas debían ser tomadas por los sectores subalternos (construcción del Estado-nación) los que, en tal expectativa, contaban con la gran oportunidad de saldar en un solo gran esfuerzo, metas que podían y debían perfectamente sobrepasar el horizonte de realizaciones democrático-burguesas. A estos fines, la categoría de la dualidad de poderes —con toda la impronta teórica que Zavaleta le imprime— se erguía como la clave de bóveda que no solo disponía del atributo que podría hacer avanzar a la teoría marxista del Estado proletario para la fase transicional hacia el socialismo (contando, por tanto, con un valor científico-normativo de amplios alcances), sino también, para el caso del marxismo latinoamericano, de una caudalosa cuantía operativa, al resolver la inveterada inoperancia de las burguesías locales para proponerse y llevar a cabo las metas históricas que se esperaban de ellas. De ahí entonces la convicción que asistía a Zavaleta de abordar la problemática de la dualidad como una cuestión atingente al imperativo gnoseológico leninista de enfrentar la política proletaria bajo el prisma de la actualidad de la revolución (Georg Lukács). Por lo demás, apuntaba Zavaleta, a comienzos de los años 70 América Latina disponía ya de una acumulación histórica suficiente (entre fracasos burgueses e intentos populares) para proponer y sostener que tanto teórica como prácticamente la dualidad estaba a la orden el día. Es así como en la obra que comento (El Poder Dual) da otra vuelta de tuerca a la dualidad pasándola por el tamiz de las experiencias revolucionarias de Bolivia y Chile de la segunda mitad del siglo XX.
Sin duda que la vivencia chilena que nuestro personaje tuvo bajo el periodo más álgido de la Unidad Popular, experiencia que venía antecedida de una clara frustración por la derrota de la Asamblea Popular boliviana en 1971, estuvieron en la base de la dureza con que abordó la problemática de la dualidad de poderes respecto de Chile. Esta acritud no pasaría de ser un síntoma de malestar puramente personal (anímico e intelectual), sino le concediéramos, en todo lo que corresponde, el crédito de agudo analista de una realidad como la chilena, que muy pronto revelaría toda su tragedia.
CHILE. Los planteamientos de Zavaleta sobre la dualidad de poderes bajo la Unidad Popular —siempre entreverados con diversas consideraciones históricas, políticas y sociológicas— pueden sintetizarse de la siguiente manera: A partir de 1972, la conducción de la lucha popular había entrado en una confusión que no solo obedecía a los embates de la actuación opositora —esperable y natural, por lo demás— sino, por sobre todo, a la evidencia cada vez más nítida de que el proceso de cambios de la alianza izquierdista adolecía de acciones y declaraciones sobre el sentido más profundo de su proyecto; es decir, ni antes ni después de 1970, había hecho un significativo esfuerzo teórico por dilucidar el carácter de su lucha, su ubicación en el contexto histórico, las posibilidades y limitaciones que le brindaba la institucionalidad estatal burguesa, el agotamiento de consignas y formulas movilizadoras, la muy probable puesta en marcha de alternativas bonapartistas, o el enorme peso de la ideología del orden estatal, siendo Chile, como bien lo resalta en su libro, “la patria del Estado” en América Latina.
Uno de los medios o signos que dejaban al desnudo estas graves carencias —sostuvo— era el uso inconsistente, maniqueo e irresponsable de la categoría analítica de la dualidad de poderes. En los hechos, todos los sectores y dirigentes de la izquierda la estaban empleando, todos, de una forma u otra; y hacían alusión a ella proponiendo diversidad de juicios, diagnósticos, procedimientos para su materialización, pero, a fin de cuentas, estas expresiones no pasaban de ser juegos verbales, ilusiones, lamentables entredichos que estaban muy lejos de la seriedad y profundidad implicadas en una efectiva dualidad.
Una expectativa real de dualidad —se encargaba de enfatizar— implicaba que de modo explícito y como resultado de opciones y decisiones de larga data —lo que debía dar cuenta del espesor orgánico e histórico del proyecto— la clase emergente expusiera y demostrara su vocación estatal mediante órganos y conductas que informaran de tal vocación. Estas exigencias para Zavaleta eran tan ciertas que ellas debían emprenderse aun si la dualidad, por las circunstancias que fuesen, no llegara nunca a plantearse abiertamente. Lo único cierto —finalizaba en su elaboración— era que en Chile se trabajaba sobre una apariencia o, cuando más, sobre un instante que revestía significado de confrontación dual, lo que no precisamente podía significar que este tipo de confrontación lo hubiese sido.
Lo que inquietaba a Zavaleta no era tanto que la dualidad estuviese o no a la orden día, cuestión que lo alejaba de cualquier voluntarismo teórico, sino, como ya señaláramos, que la dirigencia social y política de la Unidad Popular y de la izquierda chilena, en una dimensión más histórica, no hubiese dado con los fundamentos reales de su proceder, obviando, hasta donde pudo haberse hecho, confusiones finalmente imposibles de resolver.En diciembre del 73, en México, Zavaleta hará las reflexiones finales sobre el caso chileno, enfatizando en lo que había advertido como el gran talón de Aquiles del proyecto de la Unidad Popular: la completa confusión sobre dualidad de poderes respecto del carácter del Estado chileno en la perspectiva de su transformación.
ADVERSIDAD. Con todo, en una observación que seguramente buscaba mantener la inteligibilidad analítica del lamentable escenario chileno, Zavaleta apuntará que, a pesar de las graves adversidades que habían afectado a la Unidad Popular en sus últimos meses, aún le restaba a la dirigencia chilena una posibilidad de haber hecho menos dramático el desenlace de una vía (la vía pacífica) que, no por inviabilizada en los hechos, tenía que correr la suerte de la total catástrofe, tal como finalmente se dio: la oposición golpista —nos señala— jamás tuvo la victoria asegurada; hasta última hora estuvo cruzada de miedos e incertidumbres que bien pudieron haberla sepultado a condición de que la izquierda se hubiese desecho, aunque fuere por el instante necesario, de la mitología del Estado burgués: “Triunfaron a lo último tanto los sectores burgueses de la Unidad Popular (que habían hecho de la legislación un fetiche) como los ultraizquierdistas (que hacían una dilatada ofensiva hasta impedir la constitución hegemónica de una vanguardia obrera). Ni el PC (Partido Comunista) ni los demás sectores obreros supieron construir su propia hegemonía y no pudieron, por consiguiente, habilitar a (Salvador) Allende para la explotación de la crisis nacional general que se venía”.
Los años del exilio mexicano de René Zavaleta vieron profundizar en él una perspectiva analítica ya anunciada en el tratamiento del concepto de la Dualidad de Poderes recién visto, es decir, la perspectiva de considerar los problemas del poder, en especial de su transformación en vistas a los intereses populares de la región, en directa correspondencia con las realidades históricas y culturales de sus pueblos. Esto, indudablemente, debía hacerse carne —como condición de acierto y eficacia en el largo plazo— en el tipo de actuación y orientación que debían promover las organizaciones sociales y políticas de la izquierda latinoamericana. De esta forma, y con esto concluimos, este desplazamiento implicó una sustancial modificación en el abordaje de la Dualidad, pasando de un tratamiento de orden esquemático y técnico (de fuerte influencia leninista), a otro de raigambre más cultural e intersubjetivo, en la línea de lo que décadas antes había dejado previsto Antonio Gramsci.