lunes, 13 de abril de 2015

9 de abril, 1952

El MAS y el nacionalismo

El MAS, entonces, no oscila entre uno u otro, sino que se ha movido articulando elementos de ambas tendencias, continuando tareas que se plantearía el nacionalismo revolucionario, pero encarándolas de modo distinto, acorde a los tiempos o dándoles un nuevo enfoque.

La Razón (Edición Impresa) / La Paz
00:04 / 12 de abril de 2015
 Oprimidos pero no vencidos, Silvia Rivera distingue entre una memoria larga vinculada a lo colonial y una corta relacionada a lo sucedido en 1952. De la primera vienen los indigenismos en general y de la segunda el “nacionalismo revolucionario”, tal como lo entiende Luis H. Antezana, es decir, como una noción que sirve para leer la política boliviana, pero que ya no es privativa del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).
En coincidencia con esa distinción, en el número de diciembre de 2006 de la revista Nueva Sociedad, Fernando Mayorga describe el carácter del Movimiento Al Socialismo (MAS) que solo estaba meses en el poder: “Luego de varias décadas de predominio neoliberal, con un sistema de partidos centrado en el establecimiento de coaliciones de gobierno, la sociedad boliviana asiste hoy a una transición estatal conducida por un proyecto político que combina elementos de nacionalismo e indigenismo”.
El MAS, entonces, no oscila entre uno u otro, sino que se ha movido articulando elementos de ambas tendencias, continuando tareas que se plantearía el nacionalismo revolucionario, pero encarándolas de modo distinto, acorde a los tiempos o dándoles un nuevo enfoque. Por ejemplo, si el primer gobierno del MNR creó cohesión social mediante la “alianza de clases” y un proceso de homogeneización cultural bajo el mestizaje; el MAS da continuidad a esta tarea, pero creando cohesión desde el reconocimiento de la pluralidad nacional (Mayorga), creando a un nuevo sujeto de derecho: el indígena originario campesino.
Finalmente, en esta articulación entre nacionalismo e indigenismo, el énfasis ha sido puesto en el primero, hecho que es explicado por Mayorga como un auténtico “giro programático” que hizo el MAS hacia el centro de la política nacional; esto se evidencia en que bajó el tono de la crítica a lo colonial y se prepara para celebrar, en 2025, el Bicentenario de la República.
El editor

Crítica a la historiografía de la Revolución del 52

¿De quién es la Revolución de 1952?, ¿del MNR?, ¿de los partisanos anónimos que lucharon en abril? Estas preguntas ponen sobre la mesa la problemática de quién ha sido y quién debe ser el ‘sujeto de la historia’.
La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz
00:06 / 12 de abril de 2015
La noción de historia oficial (oficializada), de la historia con mayúscula, ha sido puesta en crisis desde hace tiempo por la teoría a partir de la nueva historiografía, iniciada, para algunos, en la manera novedosa de acercarse al pasado del historiador Fernand Braudel, sobre todo en su El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. (1949)
En Bolivia, la publicación del libro La bala no mata sino el destino (Mario Murillo, Plural, 2012) abrió este debate a partir de su crítica a la historiografía específica de lo que precisamente la Historia llamó la “Revolución Nacional” de 1952. Esta discusión es un gran tema de la epistemología actual de la ciencia histórica.
En lo general, lo que el texto de Murillo pone en cuestión es la creación de un sujeto histórico por la historiografía; en particular, que el relato oficial más o menos científico de la Revolución Nacional hace que los sujetos históricos de este hecho sean determinados nombres (Víctor Paz Estenssoro, Juan Lechín Oquendo, Hernán Siles Zuazo, entre otros) y no los actores anónimos y espontáneos de la insurrección.
Lo importante de la crítica de Murillo a un corpus delimitado de libros que son canónicos sobre este periodo está en su afirmación general de que la historiografía boliviana se ha subordinado a una historia general del Estado boliviano (y por ende a los dichos y hechos de los estadistas) o como dice el filósofo francés Jaques Rancière (en Los Nombres de la historia. Una poética del saber, 1992) que a diferencia de la nueva historiografía, la convencional se ha dedicado a atribuir grandes hechos a “grandes” nombres.
Hay que mencionar que entre la historiografía puesta en cuestión está el libro Historia de Bolivia (1997) de Carlos D. Mesa Gisbert, José de Mesa y Teresa Gisbert, por lo que hubo cierta polémica al respecto. Carlos Mesa escribió un texto en el que señaló: “Lo curioso es que los testimonios que enriquecen su libro (de Murillo) no desmienten las premisas fundamentales que se pretenden descalificar. La razón es muy sencilla. Es imposible separar las acciones individuales de las colectivas, los liderazgos intelectuales, políticos y militares de los liderazgos intermedios y la acción del pueblo”.
Más allá de esta polémica particular, acá es importante la actual discusión teórica sobre la construcción del sujeto histórico que parece sancionarse a favor de uno nuevo: la masa anónima. Este abordaje teórico lo realiza  Jacques Rancière —si bien Murillo no utiliza este texto en su marco teórico, parece que echa muchas luces sobre la discusión—.
Rancière problematiza precisamente el vacío que la historiografía ha dejado al centrarse en los grandes nombres propios de monarcas, papas, nobles, etcétera, y no en los sujetos concretos y cotidianos que llama “testigos mudos”. Contrapone a esta manera de historiar el caso de Jules Michelet y su Historia de la Revolución Francesa. (1847-1853). Aquí, el enciclopedista se detiene en las cartas de la gente a la nueva República, que en el fondo son cartas de amor. Se da voz al testigo mudo, no al Soberano decapitado de la Historia (Luis XVI), sino al pueblo. Esto tiene un paralelo en Bolivia con las cartas de indignación de poblaciones del país tras enterarse de la invasión chilena dirigidas a la patria, las cuales también son cartas de amor.
Pero volviendo al tema, más allá de la especificidad y la crítica concreta de Murillo a un corpus dado y a la creación de una episteme que él asegura es funcional al MNR, opera en su libro el asesinato simbólico del estadista como sujeto histórico. Se falla entonces a favor del testigo mudo, enmudecido por la institución de la Historia, tal como se podía interpretar en la mención que se hacía de Rancière.
Con una serie de transposiciones a partir de este teórico francés se hace el siguiente juego. El soberano soy yo, decían los reyes en la monarquía. Tras el triunfo de la Revolución Francesa el pueblo insurrecto dirá: el soberano ahora soy yo (lo cual se ha transferido hoy a la democracia que considera que “el soberano” es la categoría “pueblo” que vota).
Este movimiento, en el caso particular de la Revolución de 1952, da como resultado que ésta no es el MNR: “la Revolución del 52 somos nosotros, los que peleamos en las calles y no los estadistas que llegaron con posterioridad”, dirían los testigos enmudecidos. Quien muere simbólicamente en el texto de Murillo es Paz Estenssoro como metonimia de los estadistas convertidos automáticamente en sujetos de la historia boliviana.
Esto último es lo importante en esta discusión de la propuesta de Murillo, además de los valiosos testimonios de actores y testigos de las jornadas de abril de 1952. La reflexión sobre la historiación desemboca en un paralelo que ya insinúa el autor de La bala no mata... con la “guerra del gas” de octubre negro. Si Paz Estenssoro no estaba en Bolivia durante las jornadas de abril, Evo Morales tampoco durante la lucha de octubre de 2003.
Si Murillo postula cierto grado de marginalidad o la no centralidad por parte del MNR durante el 9, 10 y 11 de abril, se puede decir sin error que el Movimiento Al Socialismo (MAS) y su estructura partidaria no fueron determinantes, ni mucho menos, en las jornadas de octubre de 2003, pues quienes en realidad tienen mayor parte del crédito son los vecinos de El Alto y La Paz, en ese orden. Esto podrá dar una idea a los futuros historiadores que abordarán el periodo que vivimos para responder, ¿quién es el sujeto histórico del proceso de cambio?, ¿los movimientos sociales?, ¿los gabinetes de Morales?, ¿Morales mismo? o ¿los insurrectos que salieron a las calles espontáneamente en octubre sin filiación partidaria alguna?
Siguiendo el paralelo, si Murillo dice que la historia oficializada del MNR termina por ser una historia general del Estado boliviano y de los dichos y hechos de los estadistas de ese momento (es decir, que se centra en las medidas gubernamentales como la nacionalización de las minas, el voto universal o la reforma agraria), el futuro historiador, si sigue la nueva historiografía que propone Rancière, ¿debería centrarse en el producto final de la Asamblea Constituyente, los números estadísticos del crecimiento económico producto de la neonacionalización de los hidrocarburos, o en la historia del indígena anónimo de Tierras Bajas que caminó en 1992 pidiendo una Asamblea Constituyente o el grito de los alteños en 2003, que tenían a la muerte como poca cosa antes que vender gas a Chile?
Rancière responde: “La revolución de la ciencia de la historia quiso justamente revocar la primacía de los acontecimientos y los nombres propios en beneficio de las largas duraciones y la vida de los anónimos”.

MAS, ‘nacionalismo revolucionario del siglo XXI’

Nacionalismo revolucionario e indigenismo, dos corrientes ideológicas que están presentes en el Movimiento Al Socialismo y en su modo de gestión del Estado.
La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz
00:07 / 12 de abril de 2015
Tanto en lo positivo como en lo negativo, varios son los parecidos entre el Movimiento Al Socialismo (MAS, en tanto partido ya con diez años en el poder) y el nacionalismo revolucionario del siglo pasado. Además, ya en 2007, el sociólogo Fernando Mayorga notaba en el partido de gobierno una tensión entre el indigenismo y el nacionalismo.
Ahora, con un panorama más cierto a partir de la vigencia de la Constitución de 2009, la neonacionalización de los hidrocarburos y el fortalecimiento del Estado, se puede encontrar paralelismos entre hoy y el 52 que quizás permitan hablar de un ‘nacionalismo revolucionario del siglo XXI’ en el proyecto del MAS.
Atender a estos ecos se hace pertinente en razón de los 63 años de las jornadas del 9, 10 y 11 de abril de 1952, gracias a las cuales ascendió al poder el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), pero que dejó puntos pendientes o que los cumplió con matices. Varios puntos de esa agenda han sido recogidos por el MAS de acuerdo con la coyuntura actual. Por ejemplo, la nacionalización de las minas del MNR es tan diferente de la neonacionalización de los hidrocarburos del MAS, que un purista podría llegar a objetar el uso de esta palabra en el caso masista; aunque, desde el otro lado, en crítica al 52, también alguien podría cuestionar la exorbitante indemnización que dio el gobierno del MNR a las empresas nacionalizadas...
Con signo negativo, por ejemplo, el demógrafo Raúl Prada habló repetidas veces de la gestión del proceso de cambio como la reproducción del Estado-Nación del 52. Pero ¿cómo y dónde se escuchan estos ecos nacionalistas en el MAS? Mayorga primero deja en claro que entre las corrientes internas en el partido de gobierno, no se trata de indigenismo versus nacionalismo, sino de su articulación.
¿Qué se plantea el nacionalismo revolucionario del 52 como eje? Responde Mayorga: que la estructura de poder esté en manos del Estado y no de empresarios mineros articulados a las transnacionales; soberanía sobre los recursos naturales; integración territorial; conformación de una colectividad con identidad propia, es decir, cohesión social bajo la idea de nación. Desde 1952, en estos puntos hubo pasos adelante y retrocesos.
SUJETO Y NACIÓN. En lo relativo a la búsqueda de cohesión social, la crítica indígena al MNR fue que se la quiso lograr bajo una homogeneización excluyente. El mestizaje apuntó hacia hacer desaparecer la diferencia occidentalizando a los originarios bajo la categorización de “campesinos”.
“Entonces —dice el sociólogo—, con un Estado Plurinacional se tiene un reconocimiento de la diversidad étnica, se toma una serie de medidas de discriminación positiva, se reconoce en la Constitución una serie de usos y costumbres propios que se institucionalizan en el Estado, y con eso se obtiene mayor cohesión; entonces se logra una comunidad política con fuerte sentido de pertenencia”. Ese sentido patriótico es el que ahora el Gobierno quiere exponer y mostrar: el orgullo de ser boliviano. “La vigorosa interpelación indígena termina por alimentar un sentimiento nacionalista, la idea de ‘Bolivia potencia’. Se podría decir que en los discursos del Gobierno se está repitiendo aquella frase de (Franz) Tamayo: ‘Atrevámonos a ser bolivianos’”.
El senador del MAS Carlos Romero también analiza las dos influencias de las que habla Mayorga (nacionalismo e indigenismo) para leer las continuidades, pero también las distancias, entre el nacionalismo revolucionario y el MAS.  El contexto de la revolución nacional es de homogeneizar, como se dijo. El Convenio 107 (1957) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) expuso que las “poblaciones indígenas” (aún no se hablaba de ‘pueblos’) debían “incorporarse al Estado en términos de asimilación de los valores occidentales para desarrollarse”, parafrasea Romero.
“Eso se pensaba como un salto cualitativo porque el enfoque anterior decía que eran poblaciones bárbaras y salvajes, en este caso se las reconocía en abstracto. Lo que señalaba ese convenio era lo que el gobierno del 52 creía. Entonces, si bien es homogeneizante, se incorpora a la vida política, se da acceso a la tierra y educación a la población rural”.
Así, la Revolución del 52 “se ha complementado con el proceso de cambio (impulsado por el MAS)”, en el sentido en que el Convenio 169 de la OIT (1989) (que sustituye al 107), reconoce que los pueblos originarios “son ciudadanos iguales al resto, pero son diferentes desde lo colectivo y así se respeta su diferencia cultural”.
El Estado Plurinacional —sigue el senador— entonces profundiza el reconocimiento de ese sujeto colectivo, que además se constituye en uno de los núcleos organizativos del Estado. “Desde ese punto de vista, hay una correlación entre la Revolución Nacional del 52 y la Revolución Democrática y Cultural que lidera el Movimiento Al Socialismo”. Esta continuidad de tareas en lo cultural sigue en la agenda política, como lo demostró la polémica, posiblemente falsa, sobre la noción de “mestizo”, en referencia a una pregunta del último Censo (2012).
“Antes, la nación era una, ahora se la piensa como pluralidad, pero representada por el Estado —expresa  Mayorga. El Estado Plurinacional está terminando las tareas de formación de comunidad política iniciada el 52, por eso se puede hablar de un nacionalismo revolucionario del siglo XXI”. Eso quiere mencionar  —afirma— que se da con un nuevo sistema de actores y un nuevo modelo de desarrollo (“porque incorpora el Vivir Bien en sus planes de nacionalización”). Quien le ha dado un nombre pertinente, asegura, es Fernando Calderón: “neodesarrollismo indígena”. Entonces, se insiste en que hay tareas pendientes de construcción nacional que tuvieron un momento importante de realización bajo la Revolución de abril de 1952.
En los últimos 30 años surgieron otras interpelaciones que pusieron en cuestión la dimensión cultural e ideológica de pertenencia a la nación —argumenta Mayorga—, particularmente planteamientos desde lo étnico indígena y lo regional. Había varias maneras de responder a esta crisis del Estado, pero “eso implicaba articular elementos del nacionalismo y del indigenismo”.
Cuando el MAS asumió el proyecto de Constitución del Pacto de Unidad, el acento era puesto sobre su carácter indigenista: “esta propuesta se trataba de un Estado Plurinacional solo sobre la base de autonomías indígenas con autodeterminación y no autonomías departamentales”, precisa. “Ahí había una crítica al nacionalismo como comunidad política de expresión de lo boliviano y su intento homogeneizador; sin embargo, también se reforzaba la idea nacionalista de que es el Estado el que debe administrar los recursos”. Entonces, el nacionalismo estaba vigoroso por el posicionamiento del tema hidrocarburífero como una demanda fuerte, pero articulada a lo indígena.
“En la Asamblea Constituyente, no obstante, el diseño final incorpora autonomías departamentales. Ya en la implementación de la nueva Constitución se ven estos contrastes y las diferentes formas de articulación que se van a ir tamizando”. Para ejemplificar esta última afirmación, el sociólogo pone el ejemplo del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), cuando el Gobierno quiso construir una carretera por ese reservorio y sus pobladores lo rechazaron inicialmente, ganando el apoyo de la población urbana, sobre todo de La Paz. Posteriormente, hubo una consulta previa y aceptaron el proyecto desarrollista, pero el movimiento indígena quedó dividido hasta hoy y el Gobierno no dio un paso más para concretar el proyecto.
En el TIPNIS —argumenta— se tiene una clara disputa entre la vigencia de la soberanía territorial (que es prerrogativa del Estado desde el nacionalismo más convencional) y los derechos colectivos de las naciones y pueblos indígenas (“que constituyen la médula de la concepción plurinacional del Estado”). Entre los derechos colectivos está la consulta previa para definir una acción en su territorio. “En el TIPNIS entra en contradicción la voluntad de soberanía estatal versus la vigencia de un derecho colectivo. El Estado opta por subordinar el derecho colectivo particular al colectivo nacional, representado por el Estado. Entonces, se pide la consulta previa y ahí el Estado termina incorporando la interpelación indígena, reforzando de este modo la capacidad representativa del Estado.
NACIONALIZACIÓN. Tras la caída del MNR, el MAS retomó la nacionalización, pero esta vez no de la minería, sino de los hidrocarburos y de las empresas estratégicas, a fin de que el Estado controle el excedente (actualmente hay voces dentro del MAS en favor de una nacionalización de la minería).
El MNR nacionalizó las minas para contrarrestar a la Rosca que controlaba las minas para el capitalismo extranjero. El Estado recuperó así el control del excedente, lo que se tradujo en inversión pública, como enumera Carlos Romero: unos 25 millones de dólares para los complejos agroindustriales en el oriente, infraestructura caminera, rutas interprovinciales sobre todo en el oriente, más otros temas de seguridad social. “No obstante, no se dio el paso a la industrialización, lo que produjo un intercambio desigual que frustró la liberación económica”.
Entre la nacionalización de las minas y la de los hidrocarburos (hecha por Morales), “hay un parangón”: “ambas generaron excedente, ambas representan un control estatal del nucleo principal de la economía boliviana y la recuperación de soberanía económica en contextos políticos distintos”. La diferencia que nota el senador está en que la medida del MNR se revirtió tras la descapitalización que significó la aprobación de indemnizaciones excesivas a los potentados mineros de la época; ahora (bajo el gobierno del MAS) el Estado no se ha descapitalizado. Empero, la tarea pendiente de la industrialización que debió operar hace 50 años se está iniciando recién con las refinerías y proyectos objeto de crítica, como Papelbol y otros.
Otros dirán, sin embargo, que la nacionalización de los hidrocarburos no existió, sino que solo fue una compra mayor de acciones de las empresas antes capitalizadas, lo que contrasta con la escena mediática de policías militares tomando los campos hidrocarburíferos en 2006.
TERRITORIO. En el tema de la soberanía territorial, Mayorga hace un paralelo. La forma de ejercerla para el MNR fue “la marcha hacia el oriente; en los 80 fue la descentralización municipal que implicó la institucionalidad estatal en todo el territorio; hoy se tiene un diseño más fuerte con las autono-mías departamentales e indígenas. Ése es claramente un discurso del Gobierno de cara a la presencia del Estado en todo el país”.
En el ámbito territorial también pesa la medida de 1953 de la Reforma Agraria. En occidente se impulsó un modelo de desarrollo farmer (formación del pequeño productor campesino) para liberar a los pongos de su condición servidumbral y darles tierra para que las familias campesinas se incorporen al mercado capitalista —explica Romero— mientras que en oriente se dio un modelo junker (formación del gran terrateniente, latifundista) para transformar las haciendas de características medievales en modernas unidades capitalistas.
“El proceso de cambio también ha hecho transformaciones en la estructura agraria, como la modalidad de las Tierras Comunitarias de Origen. 24 millones de hectáreas están bajo el control y la propiedad jurídica colectiva de los pueblos indígenas, lo que falta es mejorar su gestión territorial y productiva que aún es limitada”, concluye Romero.
AGENDA 2025. Si algo muestra a Mayorga el “giro programático” con tilde en el nacionalismo revolucionario es precisamente la adopción de la Agenda Patriótica 2025, “donde se tiene la continuidad y la ruptura plasmada en política pública”.
“Ya no es agenda plurinacional, sino patriótica —que es un sentido convencional del nacionalismo. La agenda señala la celebración de la fundación de la República, del país, del pasado”. Además, la palabra que más se repite es “soberanía” (alimentaria, tecnológica) —interpreta—. “¿Quién representa a la soberanía?, ¿el pueblo? Sí, el día de las elecciones, porque quien encarna la soberanía es el Estado y eso es nacionalismo en general; pero ¿por qué revolucionario?, porque aquí hay un sujeto popular que impulsa la transformación, que no es el pueblo como alianza de clases, sino esta coalición campesino indígena que se traduce en el sujeto plurinacional reconocido por la Constitución”. El “giro programático” sugerido por Mayorga no ve que se deje el indigenismo, sino que pone el acento sobre el nacionalismo revolucionario. La consecución de la agenda 2025, en lo más importante (eliminación de la pobreza, acceso universal a servicios básicos y seguridad alimentaria), “haría diluir los elementos ideológicos de que el proceso sea más o menos indigenista”.

jueves, 9 de abril de 2015

Cómo vienen cubriendo algunos medios el asunto Bolivia-Chile en La Haya

Bolivia niega haber planteado a Chile negociar una salida al mar a espaldas de La Haya, como publicó la prensa de este país

La propuesta, difundida por la prensa chilena y que supuestamente incluía la cesión de un enclave marítimo y garantías de uso de la conexión por carretera, ha sido tildada de "falacia" por el gobierno Boliviano.
La Cancillería boliviana planteó a finales de diciembre, según un reportaje que publica hoy el diario chileno La Tercera, una propuesta concreta a Chile para obtener una salida soberana al mar a cambio de retirar la demanda que desde 2013 mantiene ante la Corte Internacional de Justicia,
El Gobierno boliviano lo negó posteriormente: "Es una falacia que Bolivia quiera negociar con Chile un enclave a cambio de retirar la demanda marítima ante La Haya", aseguró la ministra boliviana de Comunicación, Amanda Dávila, a través de su cuenta en la red social Twitter. Y acusó a la prensa chilena de "iniciar una campaña de desinformación".
También la viceministra de Gestión Institucional y Consular de la Cancillería boliviana, Leonor Arauco, negó que su Gobierno haya hecho oferta alguna a Chile. En declaraciones a la agencia estatal ABI, Arauco señaló que "Bolivia no ha hecho llegar a Chile ningún mensaje ni formal ni informalmente" y agregó que su país ratifica la demanda ante La Haya como una instancia válida para resolver pacíficamente problemas entre países.
La supuesta propuesta habría consistido en la entrega por parte de Chile de un enclave con soberanía al norte de la caleta de Pisagua en el municipio de Huara, en la región de Tarapacá (en el extremo norte del país), según se detalla en la nota, que cita, sin identificar, a fuentes de alto nivel de ambos gobiernos.
Complejo portuario soberano y carretera con garantías
La idea habría sido ubicar en esa zona instalaciones portuarias, turísticas, realizar proyecto inmobiliarios, una planta para industrialización de gas y garantías especiales para el uso de la carretera que une a Chile con la localidad de Oruro, en Bolivia. Ya en el pasado se había explorado la posibilidad de establecer ahí un enclave boliviano debido a la escasa población y poco desarrollo de la zona, sumado a la profundidad de las aguas que permitirían la instalación de un puerto.
A cambio se sugería la posibilidad de terminar con la demanda interpuesta en 2013 por Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya precisamente reclamando una salida soberana al mar que perdió en una guerra en el siglo XIX.
Consultado por esta propuesta, el canciller boliviano se limitó a responder a La Tercera que "las negociaciones de Cancillería no son a través de los medios de comunicación". Por su parte, la Cancillería chilena declinó referirse al tema debido a que su presentación fue informal, valorándola sólo como "una idea, la expresión de un deseo, una exploración de la voluntad de Chile de avanzar".
LGC (EFE / La Tercera)
  • Fecha 11.01.2015 
http://www.dw.de/bolivia-niega-haber-planteado-a-chile-negociar-una-salida-al-mar-a-espaldas-de-la-haya-como-public%C3%B3-la-prensa-de-este-pa%C3%ADs/a-18184798

Patrimonio recuperado

Bolivia recupera dos lienzos robados hace 13 años

El presidente Evo Morales recibió hoy los lienzos Huida a Egipto y Virgen de la Candelaria, que fueron robados en junio de 2002, junto con otras 10 piezas, de la iglesia San Martín de la ciudad de Potosí y recuperados en Estados Unidos 13 años después.
Cuadros robados y recuperados para Bolivia
Cuadros robados y recuperados para Bolivia
La Razón Digital / ABI / La Paz
08:53 / 09 de abril de 2015
El presidente Evo Morales recibió hoy los lienzos Huida a Egipto y Virgen de la Candelaria, que fueron robados en junio de 2002, junto con otras 10 piezas, de la iglesia San Martín de la ciudad de Potosí y recuperados en Estados Unidos 13 años después.
"Dos recuperamos, saludamos a la familia Huber, gracias por la decisión de devolvernos", dijo en un acto que se realizó en Palacio de Gobierno.
La familia estadounidense Huber compró ambos cuadros de una galería de arte privada en San Pablo, Brasil, y al comprobar que se trataba de las obras sustraídas de Bolivia decidió devolverlas sin reclamar la inversión efectuada.
Morales manifestó que así como se robaron cuadros y obras de arte se llevaron también "nuestra identidad" y bienes patrimoniales del pueblo boliviano.
En tiempos del liberalismo y militarismo, dijo, que la práctica del saqueo era "permanente" por lo que la tarea de los bolivianos es recuperar los recursos naturales sustraídos.
Indicó que en cuanto a obras de arte y otras piezas, los robos se producen, principalmente, en iglesias católicas, por lo que decidió que los cuadros recuperados sean llevados a la Casa de la Moneda en la Villa Imperial.
"Hemos decidido que estos cuadros vayan a la Casa de la Moneda de Potosí. Si devolvemos a la Iglesia tal vez otra vez se pierdan", mencionó. 
El lienzo Huida a Egipto data del siglo XVII, mientras que el cuadro Virgen de la Candelaria es del siglo XVIII. Ambos son de estilo barroco, con la especialidad de pintura de caballete. La técnica es al óleo y son de autores anónimos.
El Presidente indígena destacó el desprendimiento de la familia Huber y expresó su deseo de que otras familias y coleccionistas actúen de la misma manera devolviendo los bienes robados de Bolivia.
A propósito de la devolución de los cuadros, reflexionó también sobre la necesidad de "recuperar" a quienes están "desorientados" y aún siguen con políticas neoliberales y neocoloniales, aunque -dijo- que esa es "una batalla interna".

lunes, 6 de abril de 2015

El camino principal

Morales asegura que el eje de la demanda marítima ‘es valorado’ en la comunidad internacional

El Presidente recordó que Bolivia no busca modificar el Tratado de 1904, sino instalar un escenario de diálogo para que Chile cumpla sus reiterados compromisos de encontrar una solución del diferendo. Reiteró además que los tratados internacionales no son eternos.

La Razón Digital / Carlos Corz / La Paz
11:55 / 06 de abril de 2015
 
El presidente Evo Morales aseguró hoy que la comunidad internacional acogió positivamente el pilar de la demanda marítima presentada contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que exige el inicio de un diálogo para que ese país cumpla con sus reiterados compromisos de resolución del litigio.
Dijo que el eje de la demanda marítima “está valorado en toda la comunidad internacional”, que en los últimos meses recibió ámplia información sobre los argumentos que sustentan el pedido boliviano, mediante una campaña encabezada por el expresidente y ahora vocero de la demanda, Carlos Mesa, y que involucró a todo el aparato diplomático boliviano.
Morales reafirmó además que la devolución del Canal de Panamá demostró que los tratados, como el de 1904 que involucra a Bolivia y Chile, no son ‘eternos’.
Destacó también la coincidencia entre la declaración chilena de guerra contra Bolivia y Perú, el 5 de abril de 1879, y la formación, en la misma fecha del año 2011, de la Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima (Diremar), que recibió la misión diseñar los argumentos de la demanda orientada a volver con soberanía a las costas del Pacífico.
“Fechas coincidentes e históricas”, apuntó en parte del discurso en ocasión del aniversario de fundación del municipio de Toco, en Cochabamba. En esa línea, recordó que Estados Unidos devolvió a sus propietarios el Canal de Panamá, pese a la existencia de un Tratado.
El Canal fue inaugurado el 15 de agosto de 1914 y entregado por Estados Unidos a Panamá el 31 de diciembre de 1999, en cumplimiento de los tratados firmados en 1977 por el general panameño Omar Torrijos y el entonces presidente estadounidense Jimmy Carter (1977-1981).
“Los tratados tampoco son eternos como tratan de hacer ver en esos debates de carácter internacional (respecto al litigio marítimo)”, afirmó erl Presidente en referencia al Tratado de 1904, firmado entre La Paz y Santiago para sellar las fronteras tras la guerra del Pacífico y que dejó a Bolivia sin salida soberana al mar.
La administración de Morales decidió llevar el diferendo marítimo ante la CIJ. El demandado impugnó la competencia de la Corte para tratar el tema y ambos Estados hoy alistan sus alegatos orales para defender sus posiciones en mayo. De ser favorable el pronunciamiento, los jueces iniciarán el tratamiento de fondo del caso.
La demanda boliviana busca que se obligue a Santiago a negociar una salida soberana al Pacífico en función de los ofrecimientos de solución que hizo a lo largo de la historia.
“La demanda no es para eliminar el Tratado, sino que es una demanda para que Chile cumpla con sus compromisos hechos a Bolivia para tener el mar”, afirmó el Presidente y aseguró que es acertado el argumento central de la estrategia, que además es “valorado en toda la comunidad internacional”.
La administración de Michelle Bachelet tiene como pilar de su ofensiva diplomática y comunicacional el argumento de que la acción jurídica boliviana plantea afectar el Tratado de 1904 y poner, en consecuencia, en riesgo en sistema institucional sobre las fronteras. Carlos Mesa rechazó en diferentes momentos esa versión y en reuniones con autoridades de diferentes países.


Carlos Mesa defiende en Berlín la demanda marítima de Bolivia ante la CIJ

El objetivo de esta iniciativa, que le llevará también a Madrid, es explicar la estrategia de La Paz antes de que los dos países comparezcan en mayo ante el tribunal de La Haya, explicó el exmandatario y vocero internacional de la demanda marítima
El portavoz de la demanda Carlos Mesa con el director para América Latina del Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemana, Thomas Neisinger
El portavoz de la demanda Carlos Mesa con el director para América Latina del Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania, Thomas Neisinger Foto: @carlosdmesag
 
La Razón Digital / EFE / Berlín
18:49 / 30 de marzo de 2015
 
El expresidente Carlos Mesa explicó hoy en Berlín la estrategia de La Paz en el contencioso con Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya sobre la demanda marítima de su país para evitar "susceptibilidades" y prejuicios".
El expresidente, representante del Estado boliviano ante la comunidad internacional para este asunto, se entrevistó en la primera etapa de su gira europea con representantes del Gobierno alemán y de los principales partidos políticos en el Bundestag (cámara baja).
El objetivo de esta iniciativa, que le llevará también a Madrid, es explicar la estrategia de La Paz antes de que los dos países comparezcan en mayo ante el tribunal de La Haya, explicó Mesa en una entrevista con Efe.
Esa estrategia, destacó, no pone en cuestión los tratados internacionales, sino que trata de sentar de nuevo en la mesa de negociación a Chile para encontrar una solución dialogada a la salida soberana de Bolivia al mar.
"Mi tarea no es buscar adhesiones, en absoluto, sino tratar de explicar a los países más relevante de la Unión Europea el fundamento jurídico" de la propuesta boliviana, afirmó el expresidente.
A su juicio, la primera sesión de contactos ha sido positiva porque sus interlocutores alemanes "han entendido el planteamiento boliviano" y se han "desvanecido los prejuicios" con respecto a las pretensiones de Bolivia, ya que su "base fundamental" es no tocar los acuerdos internacionales. No respetar tratados levantaría recelos en otros países por suponer un precedente, indicó el expresidente.
Mesa recalcó que ésta es "una ocasión esencialmente distinta" porque, ante la negativa de Chile de resolver el conflicto mediante una negociación bilateral, Bolivia ha decidido recurrir a la justicia internacional.
El Gobierno de Evo Morales no trata de cambiar el tratado firmado entre Bolivia y Chile en 1904, sino de demostrar que Santiago estuvo dispuesto en siete ocasiones a lo largo del siglo XX, bien por iniciativa propia o en respuesta a un pedido de La Paz, a negociar la demanda marítima boliviana.
Por ese motivo Bolivia recurrió en 2013 a la CIJ, para obligar a Chile a negociar de buena fe y en firme su demanda de una restitución del acceso al mar que perdió en la guerra librada en 1879.
Bolivia no exige que se le restituya el territorio que perdió en este conflicto armado, argumentó Mesa, sino "negociar" con Chile "sin tocar" el acuerdo de 1904.
Esta vía "no es un acto inamistoso" contra Chile, dijo el expresidente citando a Morales, sino tan sólo el "único camino posible" para reanudar "la vía del diálogo".
Ahora, ante la CIJ, "Chile tiene la obligación de dar explicaciones" y Bolivia tiene la "posibilidad de explicar el problema".
A raíz de la demanda bolivia, Chile presentó ante la CIJ una demanda de incompetencia, alegando que este tribunal no tenía atribuciones para dirimir este contencioso.
La CIJ convocó a Chile a presentar sus alegatos orales los días 4 y 7 de mayo y a Bolivia, los días 6 y 8 de ese mismo mes, y Mesa estima que este tribunal podría fallar sobre su competencia en este caso en el segundo semestre de 2015.
Bolivia perdió frente a Chile 400 kilómetros de costa y 120.000 kilómetros de territorio en la Guerra del Pacífico, librada a finales del siglo XIX.
Chile ha rechazado el reclamo boliviano alegando que los límites quedaron zanjados en un tratado firmado en 1904, 25 años después de la llamada Guerra del Pacífico, y solicitó hace unos meses la incompetencia de la Corte para tramitar la demanda.

Cuando el sistema entró en crisis y mostró su verdadero rostro

Para algunos el grupo terrorista del mercenario internacional Eduardo Rozsa nunca existió. Por ahí todavía se clama por la inocencia de los implicados. ¿Fue un intento por balcanizar los países de la región sudamericana? Lo cierto es que hoy en día un grupo considerable de empresarios y políticos de extrema derecha nazi se encuentra fuera del país desde el fracaso del proyecto. La Razón hace un resumen de lo sucedido y una puesta al día del estado en que se encuentran las cosas. Otra pesadilla del aventurerismo empresarial como los que se sucedían con facilidad en el siglo XIX y que dió origen a la invasión de Chile a Bolivia y causa de nuestra mediterraneidad. (FFO)

 

El caso Terrorismo I dejó al menos cuatro cabos sueltos

Pesquisas de la Fiscalía señalan que personalidades vinculadas a entes empresariales y cívicos apoyaron al grupo irregular
Municiones y documentos hallados en los operativos del 16 de abril de 2009 en el hotel Las Américas y la Fexpocruz.
Municiones y documentos hallados en los operativos del 16 de abril de 2009 en el hotel Las Américas y la Fexpocruz. Fotos: archivo La Razón, Informe de la comisión multipartidaria de la cámara de diputados y Elisa Medrano
La Razón (Edición Impresa) / Elisa Medrano Cruz
00:00 / 06 de abril de 2015
La madrugada del 16 de abril de 2009, vecinos del hotel Las Américas, ubicado en el primer anillo de la ciudad de Santa Cruz, oyeron una fuerte explosión y luego una serie de disparos. Pensaron que se trataba de una revuelta o una revolución. Nunca imaginaron que en ese céntrico hospedaje se encontraba alojado un grupo terrorista, según la acusación del Ministerio Público, cuyos integrantes fueron contratados por personalidades cruceñas empresariales y cívicas para formar una guerrilla y dividir al país.
En la intervención a ese hospedaje fueron abatidos Eduardo Rózsa Flores, boliviano-húngaro; Arpad Magyarosi, rumano; y Michael Martin Dwyer, irlandés. En ese escenario también fueron capturados con vida Mario Francisco Tadic Astorga, boliviano-croata, y Elöd Tóásó, húngaro.
El jueves 16 se cumplen seis años del hecho y el juicio oral por este caso comenzó en 2012. La Fiscalía halló responsabilidad en 39 personas y las acusó por los delitos de terrorismo y alzamientos armados contra la seguridad y soberanía del Estado. Del total, 22 individuos comparecieron ante el Tribunal 1° de Sentencia, pero uno fue excluido, por lo que el proceso continuó para 21.
De esa cantidad, cinco se declararon culpables y se sometieron a juicios abreviados admitiendo las dos faltas en el grado de complicidad. El resto, 16 ciudadanos, aún acude al banquillo de los acusados y está a la espera de una sentencia o de su absolución. Otras 17 personas fugaron del país (ver infografía de las páginas 8 y 9).
Cuando esa indagación estaba en curso, los plazos llegaron a su término y el Ministerio Público tuvo que presentar la acusación, explica el fiscal Sergio Céspedes, miembro de la comisión investigadora. No obstante, todavía quedaban, al menos, cuatro cabos sueltos.
El primero está referido a quiénes financiaron el grupo irregular, por lo que se abrió el caso Terrorismo II. El segundo es la presunta participación del reelecto gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas. Un tercer tema pendiente es la denuncia del intento de magnicidio del presidente Evo Morales y otras autoridades. Y un cuarto punto se refiere a los otros miembros de la agrupación armada.
En el caso Terrorismo I se estima que al menos $us 20 millones fueron recaudados para solventar las actividades del grupo separatista. En tanto, el proceso denominado Terrorismo II está a punto de ingresar a la etapa de juicio. En el caso están incriminadas 14 personas, quienes están en la mira por los delitos de legitimación de ganancias ilícitas, terrorismo, alzamientos armados en contra de la seguridad y soberanía del Estado, conspiración y organización criminal (leer nota de las páginas 14 y 15).
Sin embargo, no es el único tema que quedó irresuelto y que puede ameritar una investigación. De hecho, un segundo punto pendiente es la presunta participación del gobernador reelecto de Santa Cruz,  Rubén Costas Aguilera, cuyo hermano, Pablo Humberto, quien también está acusado por el caso, fugó del país.
El fiscal Céspedes, que impulsa los procesos Terrorismo I y II, explica que Rubén Costas debe ser procesado porque fue uno de los autores que organizó la guerrilla y convocó a Rózsa. “Tenemos versiones de los condenados (Mario) Tadic) y (Elöd) Tóásó, de que Rózsa se había reunido varias veces con Rubén Costas, que firmó un contrato con él para ser su asesor, que incluso visitó el stand de Cotas. Eso quiere decir que estaba inmerso en esta actividad y como existe una nueva versión, merece su investigación”.
Tadic y Tóásó incriminaron a la autoridad, luego de que se declararan culpables por el delito de alzamientos armados en el grado de complicidad. “El gobernador (Rubén Costas) nos trajo”, afirmó Tadic en una parte de su declaración ante el juez Sixto Fernández. Tóásó complementó que el ahora gobernador reelecto se reunió con Rózsa. “(Esa vez) yo estaba en la plaza principal (14 de Septiembre de Santa Cruz) cuando él (Rózsa) se reunió en una casa blanca con Costas”.
Para la Fiscalía, las versiones de los dos sentenciados tienen peso, porque el primero era el segundo hombre al mando del denominado Frente Democrático de Defensa de Santa Cruz (FDD), que era el brazo operativo de los separatistas; mientras que el segundo era el encargado de planificación del citado grupo.
Costas ya había sido mencionado en el informe de la Comisión Especial Multipartidaria de la Cámara de Diputados que indagó este hecho en 2009. En una parte de la pesquisa se alude a un correo electrónico presuntamente enviado por Rózsa a Itsvan Pistovak, otro miembro de la célula terrorista, en el que le asegura que el gobernador (Costas) es una de las cabezas visibles e integrante de un consejo.
“Los miembros del consejo, o sea las cabezas visibles, los dirigentes del movimiento: Rubén Costas Aguilera (gobernador); Branko Marinkovic, presidente del Comité Cívico, una organización con gran influencia, es también llamado por los de Santa Cruz, el Gobierno Moral…”, escribió Rózsa, según la comisión, a través del correo enviado desde camba3@hushmail.com a Pistovak, cuyo e-mail era belovia@hushmail.com.
Si bien en ese mensaje supuestamente Rózsa hace mención a Costas y la comisión de Diputados recomendó al Ministerio Público investigarlo, los fiscales no lo convocaron en el caso Terrorismo I, por lo que no fue imputado ni fue incluido en la acusación que formuló la Fiscalía. Pero tampoco fue incorporado en la investigación del caso Terrorismo II.
Con las revelaciones de Tadic y Tóásó, Céspedes asegura que Costas sí tuvo una participación directa, pero todavía la comisión de fiscales no decidió si lo incluirá en ese segundo proceso o si será parte de una tercera indagación.
El fiscal explica que la autoridad regional fue parte del Grupo Intelectual que planificó, en primera instancia, la lucha por la autonomía y que proyectó declarar la independencia de Santa Cruz y otros departamentos si es que no se lograba ese objetivo, y que convocó a Rózsa para que conforme una guerrilla.
“Tenemos una versión de los mismos acusados que estuvieron participando en estos hechos (de quiénes eran parte del Grupo Intelectual), uno era Rubén Costas, los financiadores Hugo Achá, Alejandro Melgar, Branko Marinkovic, todas estas personas que conformaban y que decidieron (la lucha armada), Guido Nayar que estaba en ese entonces, y hay otras personas que conformaron y que vinieron de la logia Caballeros del Oriente, el Comité Cívico, la Gobernación, y éste es un grupo que se conformó en aquella oportunidad”, afirma Céspedes.
Alegatos. Informe La Razón intentó conocer la versión de Costas respecto a la acusación de la Fiscalía, pero su vocero, Vladimir Peña, indicó que él se encontraba empeñado en impulsar la campaña electoral en marzo y que no se iba a pronunciar. Sin embargo, luego de que la Vicepresidencia y el Ministerio de Comunicación publicaran una separata y difundieran spots televisivos en los que involucran a Costas con el grupo terrorista, el gobernador reelecto se pronunció y llamó “cobarde” y “terrorista confeso” al vicepresidente Álvaro García Linera. Además anunció que iniciaría un proceso.
Sobre la presunta participación de Costas, Óscar Ortiz, senador del Movimiento Demócrata Social (Demócratas), agrupación de la cual el gobernador es líder, aseveró que la versión no es creíble, porque el caso fue un montaje del Gobierno para atacar a los líderes de la oposición, principalmente de Santa Cruz.Aparte, según el asambleísta, las versiones de Tadic y Tóásó no son verosímiles porque ambos negociaron su libertad a cambio de incriminar al líder político, lo que fue parte de una “campaña sucia”.
Un tercer punto pendiente en la investigación es la denuncia del intento de magnicidio contra el mandatario Evo Morales y otras autoridades.
El fiscal Céspedes explica que en los documentos a los que se tuvo acceso, Rózsa afirmó que la seguridad de altas autoridades del país no era apta, porque había estado cerca del presidente Morales en el lago Titicaca y que podía haber atentado contra el gobernante.
Precisamente tras los hechos acaecidos en Santa Cruz, el 16 de abril de 2009, el vicepresidente García Linera denunció que el grupo de mercenarios pretendía atentar contra su integridad y la del Jefe del Estado, entre otras autoridades. Basó su afirmación en informes de Inteligencia que aseguraban que personas lideradas por Rózsa estuvieron presentes en actos públicos de Morales e hicieron seguimiento al desplazamiento de sus caravanas y las de algunos ministros.
Ese extremo fue indagado por el exfiscal Marcelo Soza, quien huyó del país y actualmente se encuentra refugiado en Brasil, pero Céspedes sostiene que no se llegó a incluir ese punto en la acusación porque los tiempos procesales de la investigación habían vencido.
Sin embargo, en declaraciones al Consejo Nacional del Refugiado (Conare) de Brasil, Soza dijo que la teoría del asesinato quedó en el olvido “porque nunca se pudo conseguir nada que lo sustente”.
Investigación. No obstante, Céspedes remarca que la posibilidad de indagar el intento de asesinato del Mandatario todavía está abierta. “Mientras hayan, existan y se descubran indicios sobre otros hechos, es posible investigar de acuerdo a la importancia que se tenga; si no tenemos esos indicios, obviamente qué vamos a investigar”, comenta el representante del Ministerio Público.
Un cuarto elemento que aún está irresuelto es la participación de otros cinco integrantes del grupo separatista, quienes, según el Ministerio Público, se fueron del país días antes de que se produjera el atentado a la casa del cardenal Julio Terrazas, el 15 de abril de 2009, y del día del operativo policial en el hotel Las Américas. Se trata de Tibor Revesz (húngaro), Tamas Lajos Nagy (húngaro), Itsvan Pistovak (eslovaco), Daniel Gaspar (húngaro) y Gabor Dudog (húngaro).
Todas esas personas, asegura Céspedes, eran miembros del grupo armado. “Son los que han venido y han ingresado al país para apoyar a Rózsa, pero han salido antes del 12 de abril (2009)”, sostiene el fiscal, y aclara que no será posible procesarlos porque no se los puede ubicar.
Aun cuando hay temas que todavía deben ser esclarecidos, el Ministerio Público señala que su teoría respecto a que en el país hubo terrorismo y alzamientos armados, cuya finalidad era consolidar la separación del territorio nacional, quedó plenamente demostrada en el juicio denominado Terrorismo I.
Así por lo menos lo aseguran Céspedes y su colega Javier Monasterios. Ambos llegan a esa conclusión debido a que cinco de los principales implicados se declararon culpables en el grado de complicidad y se sometieron a juicios abreviados.
El primero de ellos es Ignacio Villa Vargas, quien recibió una condena de ocho años por el delito de terrorismo; Juan Kudelka, Mario Tadic, Elöd Tóásó y Zoilo Salces fueron sentenciados por alzamientos armados y recibieron una condena de seis años y nueve meses, cinco años y diez meses, cinco años y diez meses, y siete años, respectivamente.
“El hecho al derecho se ha llegado a adecuar, porque de acuerdo con las investigaciones y a la aceptación de culpabilidad de estas personas, ellas manifiestan que se ha cometido esa acción y que han sido parte, de que evidentemente muchas personas que han sido involucradas en el caso del terrorismo y están siendo acusadas todavía en este juicio oral, han sido partícipes de este acto criminal”, indica Monasterios, y complementa que los dos delitos por los que se inició el proceso judicial fueron cometidos con la finalidad de lograr el separatismo y la división de los departamentos de occidente respecto a oriente.
Similar es el criterio que manifiesta su colega Céspedes. “Lo que se sostiene en la acusación del Ministerio Público ha sido demostrado, significa que ha existido, se ha cometido el delito de terrorismo, que existen los hechos y que se ha cometido el delito de alzamientos armados contra la soberanía del Estado”.
La defensa de los acusados observa que éstos no pueden ser condenados por complicidad, porque aún no se sentenció a los autores intelectuales y materiales de este hecho. Sin embargo, según Céspedes, ésa es una apreciación equivocada. “Pienso que simple y llanamente se ha mencionado (esa observación) como forma de distraer a la sociedad, al tribunal. El mencionar que se debe demostrar primero la teoría para demostrar complicidad, pero técnicamente la complicidad es un delito autónomo, que se condena por complicidad así no se haya condenado al autor”.
Pero fuentes del Juzgado 1° de Sentencia de La Paz precisan que esas condenas no prueban que se haya cometido esos delitos y que los representantes del Ministerio Público deberán demostrar, en el juicio que está en curso, que hubo terrorismo y alzamientos armados.
Y precisamente con esa finalidad, el proceso judicial ingresará a la fase probatoria, una etapa crucial en la que la Fiscalía deberá sustentar con pruebas testificales, documentales y materiales que se cometieron dichos delitos y también la autoría de los mismos. Para ello, los representantes del Ministerio Público ofrecieron 42 testigos, 44 pruebas documentales y 115 pruebas materiales.
Entre los declarantes de la Fiscalía se encuentran los investigadores que intervinieron en el hotel Las Américas y los predios de la Fexpocruz (Feria Exposición de Santa Cruz); el exfiscal Soza, que está fuera del país, y algunos de los acusados. Entre las pruebas documentales se presentarán correos electrónicos, reportes de empresas telefónicas sobre llamadas entre los involucrados y manuscritos de los presuntos terroristas. En la prueba material se encuentran las armas, municiones, aparatos celulares, computadoras, vehículos, entre otros.
Sin embargo, el material explosivo, que también fue ofrecido como prueba material y que fue secuestrado del stand de Cotas (Cooperativa de Telecomunicaciones Santa Cruz), en la Fexpocruz, fue destruido por Bomberos, ya que era de alto riesgo y parte del mismo se encontraba en estado de descomposición, según informó en su momento el exfiscal Soza.
Algunos de los procesados coinciden en que en esta etapa la Fiscalía debe comprobar su culpabilidad. “No tengo por qué presentar pruebas, no tengo nada, el que no hace nada, nada tiene; yo quiero que me muestren la reliquia que le he vendido (a Rózsa) y voy a desafiar al Tribunal y al Ministerio Público a ver si esa arma dispara”, afirma Juan Carlos Guedes, uno de los procesados a quien se acusa de la dotación de armas y explosivos al grupo irregular, entre otras acciones.
Otro procesado, Juan Carlos Santiesteban, pedirá que los representantes del Ministerio Público prueben todo lo que se le acusa. “Dónde está el allanamiento a mi consultorio, el inventario de las armas que dicen que tenía en mi oficina”. No obstante, asevera que puede demostrar que las acusaciones en su contra, respecto a que facilitó alimentación y hospedaje a la célula terrorista, así como atención médica, no son veraces.
Similar es el criterio expuesto por el abogado del general Gary Prado, Otto Ritter, quien comenta que los fiscales deben comprobar, por ejemplo, que su defendido facilitó información al grupo irregular sobre el despliegue militar del país, así como que formó parte del Estado Mayor del Frente Democrático de Defensa y que elaboró documentos para la organización de milicias en Santa Cruz.
El fiscal Céspedes confirma la situación. “Al formularse una acusación, quien está obligado a demostrar los fundamentos de la misma es la Fiscalía y los acusados no tienen por qué demostrar su inocencia, pero si quieren hacerlo, obviamente tienen todo el derecho”.
Explica que el juicio por el caso Terrorismo I tiene un avance del 80%, por lo que prevé que concluirá a fin de año.
Este proceso judicial, que se instaló el 9 de octubre de 2012 en Tarija y que prosiguió en Santa Cruz, donde actualmente se realizan las audiencias, comenzó con la etapa de fundamentación, es decir, la presentación del caso por parte de los representantes del Ministerio Público; posterior a ello vino la fase de incidentes y excepciones; luego el Tribunal recibió las declaraciones de los acusados; seguidamente la defensa presentó su fundamentación. 
 http://www.la-razon.com/suplementos/informe/caso-Terrorismo-dejo-cabos-sueltos_0_2245575550.html


A seis años del caso del hotel Las Américas

Por el caso Terrorismo, tres personas fallecieron, 38 fueron procesadas, hay 17 ciudadanos que huyeron del país y dos procesos legales en curso
La Razón (Edición Impresa) / El editor
00:00 / 06 de abril de 2015
E ste 16 de abril se cumplirán seis años del caso Terrorismo en el que se desarticuló a un grupo armado que tenía la intención de dividir al país, según la investigación del Ministerio Público.   
Ese día, en un operativo policial realizado en el hotel Las Américas, en Santa Cruz, tres miembros de la agrupación  fueron abatidos y dos fueron detenidos. Luego comenzó un proceso legal, denominado Terrorismo I, que se encuentra en la etapa de alegatos, y se abrió otro caso, Terrorismo II, que está en la fase de notificaciones y descargos.
Informe La Razón presenta, en esta oportunidad, una relación completa de todo el proceso legal, específicamente  desde el inicio del juicio, con las bases legales de la parte acusadora y la defensa.  Para ese efecto, se accedió a los informes del equipo de fiscales en los que se sustenta la acusación de terrorismo y alzamientos armados.
Pese a que cinco involucrados aceptaron su culpabilidad en el grado de complicidad y que el Ministerio Público asegura que se comprobó la comisión de los delitos, la defensa considera que aún no se verificó fehacientemente la actuación ilegal de los procesados.
En la investigación realizada por este medio se identificaron cuatro temas pendientes, como quiénes y cuánto se financió en las actividades separatistas; cuál fue la actuación del gobernador electo por Santa Cruz, Rubén Costas; si hubo intento de magnicidio; y qué pasó con el resto de los integrantes del  grupo irregular.
Además, La Razón estuvo en Santa Cruz para presenciar las audiencias del juicio y conocer a fondo la vida de los acusados en reclusión, en un trabajo periodístico que presenta la otra mirada de un caso que alteró a todo el país.
 http://www.la-razon.com/suplementos/informe/anos-caso-hotel-Americas-informe-editorial_0_2245575559.html

domingo, 5 de abril de 2015

Negociación de Charaña 1975-1978

Ramiro Prudencio: Charaña fue la más importante negociación con Chile

Ramiro Prudencio Lizón fue funcionario de la Cancillería por más de 30 años; fue testigo de primera mano, como Secretario de la Embajada de Bolivia en Chile, cuando se realizó la Negociación de Charaña, entre 1975 y 1978.
Ramiro Prudencio.
Ramiro Prudencio. Foto: Ignacio Prudencio.
La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz
00:02 / 05 de abril de 2015
En febrero se cumplieron 40 años del “Abrazo de Charaña” (8 de febrero de 1975), entre los presidentes de facto de entonces, Hugo Banzer de Bolivia y Augusto Pinochet de Chile. Con ese encuentro empezó la denominada “Negociación de Charaña”, que duró casi tres años, hasta 1978. El diplomático e historiador Ramiro Prudencio Lizón por entonces fue Primer Secretario en la Embajada de Bolivia en Chile y como tal siguió de cerca el tema; de hecho en 2011, Plural publicó su Historia de la negociación de Charaña. Escribí esta historia —dice Prudencio Lizón allí— “no solo para recordar una notable gestión efectuada para reintegrarnos al océano Pacífico, sino porque ella se constituye en una prueba fundamental de que con una negociación directa, seria, franca y leal, Bolivia puede alcanzar el mar con plena soberanía”.
— ¿Por qué dice que la negociación de Charaña fue la más importante del siglo XX?
— Porque las anteriores, como la del año 20, se frustraron muy rápidamente. En 1920, vino acá como ministro plenipotenciario Emilio Bello Codecido, y el 10 de febrero suscribió un acta, que pudo haber sido un tratado; Bolivia no quiso, no se quería molestar al Perú. El problema era de Tacna y Arica. Chile quería que Tacna y Arica fuesen divididas en tres, Perú no quería, quería de uno solo para sí; tenía derechos jurídicos, pero el territorio estaba en manos de Chile ya por 40 años. Chile proponía: Tacna para Perú, Arica para Chile y un corredor de unos 30 kilómetros de ancho para Bolivia.
— O sea, el corredor que se trató en Charaña en 1975 ya era una opción desde mucho antes…
— Los chilenos ya tenían esa idea, pero esa época el corredor iba a ser de 30 kilómetros, no de 8 en la costa como se propuso el 75. Con todo, se firmó esa acta reservada, pero pocos meses después vino la revolución del partido republicano en Bolivia, y éste rechazó de plano esa acta, porque tenía una relación muy estrecha con Perú. Luego, la nueva negociación fue la del 50, cuando el embajador Alberto Ostria Gutiérrez llegó a convencer a Chile que reconozca que existe un problema entre ambos países y que hay que solucionar. Y la nota de Ignacio Walker, el canciller chileno de entonces, lo dice: ‘efectivamente toda la tradición chilena, los cancilleres, han reconocido la existencia del problema y por eso Chile está dispuesto a tratarlo’. No se dice dónde va a ser la zona (de cesión territorial a Bolivia), pero se dice, ‘sin compensaciones territoriales’; es lo que Ostria más insistió; lo que a mi juicio fue un error...
— ¿Pero se seguía con la idea del corredor?
— Luego vino el gobierno de (Salvador) Allende, que continúa esa política. Bolivia manda a un nuevo  cónsul general para negociar con el gobierno de Allende. Y su gobierno se abrió completamente; se decidió lo mismo, un corredor al norte de Arica. La cuestión de la compensación se la pospuso para después. Se habló de 10 kilómetros de ancho en la costa, hasta que vino el golpe de Banzer acá y parecía que todo se había enfriado, lo que no es cierto.
— Pero la relación ahora iba a ser entre dos regímenes de facto.
— Vino el gobierno de Pinochet y parecía que iba a ser más fría la cosa, pero había una relación, se podría decir, militar; y precisamente fue el gobierno de Brasil (presidido por el también militar Ernesto Geisel) el que reunió a Banzer y Pinochet en Brasilia. Pinochet estaba dispuesto a solucionar el problema marítimo, tuvo ese compromiso, y a raíz de esto es que hubo la reunión en Charaña.
— Después del abrazo, ¿cómo evolucionó la negociación?
— ¿Qué cosa se iba a negociar? Entonces, Chile dijo, ‘qué es lo que ustedes quieren; ustedes propongan’, y así fue Bolivia la que propuso, en un memorándum del 26 de agosto: un corredor al norte de Arica, pero también un enclave al sur del territorio de Tacna y Arica, para que Perú no pudiera intervenir (fuera del territorio que antes fue suyo); que nos entreguen el tren Arica-La Paz y autonomía (boliviana) en el puerto de Arica. El 19 de diciembre del 75 Chile contestó: aceptaba el corredor al norte de Arica, además que lo delimitaba, 8 kilómetros en la Costa, en la parte alta era mucho más ancha; segundo, el ferrocarril Arica-La Paz (que pasaría a ser potestad de Bolivia); tercero, el aeropuerto de Chacalluca, que quedaba dentro del corredor; pero no aceptaba el enclave.
— Pero no planteaba el canje…
— Ahí vino el problema. Chile quería demostrar a su pueblo que estaba haciendo una gran negociación, que iba a sacar buena ventaja; pidió una compensación territorial, pero no solamente por el corredor, sino por el mar territorial del corredor, que se consideraba 200 millas, aunque Chile no reconocía esto, decía que tiene 12 millas de mar territorial, y el resto es zona económica exclusiva. El gran problema fue eso. Al día siguiente, en la prensa boliviana salió un mapa que decía: ‘Bolivia va a recibir este corredor y va a tener que entregar este territorio’; molestó mucho.
— ¿Cómo reaccionó Bolivia?
— Lo primero que hizo nuestro embajador fue negociar eso (la pretendida compensación territorial) ; ‘esto va a crear problemas muy serios’, decía. Además, (la propuesta chilena) tenía otras dos condiciones: que se desmilitarice el corredor y el uso total de las aguas del río Lauca (que Chile había desviado en 1962). Rápidamente nuestro embajador arregló: en vez de desmilitarizar, el día en que Bolivia reciba el corredor, iba a indicar que es un país pacífico y que no tiene la intención de tener grandes tropas en la zona; en cuanto al mar territorial se decidió que sea el derecho internacional el que decida, o sea, la Convención del Mar, 12 o 3 millas. Eso duró varios meses, hasta que el propio canciller chileno comprendió que esto de 12 o 3 millas creaba grandes problemas en Bolivia; hasta que, en una declaración pública dijo que Chile no va a pedir nada de mar territorial.
— ¿Y la situación en Bolivia sobre el canje territorial?
— El presidente Banzer en un principio aceptó el canje, pero después empezó a averiguar en los cuarteles, en la opinión pública, en sus oficiales y militares, y vio que nadie en Bolivia quería una compensación territorial, porque todo el mundo se basaba en la nota del año 50, cuando Chile se había comprometido a solucionar el problema sin pedir una compensación territorial.
— ¿Cuánto ayudó o perjudicó que hayan sido dos militares?
— El momento era el adecuado; eran dos gobiernos de militares dispuestos a negociar. Menospreciaban a los civiles, ‘éstos no han hecho nada’, decían; era más rápido porque no había ni siquiera parlamentos; la idea era dejar todo ‘cocinado’, para cuando haya parlamento, y no que haya parlamentarios que desde un principio ataquen lo hecho.
— Pero luego se fueron debilitando, el 78 Banzer dejó el poder.
— Aquí sí, allá no, allí el gobierno fue aumentando su poder. Banzer se fue debilitando, rompió con el MNR, con Mario Gutiérrez de Falange; ambos se fueron y se quedó con un grupo de empresarios y oficiales. Como vio que era débil, y vio que había una gran oposición en la prensa contra la compensación, fue reculando. Bolivia quería convencer a Pinochet que deje de lado el tema de la compensación. Otro punto más: después de un año de que Chile entregó la propuesta a Bolivia, vino la propuesta de Perú; porque Chile consultó a Perú: ‘estamos negociando con Bolivia, y es necesario que ustedes opinen sobre el asunto’. Y ¿qué dijo el Perú?; indicó: ‘aceptamos que exista ese corredor, pero en la zona donde la carretera entre Tacna y Arica lo cruza, se determine que desde ahí hasta la costa sea una zona trinacional; quería que el puerto de Arica se internacionalice, pero sí aceptaba que Bolivia tenga puerto y que el mar territorial sea boliviano. Esto era complicar enormemente las cosas, Chile rechazó esa posición. El 77, los tres presidentes de entonces (Banzer, Pinochet y Francisco Morales Bermúdez) fueron a Washington por el asunto de la entrega del Canal de Panamá. Ahí Banzer propuso a Pinochet y Morales Bermúdez, que cada presidente nombre un representante personal y que se junten y estudien el problema y levanten esta situación. Los tres aceptaron; tres semanas después se juntaron los cancilleres y emitieron un comunicado conjunto: ‘vamos a elegir representantes especiales que van a buscar la solución del problema’. Chile y Perú nombraron; pero Bolivia no y rompió relaciones.
— ¿Cuál fue el argumento boliviano para romper relaciones?
— Que el asunto del canje territorial se iba a mantener, y que eso Bolivia no podía aceptarlo.
— Hubo críticas también a la negociación. Una de ellas fue la de Wálter Guevara, que decía que todo había sido para relanzar el gobierno de Banzer.
— Wálter Guevara estaba muy molesto con Banzer. Lo había nombrado embajador, luego lo había sacado; y escribió un libro, Radiografía de una negociación y de mala fe, porque ahí cita el Acta de Charaña; y dice que ‘aquí el punto principal es que se restablecen relaciones, pero no pone el argumento fundamental: por qué se restablecen, porque Chile se compromete a negociar... Ataca, pero al final del libro dice que se debe mantener la negociación.
— Otra crítica fue la de Marcelo Quiroga Santa Cruz (en su libro Hablemos de los que mueren, Plural 2012); decía, por ejemplo, que el lugar del corredor en la costa era inútil, una “zona carente de interés económico”, sin puerto y, además, con Arica tan cerca igual  se usará este último puerto.
— Hay que ver cómo es el asunto del puerto. Evidentemente, años atrás, los puertos tenían que ser naturales, estar ya las condiciones; pero ahora es diferente. Ahora bien, estoy de acuerdo que habiendo un puerto al lado podría haber competencia. Pero no. Lo que pasa es que si hay dos puertos se convierte en un megapuerto, administrado por una misma entidad, porque cada vez la carga de Bolivia es más grande, se va especificando qué carga pasaría por acá y qué por allá, clasificando los almacenes y todo, como son los puertos grandes; nosotros siempre pensamos con la mentalidad de un puerto pequeño, no; ya sería un megapuerto, como Chile quería construir en Mejillones; acá los dos puertos se unirían.
— Quiroga también observa esto de la zona desmilitarizada.
— Bastaba esa declaración de Bolivia de que no es un país agresivo, pacífico y que nunca va a tener tropas importantes en la zona.
— Se refería a que iba a ser una zona donde en los hechos no se iba a ejercer soberanía plena, donde se “anula toda capacidad defensiva boliviana”…
— Fuerza armada iba a haber, pero para qué se necesitarían muchas tropas; además Chile comprendió que esa exigencia era nomás una exageración.
— Ahora, Quiroga afirma que Chile iba a demandar territorio con riqueza minera (“frente a la zona chilena Iquique-Pisagua, en lo que constituye la cabecera de los grandes salares —Coipasa—, zona de excepcional riqueza minera”), todo a cambio de una zona poco útil económicamente.
— Bolivia es la que iba a determinar. Ahora lo que pasa es que el país no sabe cómo es su territorio; no conocemos si tiene o no tiene y Chile sí sabe cuál es la riqueza boliviana en la frontera.
— Se hablaba cerca de los salares.
— Algo de eso había. Pero creo que lo que más hubiera insistido, y lo dijo (el canciller de Chile, Patricio) Carvajal: era el Silala, quería por la zona del Silala; decía: ‘esa zona nosotros la utilizamos y ustedes no’.
Datos
Nombre: Ramiro Prudencio Lizón
Profesión: Diplomático e historiador
Cargo: Fue Asesor General de la Cancillería y Director de la Academia Diplomática Boliviana
Perfil
Prudencio Lizón fue catedrático de Historia de la Cultura, Historia Económica de Bolivia e Historia Diplomática de Bolivia en la UMSA; profesor de Relaciones Públicas y de Políticas de Desarrollo en el Colegio Militar de Ejército, entre otras cátedras.

Zavaleta es sobre todo un escritor

Zavaleta es sobre todo un escritor

Un recorrido por la obra y la personalidad intelectual de René Zavaleta Mercado a través de su ‘Obra completa’, proyecto editorial a punto de culminar con la publicación del tercer tomo.
Mauricio Souza Crespo, editor de la ‘Obra completa’ de Zavaleta Mercado. Foto: Pedro Laguna
Mauricio Souza Crespo, editor de la ‘Obra completa’ de Zavaleta Mercado. Foto: Pedro Laguna
La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas / La Paz
11:19 / 25 de marzo de 2015
En breve aparecerá el tercer tomo de la Obra completa de René Zavaleta Mercado (1935-1984), uno de los proyectos editoriales más ambiciosos y complejos de los últimos tiempos. Con el tiempo, Zavaleta Mercado se ha constituido en un referente inevitable del pensamiento político y del análisis sociohistórico. Su influencia parece ser cada vez mayor.  Sobre ese proyecto editorial y sobre los perfiles intelectuales de Zavaleta que emergen del recorrido amplio por su obra, dialogamos con Mauricio Souza Crespo, editor de la Obra completa.
—Con la inminente aparición del tercer tomo culmina la publicación de la Obra completa de René Zavaleta Mercado editada por Plural. ¿Cuál es el contenido del tercer tomo?
—Con este tercer tomo, la Obra completa de René Zavaleta  Mercado publicada por Plural va a llegar a las 2.800 páginas. Este tercer tomo tiene 1.300 páginas en formato mayor, y por ese hecho hemos dividido el tercer tomo en dos volúmenes que reúnen todo lo que no son los libros o ensayos de cierto aliento publicados y reunidos anteriormente.
En el primer volumen del tercer tomo se reúne todo su trabajo de prensa, como periodista que cubría determinados temas para diversos medios como La Nación de Bolivia, La Mañana de Uruguay o El Día de México, pero además su trabajo como comentarista político, como opinador en otras palabras, especializado en algunos temas o zonas, como Uruguay, Argentina y Chile. Son países a los que  regresa una y otra vez, lo que permite establecer ciertas conexiones en su obra en general. Por ejemplo, Zavaleta escribe sobre Chile en 1960 y 1961, su interés continúa cuando sale exiliado a ese país en 1964 y termina escribiendo El poder dual, que es también, un libro sobre Chile. Hay una cierta continuidad en la obra de Zavaleta que se puede rastrear a través del periodismo.
Los textos están organizados por los medios en los que fueron publicados.  El volumen comienza con sus primeras colaboraciones, cuando era un adolescente en la revista Khana, en El Diario y en Última Hora. Continúa con sus trabajos, prácticamente de planta, en La Nación, en La Mañana, en El Día, en Excélsior, en Uno más Uno, en el semanario Marcha y en la revista Proceso. En cierto sentido, es también su historia laboral como periodista.
El periodismo fue un oficio que lo acompañó toda su vida. En alguna entrevista, Zavaleta reclama que pese a su dedicación al periodismo, nunca se lo reconoció como periodista. Posiblemente es el  periodista político más importante de la segunda mitad del siglo XX. Sus análisis son fabulosos, tiene el mismo nivel que su obra como ensayista.
El volumen dos del tercer tomo recopila de las entrevistas a Zavaleta, su poesía y una serie de materiales variados. Están, por ejemplo,  los llamados ‘inéditos’, que en algunos casos son primeras versiones de algunos trabajos y en otros son escritos realmente inéditos, a veces apuntes para conferencias, muy bien escritos y por ello se sostiene como textos, en otros casos apuntes para programas de cursos y también sus intervenciones parlamentarias. En 1962 fue diputado por Oruro y realizó varias interpelaciones a ministros del MNR junto a Augusto Céspedes. También se recogen documentos, manifiestos y algunas cartas.
—¿Qué es lo que queda pendiente de publicación?
—Lo que falta es la correspondencia de Zavaleta Mercado.  A la larga será un trabajo que demandará tiempo y el rastreo del material. La correspondencia requiere otro tipo de trabajo editorial y tomar otro tipo decisiones: qué se publica y qué no se publica, qué se considera privado y qué no.
— La Obra completa de Zavaleta Mercado es, sin duda, uno de los proyectos editoriales más ambiciosos de los últimos tiempos. ¿Cuál fue su experiencia como editor de este proyecto?
— Como hecho editorial ha sido una gran experiencia de cinco años de trabajo permanente con varios períodos de gran intensidad. Fue un proceso en el que ayudó mucha gente. El papel del editor fue sobre todo el de coordinador. En justicia, éste debería haber sido el trabajo de un equipo editorial de especialistas. Pero en este caso fue el trabajo de un editor que acudió a la generosidad de mucha gente, incluyendo la familia de Zavaleta Mercado que tiene un archivo más o menos organizado.
Cada tomo, además, que tiene su propia coherencia, supuso ciertos desafíos editoriales específicos. Por ejemplo, el primer tomo que abarca al Zavaleta nacionalista-revolucionario, que es el Zavaleta más combativo, y por lo tanto  el menos académico, es un escritor que siempre interviene con sus libros en determinadas coyunturas.  Esos textos requirieron cierto grado de edición porque algunas publicaciones originales no eran muy buenas.
En cambio, el segundo tomo es el Zavaleta clásico, el más reconocido por sus ensayos principales, como Las formaciones aparentes en Marx, del que hay varias versiones, o Las masas en noviembre y  Lo nacional popular en Bolivia. El principal desafío editorial fue completar  el aparato de citas de Lo nacional popular en Bolivia que, como se sabe, es un libro póstumo y no terminado.
El tercer tomo fue, en términos editoriales, de lejos el más complejo porque  supuso la recopilación de cientos de piezas dispersas. Cuando salga el libro, la crítica seguramente va a reparar no en lo que se logró recopilar, sino en lo que falta. En la nota editorial que va a acompañar el tomo se dice que es un tomo en construcción, que lo que aparece es lo mejor que hemos podido hacer con mucho trabajo y mucho esfuerzo y con la colaboración de mucha gente. En muchos casos supuso la determinación si algunos textos son de Zavaleta o no, porque mucho de su periodismo no era firmado. También publicaba bajo pseudónimo. En Marcha de Montevideo, por ejemplo, publicó una serie de textos sobre Chile firmados como Belisario Molina. Usó un pseudónimo porque en ese momento era el primer secretario de la Embajada de Bolivia en Chile y como tal no podía opinar con su nombre sobre la política interna y externa de Chile.
En este tomo hay un trabajo muy detallado para determinar, por ejemplo, si los inéditos son realmente inéditos y no partes de otros trabajos. Es un trabajo mucho más detallado. Significó también más edición porque las publicaciones en periódicos y revistas suelen tener mucho más errores, sobre todo en una escritura difícil como la de Zavaleta. Ni su vocabulario ni su sintaxis son las de un periodismo estándar. Zavaleta no tiene registros. No escribe fácil para los periódicos y difícil en sus ensayos. Es siempre la misma escritura exigente, compleja, que espera muchas cosas del lector.
Como experiencia de editor ha sido una experiencia inusual. Después de dedicarle tantos años, uno podría agotarse con la escritura, con el universo, con las recurrencias ideológicas, etc., del autor.  En este caso no ha sucedido eso. Zavaleta no me ha cansado en absoluto, sigo disfrutando la lectura y relectura de sus textos.
— Quizás eso ocurre porque Zavaleta es, ante todo, un escritor.
— Es un gran escritor. Pese a que hay ciertos acercamientos renovadores a la literatura boliviana,  me parece increíble que esos acercamientos renovadores no consideren a escritores como Zavaleta como tales. Para mí es el mayor prosista de ensayo de la segunda mitad del siglo XX.
Pero no es considerado como escritor, como tampoco es considerado escritor Gabriel René Moreno, que sigue siendo una provincia de historiadores pese a que es un gran escritor. No en vano era el ídolo de Zavaleta, que le copia muchas cosas, muchos giros y cierta forma de análisis. Como ocurre con los grandes escritores, se puede ser crítico con algunas posturas políticas de René Moreno, pero sus textos están siempre por encima de sus ideas. Sus mejores textos están muy por encima de su racismo, por ejemplo.
— ¿Qué perfil o perfiles intelectuales de René Zavaleta Mercado surgen a partir de la edición de su Obra completa?
— En general, un perfil que es inusual en nuestra cultura, que es el perfil de un intelectual que realmente se toma en serio a sí mismo. Parece fácil, pero que un intelectual se tome en serio a sí mismo no es frecuente.
Hay transformaciones en el transcurso de su vida y su obra, sin duda, pero ese tomarse en serio es una constante. Hay un momento, en un Zavaleta muy temprano, en que ya escribe como escribe. Y eso es trabajo, no es solo talento, que lo tiene por cierto casi precozmente. Pero la escritura demanda trabajo, muchas lecturas, y tomarse en serio la escritura, cosas que no son tan frecuentes como uno quisiera en la cultura boliviana.
En segundo lugar, sus transformaciones como analista y como ensayista no son tan marcadas si pensamos que los textos que escribe Zavaleta Mercado son de diferente naturaleza también por circunstancias históricas. Por ejemplo, Desarrollo de la conciencia nacional que es el gran libro de su etapa nacionalista, en que maneja categorías como nación y antinación, es a la vez una especie de defensa del proceso que acabó con el golpe de Barrientos a Paz Estenssoro el 4 de noviembre de 1964, un gobierno del que Zavaleta formó parte. A consecuencia del golpe, Zavaleta salió al exilio. Ese libro podría considerarse una intervención militante desde el exilio, según un procedimiento que Zavaleta siempre defiende,  que no hay periodismo, sino periodismo militante. En alguna parte se queja o se burla de lo que llama ‘la literalidad de los periodistas’ o sea su pretensión de objetividad. Él nunca escribe un periodismo que no sea combativo. Y su combatividad varía según la circunstancia.
El Zavaleta académico, el más distante y analítico,  es también resultado de una circunstancia de escritura. Es el Zavaleta inscrito en un universo académico. En esa producción académica hay momentos de análisis, de manejo de categorías y abstracciones que, sin embargo, a veces se quiebran por intervenciones más militantes, más combativas. Por ejemplo, en Las masas en noviembre, en medio de un análisis de gran densidad teórica y abstracta, de pronto quiebra esa prosa para decir: Bolivia es la patria de la injusticia social, es un país donde unos mueren como perros para que otros coman como cerdos. Esa variación de registro es la patentización  de una combatividad que nunca desaparece, que siempre está presente en su obra.